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The Greatest Of All Time (1/2)

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Hubo un momento en el que el baloncesto cambió para siempre. Nadie lo vio venir y todos lo disfrutaron. Su legado es tan grande e imperecedero, que el consenso es total. Michael Jordan es el mejor jugador de todos los tiempos. Una vida dedicada a engrandecer el baloncesto, el punto de inflexión más grande en la historia del balón anaranjado. La luz que iluminó para siempre el Chicago Stadium y el United Center.

Número 109 de Hancock Street, Brooklyn, Nueva York. El matrimonio Jordan, compuesto por Delores y James, salen a toda prisa del apartamento en el que viven para dirigirse al hospital de Cumberland. ¿La razón? Delores estaba a punto de dar a luz al cuarto de sus cinco hijos, Michael Jeffrey Jordan. Lo que mucha gente no sabe es que la madre de Michael estuvo a punto de tener un aborto en pleno proceso de gestación del 23. La razón de que Jordan naciera en Nueva York fue que su padre, James, se inscribió durante dos años en una captación voluntaria con base en el acta de soldados veteranos de la Segunda Guerra Mundial. La familia regresó a Carolina del Norte y se instaló en Wilmington, donde James encontró trabajo en General Electric.

No empezó con buen pie Michael su relación con la nueva cuidad, pues fue en Wilmington donde comenzó a desarrollar su fobia absoluta al agua. Con siete años tuvo su primer incidente con el agua, pues se encontraba nadando con un amigo en una playa de Wilmington, y una fuerte corriente de agua les arrastró, acabando con la vida del amigo de MJ. Unos años más tarde también tuvo que ser rescatado de una alberca casi sin aire, durante la celebración del campeonato nacional del equipo de béisbol. El punto álgido de su fobia acuática llegó en la Universidad, pues primero él mismo casi se ahoga realizando una prueba de carácter obligatorio, y después,  cuando su novia murió tras ser arrastrada por una inundación que se produjo en la ciudad. Todo héroe tiene su kryptonita.

A pesar de pertenecer a una familia acomodada, pues su padre llegó a ser supervisor y su madre siempre tuvo empleos relacionados con la banca, Michael y sus hermanos siempre tuvieron presente una cultura del esfuerzo y dedicación brutal. Jordan comenzó sus estudios en el Ogden Elementary School, pero al salir de clase compaginaba sus estudios con los partidos diarios que jugaba contra su hermano en la canasta de casa, con resultado siempre negativo para él. El carácter difícil que tenía le metió en problemas desde bien joven, pues en su segunda etapa escolar, en el Trask Junior High School, fue expulsado tres días por salir del colegio para ir a comprar chucherías a la calle de enfrente. Y su madre, Delores, decidió hacerle pasar el castigo llevándoselo al trabajo y que allí pasara el cautiverio estudiando y leyendo. Pronto empezó a destacar en el béisbol, ya que en 1975 ganó el torneo Mr. Baseball de la Dixie Young Baseball Association, siendo nombrado MVP, lo que le dio un billete para asistir al Mickey Owens Camp, un campus para jóvenes talentos del béisbol. Destacaba en todos los deportes que se proponía practicar, ganando el Outstanding Athlete en varias modalidades deportivas diferentes, premio que se otorgaba a aquellos fenómenos precoces, pues bien, Jordan lo ganó también en Fútbol Americano y Baloncesto, en 1977. Sus virtudes no pasaron desapercibidas para nadie, y tuvo varias ofertas de institutos sobre la mesa, decantándose finalmente por Emsley A. Laney High School. 

Sin embargo, no fue hasta 1980 cuando Michael decidió dejar de lado el béisbol y el fútbol americano para sólo centrarse en el baloncesto, preparando a conciencia las pruebas de acceso al equipo del instituto ese otoño. Para su desgracia, su nombre no apareció en la lista final de elegidos, la razón que alegó Cliff Herring, entrenador de Laney, para dejarlo fuera fue su baja estatura (1,80). Su amigo del alma Leroy Smith si fue admitido, hecho que le marcó hasta tal punto que en sus primeros años en la NBA se registraba en los hoteles con el nombre de Leroy Smith, incluso cuando fueron a Los Ángeles y ganaron el primer anillo.

El golpe moral que recibió Michael fue brutal, retirándose a su cuarto a llorar desconsoladamente. Tras hablar con su padre y aceptar la triste noticia, MJ se volcó en cuerpo y alma en destacar en el segundo equipo del instituto. Su temporada fue espectacular, superando muchísimos días los 40 puntos de anotación. Mientras, en casa los partidos contra su hermano en el porche estaban más igualados que nunca, lo que le insufló una fe ilimitada en sí mismo. El gran año que hizo le valió una plaza para el primer roster al año siguiente. Durante esa temporada usó el dorsal 45, pero cuando subió al primer equipo no lo puedo usar, pues su hermano Larry lo llevaba, y tal era la admiración que sentía por él, que se puso el 23 porque era casi la mitad de 45. Amor de hermanos. Acabó la temporada promediando 29 puntos, 11,6 rebotes y 10 asistencias, una barbaridad que también le valió una invitación al McDonald’s All-American Game, el partido que disputaban los mejores jugadores de High School.

Rumbo a la Universidad

Jordan siempre fue muy fan de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, pero, cosas del destino, acabó yendo a la Universidad de Carolina del Norte, en el campus de la UNC, en Chape Hill. Le tentó la Universidad Estatal de Carolina del Sur, pero el interés mostrado anteriormente por Carolina del Norte, la existencia de un Proyecto de Edificación para minorías y la obsesión de Dean Smith, técnico de Carolina por traerlo, fueron las claves.

En su primer año como universitario arrasó con todo a su paso. Los Tar Heels (Carolina del Norte) se clasificaban para la final de la NCAA, derrotando por 63 a 62 a Georgetown, con Jordan encestando la canasta definitiva a falta de 15 segundos en una suspensión maravillosa. Aquel 29 de marzo de 1982 cambió la historia del baloncesto para siempre. La bestia había abierto la jaula al fin.

La segunda temporada en Carolina fue algo aciaga, pero a pesar de ello, Michael creció en el verano casi dos pulgadas y mejoró su juego enormemente, sobre todo la faceta defensiva, que era su talón de Aquiles. El verano de 1983 participó en los Juegos Panamericanos y a su regreso, siguió puliendo cada movimiento de su arsenal baloncestístico. Sin volver a lograr el título universitario en su última temporada en Carolina, la 83/84 fue su temporada más importante a nivel de reconocimiento. Grandes estrellas habían invadido la liga universitaria como Hakeem o Ewing, pero nada de eso amilanó a Jordan, todo lo contrario, aquello le motivaba y de que manera. Acabó la temporada con la licenciatura de Geografía bajo el brazo, y el 19 de junio de 1984 era seleccionado por los Chicago Bulls en la tercera posición del Draft. Por delante de él sólo estuvieron Hakeem en el puesto número 1 elegido por Houston y Sam Bowie en el número 2 por Portland. La familia Jordan lo celebró por todo lo alto, sin embargo, él ya estaba concentrado con la selección, preparando los Juegos de Los Ángeles, donde lideró a su país al oro, ganando a España en la final. Michael sólo miraba al futuro.

Here Comes Mr. Jordan

Nunca ningún universitario había levantado tantas pasiones en la historia. La gente se agolpaba hasta ver los amistosos de preparación, como en un Knicks-Bulls que se jugó en Glen Falls, atrayendo a 6.500 personas en un área de no más de de 15.000 habitantes. Debutó frente a los Bullets, con victoria de Chicago por 109 a 93, sin embargo, Michael no jugó bien, algo que Kevin Loughery aceptó y explicó alegando el nerviosismo del debutante. Echaba bastante de menos Carolina, hasta tal punto que es famosa la anécdota de que durante un tiempo llevó el pantalón de su Universidad debajo del oficial de Chicago. Su llegada fue una revolución, el aforo del estadio se duplicó aquella temporada, donde Jordan fue nombrado rookie del año y los Bulls entraron en playoffs, cayendo ante los Bucks en primera ronda por 3-1.

La temporada siguiente fue anodina para Michael, pues una lesión en el pie le tuvo fuera mucho tiempo, hasta el punto de sólo poder jugar la eliminatoria de primera ronda contra los Celtics, donde a pesar de perder por un contundente 3 a 0, en el GAME 2 anotó 63 puntos, el récord en un partido de playoffs, haciendo que Larry Bird pronunciará la mítica frase: ”Hoy he visto a Dios disfrazado de jugador de baloncesto’‘. En la 86/87, Michael batió otro récord, el de anotar más de 3000 puntos en una sola temporada, propiedad de Wilt Chamberlain. De nuevo en primera ronda fueron eliminados por Boston.

Jordan creaba sensación, sus mates enseñaban algo tan sólo visto con el Doctor J, tal es así que se adjudicó los concursos de mates de 1987 y 1988. Pero sus Bulls no terminaban de carburar, les faltaba algo. Y ese factor llegó el verano previo al inicio de la temporada 87/88, Scottie Pippen llegaba a los Bulls desde la Universidad de Arkansas, previo traspaso con Seattle en la noche del Draft. El chico se convirtió en el complemento perfecto de un Jordan que ese mismo año, en 1988, ganaba el MVP y el premio al mejor defensor del año. Junto al narigudo, llegó también Horace Grant. Volverían a la postemporada, eliminando a Cavaliers en primera ronda, para caer frente a los Pistons en semis de conferencia, en pleno crecimiento de los Bad Boys. De no haber sido por la banda de Chuck Daly, Michael no hubiera tardado siete años en ganar un anillo, pero así era la historia. Al año siguiente, los Bulls eliminaron de nuevo a los Cavaliers con la mítica canasta de Michael en los morros de Craig Ehlo. Dios lo había vuelto a hacer.

Tras Cleveland cayó Nueva York, para volver a perder, esta vez por 4 a 2 frente a Detroit en las Finales de Conferencia. Toda historia de desamor tiene su final, para dejar paso a un proceso de cicatrización, para después, volver a amar. 1990 fue el año, cuando Jordan dijo basta a seguir perdiendo. Con Phil Jackson al mando del banquillo, tras siete partidos y un trauma brutal, Chicago caía por tercer año seguido frente a los Bad Boys.

Trienio absolutista y primer adiós

1990/1991. Todos tenían que dar un paso adelante si querían empezar a ganar, y el primero en hacerlo fue Michael. Elevó sus números a más de 30 puntos por encuentro, llevándose el MVP de calle y haciendo que los Bulls quedasen primeros del Este y jugando mejor que nunca. Pippen subió el nivel y las 61 victorias confirmaron que por fin, era el año para ganar el anillo. Tras ganar a Nueva York y 76ers, MJ ajustició a Detroit por un contundente 4 a 0, provocando que los Bad Boys se marcharán antes de terminar el partido, en un gesto absolutamente horrible. Ni las Jordan Rules (defensas de varios hombres sobre MJ) que antaño habían funcionado pudieron parar a Dios en aquella eliminatoria. En la final, comparecieron unos Lakers en claro declive tras una década gloriosa, y fueron humillados por 4 a 1, donde sólo Divac dio la talla en los oro y púrpura. Tras años de lucha, al fin, el mejor jugador del mundo tenía su anillo, mientras el niño que llevaba dentro, aquel que lloró tras verse fuera del equipo en el instituto, apareció para bañar con sus lágrimas el Larry O’Brien.

Con Magic fuera del mapa, Larry y su espalda agonizando y los Bad Boys acabados, la NBA necesitaba un rival a la altura de Michael Jordan. Lo encontraron el Clyde Drexler, el escolta de Portland fue la némesis de Jordan en la temporada 91/92, pero ni por esas. En la final, Chicago vencía en seis partidos, remontando 15 puntos de desventaja en el último cuarto. Otro día más en la oficina, MVP de las finales, anillo y meses antes el MVP de la temporada reposaba en las vitrinas de Jordan. Aquel verano, MJ y 11 estrellas más se presentaron a los Juegos de Barcelona 92′, en el mejor equipo jamás visto sobre la Tierra: el Dream Team. Arrasaron para brindar una despedida a Larry & Magic, y de paso sumar una medalla más a su hoja de servicios.

El three-peat llegó ante los Suns de Barkley. Tras haberle arrebatado el MVP de la temporada, el gordo quería cerrar un año de ensueño con el anillo. Pero el destino sólo sonreía al 23, y de nuevo, en 6 partidos y con las dos últimas acciones decisivas firmadas por Paxson y Grant, Chicago se llevaba el tercer anillo seguido, y la bestia promedió 40 puntos en las Finales para hacerse con el MVP casi por misericordia.

A sangre fría: retirada, béisbol y retorno

Michael Jordan fue visto por última vez el 22 de julio en Carolina del Norte y su cadáver fue descubierto el 3 de agosto en un riachuelo de Carolina del Sur, lo que convirtió una tragedia en un caso federal. Al volver de una boda y haciendo una breve parada para descansar, el padre de Mike fue asesinado por Daniel Green y Larry Demery. Uno de los misterios del crimen es cómo el cuerpo fue a parar a un riachuelo cerca de McColl, un pueblo de Carolina del Sur, a 96 kilómetros al suroeste de Fayetteville. El cadáver fue descubierto por Hal Locklear, un albañil que estaba pescando y se encontró el cadáver. El coche de Jordan, un modelo japonés (Lexus 400) de color rojo y valorado en 45.000 dólares, fue descubierto abandonado el 5 de agosto en una zona boscosa en las cercanías de Fayetteville. La perdida de su padre fue la gota que colmó el vaso de Jordan, quien se rumoreaba que tras Barcelona 92′ ya había perdido la ilusión por jugar, no sentía lo mismo. Decidido a honrar la memoria de su padre y cumpliendo un sueño de niño, Michael Jordan anunciaba su retirada del baloncesto para dedicarse al béisbol

Los Chicago White Sox le hicieron hueco durante 17 partidos, hasta que fue bajado al filial de los Birmingham Barons, donde tampoco triunfó y decidió volver a su casa, el baloncesto. El 18 de marzo de 1995 anunció su vuelta a las pistas con un escueto comunicado de prensa, en que simplemente decía : I’m back (estoy de vuelta). Los Bulls entraron en playoffs pero cayeron en semis de conferencia frente a Orlando, con un Jordan bajo de forma que más tarde recuperaría el dorsal 23 tras haber regresado con el 45.

Segundo trienio y posterior despedida 

Con el fichaje de Kerr y Kukoc años atrás, Harper y la llegada en la temporada 95/96 de Rodman, los Bulls subían un peldaño el nivel y llegaban al mítico 72-10 en Regular Season, hito que ha durado hasta esta campaña, cuando los Warriors, con Kerr en el banquillo, han llegado a 73-9.  MJ se hacía con su cuarto MVP de la temporada y los Bulls ganaban a Seattle en la final, alejando de la gloria a Gary Payton y Shawn Kemp. Cuarto entorchado para Mike.

Dentro del segundo trienio vinieron dos años seguidos, el quinto y sexto anillo con los Jazz como principal adversario. En la 96/97 Malone le quitaba el MVP de la temporada, y este se tomaba la revancha en la final, ganando a la dupla mormona de Stockton y Malone por 4-2, con Kerr de asesino infiltrado y Kukoc de verdugo. Quinto anillo, mismo número de MVP de las finales y la gran obra aún sin terminar. Como Utah no se quería rendir, su majestad tuvo que acabar con todo un Estado de una vez por todas. Temporada 1997/1988, tras ganar su último MVP de la temporada, el quinto, Jordan y Chicago se veían de nuevo con los Jazz en la final. Lo que pasó en los cinco partidos y 47 minutos anteriores no tiene importancia. Disfruten.

Sexto anillo en Salt Lake City, sexto MVP de las Finales y ya no le quedaba fuerza en las piernas. Aquel último robo a Malone y aquella última humillación a Bryron Russell eran las últimas pinceladas de su majestuoso legado. Dios dejaba el baloncesto…para siempre. O eso dijo él. El 13 de enero de 1999 anunciaba su segunda retirada como jugador.

No te vayas, Mike

Su adiós provocó un vacío mayor que el final de la época dorada en los 80′, más que ningún adiós anunciado o que se anunciara jamás. Tras dejar el baloncesto, asumió el cargo de Manager en los Wizards, aunque con suerte dispar. Empezó a jugar al gato y al ratón deslizando y negando a la vez un posible regreso, pero tras fichar como entrenador a Doug Collins, el milagro parecía posible. Finalmente, vistió la camiseta de los Wizards por dos temporadas, ayudando a un equipo mediocre a pelear los playoffs. No era el mismo, pero que importaba eso, la gente estaba viendo a Michael Jordan por última vez. Y por fin, cumplió  su promesa a la tercera, jugando su último partido en casa de los 76ers el 16 de abril de 2003.

Se acababa así la carrera del más grande de todos los tiempos, un tipo único e irrepetible. Él fue el baloncesto en estado puro, sin más religión que la victoria, ni más amor que el deporte. Gracias, Mike, pues sin ti este deporte jamás hubiera llegado a ser ni una mínima parte de lo que es hoy. Te perdono lo del 97′ y el 98′, de verdad, sin rencores. Eras el mejor y punto. Te perdono que dejaras a mis ídolos sin anillo. No puedo albergar rencor en ninguna parte de mi alma hacia ti. De todo corazón, gracias.

6 campeonatos de la NBA (1991, 1992, 1993, 1996, 1997 y 1998), 6 MVP de las finales (1991, 1992, 1993, 1996, 1997 y 1998), 5 MVP de la temporada (1988, 1991, 1992, 1996 y 1998), defensor del año (1988), campeón del concurso de mates (1987 y 1988), rookie del año (1985), dos oros olímpicos (Los Ángeles 84′ y Barcelona 92′), campeón de la NCAA (1982), 14 veces All-Star (1985-1993, 1996-1998, 2002-2003).

En definitiva, The Greatest Of All Time.

 

 

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