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Taça de Portugal, la fiesta del fútbol luso

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Para quien crea que el fútbol no es mas que veintidós personas tras un balón en un rectángulo de juego, que no hay nada detrás de un título mas que un éxito empresarial, esa gente, tiene que venir al menos una vez en su vida a la final de la “Prova Rainha”.

Más allá de un premio o un título en sus vitrinas, la Taça es una fiesta para todos los que participan de ella. En un entorno natural envidiable, como es el otrora lujoso Estadio Nacional do Jamor, las aficiones de ambos equipos se dan cita desde bien temprano para disfrutar de suculentas parrilladas en los aledaños del estadio, eso si, convenientemente equipados con la camiseta de su equipo. A ambos lados del camino que hay que hacer a pie para acceder al campo, uno puede ver como más allá de un título, todo esto es un verdadero acontecimiento, un fin de fiesta de gala para la temporada de fútbol en Portugal.

Y con ambas aficiones cantando desde bastante antes del inicio del encuentro, el pitido del colegiado nos recuerda que hay un partido por disputar. Sporting de Portugal y SC Braga, buscan un título con el que acrecentar su buena temporada.

Muy pronto Nani ejemplificó el dominio incial de los pupilos de Marco Silva, con un disparo a los seis minutos cerca del palo derecho de Kritciuk. Los de Braga, quizá menos habituados a tan grandes partidos, esperaban su oportunidad a la contra. En una de estas salidas rápidas, un eslálom espectacular de Djavan le dejaba solo delante de Rui Patricio, obligando a Cédric Soares, último hombre, a derribarle. Marco Ferreira señalaba los once metros y enviaba a la ducha al lateral diestro. Éder tomaba el balón, lo mimaba. Disparo a la derecha de Rui Patricio y gol. En quince minutos habíamos visto como todo mudaba. Sporting, obligado a salir a por el gol, dominaba la pelota, pero los arsenalistas seguían dando sensación de peligro a la contra. Tanto fue asi que a los veinticinco minutos Rafa Silva conducía una contra desde el medio campo, que el mismo resolvería con un disparo cruzado, poniendo el dos a cero en el luminoso y la final de la Taça muy cuesta arriba para los leoes. El “quiero y no puedo” se hacia latente en los sportinguistas, que hasta el descanso dominaban el balón pero sin ocasiones claras de recortar la diferencia.

Tras la reanudación, los de Marco Silva saltaban al campo con ansia, con ganas de reencontrarse con su juego, pero el hombre de menos se notaba y todos sus intentos de llegar a la meta bracarense terminaban en el muro formado por Aderlan Santos y Andre Pinto. Sergio Conçeiçao maneja las ventajas como pocos y su equipo trataba de dormir el partido y la final. Solo en el minuto 84, con más raza que fútbol, Slimani colocaba el 1-2 en el luminoso, despertando a la grada, mayoritariamente blanquiverde del letargo en el que se había sumido tras el descanso. Seis minutos de descuento dejaban un rayo de esperanza para el conjunto de Marco Silva, volcado al ataque más directo. En uno de estos balones, Fredy Montero, recién ingresado en el terreno de juego, se plantaba delante del meta ruso del SC Braga y hacía delirar a medio Jamor con el empate. Con diez hombres sobre el terreno de juego, Sporting había conseguido en apenas quince minutos y sin excesivo brillo, igualar el encuentro. Final de los noventa minutos y prórroga.

El partido entraba en un momento que lo físico valía más que cualquier otra cosa. Pese a que la tarde había refrescado, ambos entrenadores se quitaban las chaquetas casi al unísono como si se arremangaren para perfeccionar su tarea. Intercambio estéril de golpes entre los dos equipos para acentuar la agonía de la final en la tanda de penalties. Cruel remate para un encuentro en el que ambos habían hecho méritos para llevarse el título.

Fallaban Andre Pinto, Éder y Salvador Agra para los bracarenses, tildando la final de épica victoria para un Sporting que remata una temporada más que correcta con un título que pone la guinda al pastel. Tras más de medio partido con diez y verse desahuciados más allá del ochenta, la copa se quedaba en Lisboa rumbo a las vitrinas del Jose Alvalade. En un día que, quien de verdad ganó, fue el fútbol.

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