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Te echo de menos Pep, carta abierta a Guardiola

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Me acuerdo mucho de Pep Guardiola, artífice del mejor Barcelona. Muchas veces pienso que debería escribir un texto sobre él, pero su nombre propio son palabras mayores. Causa respeto intentar acertar las palabras sobre alguien a quien tantas personas admiran, incluido uno mismo. Pero llega un día que te despiertas con un sentimiento y no buscas letras, las sientes mientras le recuerdas.

Hola Pep.

Hoy me he levantado mal, con una sensación extraña. Parece como si me hubiera dormido sin quitarme el maquillaje, porque ayer nos pintaron la cara. Ya lo viste, nos dieron un baño. El PSG fue un rodillo, nos arroyó las ideas, nos superaron en la salida de balón con una presión aplastante, nos quebrantó la actitud. Fueron peligrosos con numerosas llegadas, y lo peor de todo es decir que el marcador todavía pudo ser más abrumador. Sentimos esa necesidad de que los minutos pasaran y de pedir la hora, para detener el sufrimiento.

Y para colmo hubo revuelo ante las cámaras por parte de Luis Enrique, que ya sabes que no posee esa apacibilidad de palabra que tenías tú en nuestro vestidor.

Hay que reconocerlo, aunque duela. No pueden buscarse excusas, porque defender al equipo sin argumentos no es sinónimo de sentir un amor más grande. Aquí no nos bajamos del carro, pase lo que pase. Acatamos con los errores y esperamos un cambio con paciencia, con apoyo y con el sentir de siempre por estos colores.

Ellos durmieron en su ciudad del amor, un 14 de febrero, junto a un resultado idílico. Nosotros tuvimos que sufrir una pesadilla nocturna que nos exige una remontada histórica.

Yo viví en la grada ese poker de Messi frente al Arsenal, cuando Bendtner generó dudas en nuestro estadio, antes de la estelar actuación de Leo. Pero claro, esa era otra historia. Veníamos de un resultado más favorable, y la superioridad del PSG de anoche nos hace pensar que este capítulo de la historia del fútbol es bien diverso. Nos quedan tres semanas, que dan lugar a una obligada reflexión, a cubrirnos con un halo de esperanza y aferrarnos a ese dicho que expresa que no hay nada imposible. Aunque tú también sabrás que esto pinta mal.

Te echo de menos muchas veces, pero ayer me acordé especialmente de ti.

Cuando tú llegaste, acabábamos de hacerle el pasillo al Real Madrid en el Clásico, que además nos venció esa noche.

Al empezar la nueva temporada se cuestionó tu llegada, tras perder frente al Numancia y empatar con el Racing. Y a partir de allí, empezó una tendencia ganadora. Levantaste la moral a un equipo que te necesitaba, con tu liderazgo. Creaste, en parte, y perfeccionaste un estilo que enamoró, con un 4-3-3 alineado con una generación única, con la posesión de balón y mimando a éste al primer toque. Le diste valor a la cantera, haciendo debutar a 22 jugadores. Entre ellos, a un referente del medio campo como Sergio Busquets.

Contigo ganamos 14 títulos de 19 posibles, que lucen en las vitrinas mostrando cuatro temporadas que significaron la etapa del mejor Barça de la historia. Logramos el sextuplete, protagonista de la máxima emoción vivida por la afición culé.

Acostumbraste a los humanos a logros divinos, dejando el listón en un lugar excelso.
Nos hiciste a todos gladiadores de conquistas, tras tener la fortuna de ver ese vídeo que mostraste a los jugadores antes de salir a jugar la final de Roma. Con dos piezas musicales que, junto a las imágenes de nuestros luchadores, pueden volver a activar nuestro lagrimal aunque pasen los años. La emoción sigue allí.

Estás hecho de otra pasta, Pep. Tú sabes de táctica, pero también de otros factores necesarios para culminar la cima del éxito.

Me costó que desapareciera la figura de Eto’o, y también que no cuajara un Ibrahimovic que nos había ilusionado, pero el que sabe de fútbol eres tú. Yo sólo pongo el ojo y tú el cerebro.

Nos dejaste claro quién era “el puto amo” en el verde, el foco de luz de color que realmente te gusta tener frente a ti.
Cuando sonaba Coldplay en la discoteca la gente se acordaba de ti, aunque fueran las cuatro de la mañana y algunos llevaran algunos copazos de más.

Montabas corros en el centro del campo para celebrar un logro con todas las partes que formaban el equipo, algo que también formaba parte de tu sello y de la identidad que le proporcionaste al club.
Algunos decían que meabas colonia, pues debería ser perfume, y del caro.
Tus lágrimas al conseguir el sexto título era orgullo para nosotros. Lo habías dado todo, y éramos conscientes de ello.

Me enfadé contigo, Pep. Sí, me enfadé cuando supe que te ibas, porque soy una romántica del fútbol. Me cuesta cerrar esas puertas que dejan entre cuatro paredes una época que significó tanto. Nos enamoraste sin medida, y nos olvidamos de que algún día te irías, que las historias de más de dos décadas como la de Ferguson y Wenger no suceden en nuestra liga.
¿Por qué? ¿Desgaste? Quizás la intensidad que provoca que seas un enfermizo y entusiasta de lo tuyo te fue consumiendo. Tal vez fue la exigencia. También aquellos asuntos de despachos que no están a nuestro alcance, y que nunca sabremos.

Aún con dolor, allí estuve. En nuestro templo, donde se reza tanto fútbol, despidiéndote con los sentimientos contrariados. Queriendo decirte adiós sin verte marchar.

Me volví a enfadar Pep, cuando supe que habías firmado por dos temporadas con el Bayern, mientras aquí lo hacías año a año con periodos cortos. Pero me dí cuenta que sólo eran reproches, porque no habíamos pasado página. Volver a verte entrenar, y en otro equipo, abría una herida que a la misma vez se cerró.

Tú eres de los que se pone el traje de faena en un santiamén. Y así estabas un tiempo antes, con el libro de la lengua germánica debajo del brazo.
Deseé que lograras tantas cosas como fuera posible, pero la Champions League se resistió.

Cuando despediste Alemania, tuve la sensación de que no habían sido justos contigo, que el juicio ciega y no es objetivo. Tú estabas pagando tu propio precio, mientras otros te exigían el máximo, como si ganar fuera lo normal.

En el momento que cogiste el billete hacia Manchester, y te acogieron con esa multitudinaria presentación, sentí una enorme alegría. Un proyecto de aires modernos, con bolsillo y sin precedentes de Champions League. Un bonito reto, en una competición doméstica competitiva. Con varios equipos con nuevo entrenador al frente, que iban a pelear para hacerse con el trofeo.

Sin embargo, vuelvo a tener la sensación de no ver tu trabajo gratificado, por esa misma exigencia, por la prisa a la que te someten todos los que te tienen en el punto de mira.
Tuvisteis un gran inicio, pero fue un espejismo, destellos de algo que estás confeccionando.
La enfermería también te la ha jugado. Primero fue De Bruyne, que por suerte volvió. Luego fue Gündogan con una grave lesión, y por último, Gabriel Jesus, tras firmar un inicio brillante.

A ver cómo encaras este tramo de temporada. Aunque los de Conte están intratables y juegan con una plácida ventaja, volvisteis a recuperar la segunda posición de la tabla. Y veremos cómo planteas la eliminatoria con un Monaco que está líder de la clasificación de Ligue 1. Nosotros nos jugamos la última papeleta de los octavos con el conjunto francés que le persigue, el que ayer nos dio un repaso.
Sé que a ti tampoco te gustó, porque aún en la distancia, guardas respeto y admiración por nuestro club.

No estamos bien Pep. Hemos perdido esa identidad en la que tú reuniste tantas características positivas.
No se trata de una crítica oportunista hacia Luis Enrique, muchos culés ovacionan a Lucho y otros piden su cabeza. No es algo que vea la luz desde ayer noche.
Sencillamente, es distinto a ti. Tú te cobijabas en una serenidad que cuesta dosificar ante los micros cuando estás hecho de carne y hueso, y él, quizás con el pretexto de la salsa de los medios, ha mostrado una actitud defensiva de modo constante. Tú apostaste por una filosofía, y él ha decidido reflejar distintas materias en la pizarra.

Messi, al que tú conoces bien, ha estado cubriendo las carencias de este Barça con sus genialidades. Incluso ha tapado las voces que podrían haber criticado la sequía goleadora de Neymar, mientras dedicaban sus palabras a elogiar al argentino. Como en líneas generales se da su fantástica aparición en una versión, aunque cueste creerlo, mejorada, se ha hablado menos de lo debido sobre esa pérdida de estilo, de posesión, de posición. Se ha vertido la eficacia en el tridente, olvidando que hay que mimar los deseos de la medular, y que allí tenemos parte de magia y el control del partido. Y allí nos atacan y nos dejan vencidos. A nosotros, que dimos la vuelta al mundo con lo que tú conseguiste.

Estamos gastando millones pensando en la transición de relevos. Quizás deberíamos invertirlo más en nuestra fábrica de estrellas, para que siga siendo efectiva, y proporcione el futuro de nuestros éxitos y el de esos niños de la casa con sueños por cumplir.

Es justo decir que con Luis Enrique también hemos conquistado copas. De hecho, llevamos ocho títulos alcanzados desde que aterrizó para dirigir el primer equipo. Sin embargo, tengo la sensación de que estos triunfos tienen un paladar distinto al sabor que tú nos diste a probar. Y la realidad es que estamos perdiendo lo que tanto defendimos.

Te echo de menos Pep, una vez más. Porque las máximas alegrías del fútbol me las diste tú. Y eso, nunca se fue contigo.

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