Fútbol italiano

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SuperGigi, el muro milenario

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Gianluigi Buffon ha alcanzado la cifra de 1000 partidos, frente a Albania. Cantidad que suma su trayectoria en el Parma, la Juventus y las participaciones con la Selección Italiana.

Una leyenda en activo que, rozando la década de los 40, deja entrever que hay Buffon para rato. ‘SuperGigi’ sigue luciendo capa y escudo con orgullo, y a diferencia de Superman o Clark Kent, no es un personaje ficticio, sino un superhéroe de la vida real.

Pisó el altar de manera precoz, con un amor que no fue a primera vista, pero sí el definitivo. Contrajo matrimonio con la portería, jurándole amor eterno. Ella, es quien le hizo compañía en un espacio tan solitario, y todavía se siente segura a sus espaldas. Un caballero fiel que lo ha dado todo por protegerla, al límite, sobre esa línea que describe un marcador, que conoce cada rincón que dibujan sus postes y el sonido del balón alcanzando su red, la pieza blanca de novia de la que nunca quiso desvestirse.

Buffon debutó con el Parma FC, aprobando su primer examen, dejando la portería a cero.
Logró tres títulos con el club parmesano, antes de aterrizar en Turín con un contrato bajo el brazo que, a día de hoy, todavía le define como el portero más caro de la historia del fútbol. En la Juventus siguió ampliando su palmarés, con 15 trofeos logrados. Conquistó el mundo en 2006. Sin embargo, en el club bianconeri se le resiste el continente europeo. En el punto de mira, el FC Barcelona, con el objetivo de apoderarse con una de las plazas de semifinales.
Además, un extendido listado de distinciones individuales culminan el reconocimiento de su trayectoria profesional.

La IFFHS le dejó en segundo lugar del ranking de mejores porteros del 2016, por detrás de Manuel Neuer. Sin embargo, me atrevo a afirmar que Gianluigi Buffon es el mejor portero del mundo. Es evidente que las funciones del arquero han evolucionado, y que el juego de pies ha cobrado peso en el valor actual de un meta. Estas necesidades generadas dan foco a porteros que brindan apoyo en el arranque del juego, ofreciendo el recurso de pies. Los hay, y muy buenos. Pero si valoramos diversos aspectos, sería honesto no destronar al referente de la portería italiana.

Tiene, y le sobran motivos, para ser el mejor portero de la historia:
Primero, y el más redundante, por la constancia en la élite. Más de dos décadas. El saber mantener un nivel en un período de tiempo longevo, con la dificultad que comporta. Mantener, seguir en la línea de la exigencia y profesionalidad necesaria.

Segundo, por cuestión de fidelidad. Buffon fue uno de esos jugadores que mostró su lealtad tras el escándalo Calciopoli. Aceptó pasar esa etapa angustiosa, jugar ante menos espectadores y en una competición ubicada fuera del prestigio habitual.

Tercero, por ser ejemplar. Gianluigi es un icono del fútbol. Existen buenas palabras para él en todos los recovecos del mundo. Un amor que concentra las masas que mueve el fútbol. Un consenso planetario que alaba su carrera y le defiende ante sus errores. Ejemplo de ello, moviéndonos en la misma fase clasificatoria, el sorprendente fallo ante España, que Vitolo aprovechó. Las redes se hicieron eco de ello. Sin embargo, para mostrar el dolor que le produce cuando falla, y una franca empatía que recuerda que, como todos, es humano y se equivoca.
Cuarto, por propagar la rivalidad sana entre compañeros de profesión. Siendo su amistad con Iker Casillas la referencia más valerosa. 18 enfrentamientos, predilección, admiración y respeto. Una relación que traspasa las pantallas y acopla al seguidor del fútbol en tal sentimiento. Un abrazo de arqueros esperado, transformándose en la instantánea del partido, sea cual sea el resultado.

Quinto, por ser verdadero significado de capitanía. Un veterano, de vieja escuela, y con gran dosis del buen saber.

Sexto, por mezclar bajo palos el atuendo de guantes de máximo agarre con traje de etiqueta y pajarita. Con fobia al revoloteo de las avispas, y la serenidad de atajar balones que vuelan a 100km/h y nacen de una pegada extraordinaria.

Altura, seguridad, decisión para salir y acertada gestión de la adrenalina en el uno contra uno.

El paso de los años desgasta el físico, y aunque los porteros pueden alargar algunas temporadas más, es cierto que los reflejos también van menguando. La edad no perdona a nadie.

Un joven con el que comparte nombre y lleva Donnarumma por apellido, apuesta alto para ser la futura referencia. Su irrupción y estadísticas dicen mucho de ello. Pero la mente privilegiada de Gigi quiere mantenerle a su nivel algunos años más, para seguir defendiendo la camiseta de la Vecchia Signora, de soberbio mandato italiano, y la bandera de su país natal, representada por un himno que sigue entonando con ímpetu. No tiene prisa ni pausa. Sigue disfrutando de ese amor que le apasiona, y tiene entre ceja y ceja hacer camino hasta Rusia. Un objetivo que sumaría su sexta participación mundialista. Otro dato que evidencia el amplio período de una magistral carrera.

En un club que se ha modernizado y reinventado, diseñando un logo que define una nueva identidad, sigue destacando la antigua usanza de Gianluigi. Un portero de récords, de paradas imposibles, y con un carisma que cautiva y hace sentir absoluta admiración.

#Finoallafine es más que un hashtag para un hombre que se deja la piel. Aquél que merece ovaciones en todos los estadios que pise.
No habrán otros mil pero, por suerte, todavía quedan otros cuantos para seguir disfrutando de un guardameta que juró amor a su portería, y sigue amándola como el primer día. 1000 volte grazie, ‘Supergigi’.

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