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Sunderland, 1973 y la maldición de la victoria

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Ilie OLEART – Hace un par de temporadas, el Birmingham conquistó la Copa de la Liga y acabó descendiendo. Lo mismo le sucedió al Wigan con la FA Cup la temporada pasada. El Sunderland se encuentra en una tesitura similar pero que se remonta a su legendaria victoria en la FA Cup de 1973.

En ocasiones, el éxito representa el camino más rápido hacia el fracaso más estrepitoso. Hace tres años, Alex McLeish conducía a su Birmingham al título de campeón de la Copa de la Liga en Wembley. Era febrero. Cuando el frío todavía no había acabado de desaparecer, su equipo daba con sus huesos en segunda división. Más flagrante fue el caso del Wigan de Roberto Martínez. Un sábado conquistaba la gloria de la FA Cup y un miércoles sellaba su descenso.

En una situación similar se encuentra el Sunderland de Gus Poyet, que este domingo se enfrenta al Manchester City en la final de la Capital One Cup mientras en liga ocupa el antepenúltimo lugar. Además, los Black Cats arrastran una maldición en las finales que se remonta al día más glorioso de su historia y uno de los más recordados de la historia del fútbol inglés.

El 5 de mayo de 1973 se enfrentaron en Wembley el todopoderoso Leeds de Don Revie y el Sunderland, entonces en segunda división, con el legendario Bob Stokoe y su inseparable sombrero, al frente. El Leeds era el vigente campeón de liga y tenía en su equipo a jugadores como Billy Bremner, Norman Hunter, Peter Lorimer o Johnny Giles. Todas las apuestas daban como ganador al equipo de Revie. Sin embargo, en una de las mayores sorpresas en la historia de la copa inglesa, el Sunderland venció por 1-0 y se convirtió en el primer equipo de segunda división en proclamarse campeón desde el West Brom en 1931.


El SAFC gana la FA Cup al superar 1-0 al Leeds en Wembley | Getty Images

Pocos lo imaginaban entonces, pero aquella victoria supondría la última del Sunderland en una final hasta el día de hoy. Desde entonces, se han sucedido las decepciones. Y han sido unas cuantas. Hasta el punto de que el prestigioso periodista inglés Jonathan Wilson, reconocido seguidor del Sunderland, escribía esta semana en The Guardian que "estaré ahí el domingo para la quinta final del Sunderland de mi vida. Espero una quinta derrota. Para ser sincero, la victoria me aterroriza: ¿Qué pasa si ganamos y no sienta tan bien como imaginaba? ¿Qué pasa si ganamos y me doy cuenta, como mi padre en 1973, que el fútbol ya nunca será tan bueno?". El derrotismo parece ser el sentimiento general en Sunderland. Motivos no faltan.

Todo comenzó en 1985. Los Black Cats volvían a una final doce años después, en esta ocasión de Copa de la Liga. Y la accidentada trayectoria del Sunderland en la competición no hacía más presagiar una victoria ante el Norwich en Wembley. Los Black Cats eliminaron a Crystal Palace y Nottingham Forest antes de toparse con el Tottenham, entonces segundo en liga, en cuarta ronda. Tras empatar a cero en Roker Park, hubo replay en White Hart Lane. Los Spurs se adelantaron de penalti en la primera parte pero el Sunderland le dio la vuelta al marcador con goles de Clive Walker y Gordon Chisholm. Pero los Spurs gozaron de otro penalti después de que un centro de Chris Hughton tocara en la mano de un jugador del Sunderland. Pero Chris Turner protagonizó quizás una de las paradas más brillantes de los años 80 y envió al Sunderland a cuartos.

Allí, los Black Cats derrotarían al Watford para encontrarse con el Chelsea en unas trágicas semifinales. En la ida, el Sunderland venció 2-0 en Roker Park. Con el pitido final, comenzaron los incidentes. A lo largo de Fulwell Road estalló una batalla campal que acabó con coches, tiendas y pubs destrozados. Ni siquiera la biblioteca se salvó. Pero lo sucedido en la vuelta fue todavía peor. El Sunderland ganó 2-3 pero el encuentro se saldó con 104 arrestos y 40 heridos.

Y así es como el Sunderland llegó a la final del 85, recordada por sus aficionados como la final de David Corner. El capitán Shaun Elliott no pudo jugar la final por sanción así que fue sustituido por un joven de Sunderland de 18 años, Corner. Él es considerado como el culpable de la derrota por 1-0 ante el Norwich por no haber sabido proteger o despejar un balón que parecía marcharse del campo. Corner, actualmente oficial de policía, todavía encuentra a menudo a gente por la calle que le grita: "¿Por qué demonios no echaste ese balón fuera?"

La siguiente vez que el Sunderland visitó Wembley fue con motivo de una final del play-off de ascenso en 1990. Un gol de Gary Bennett en propia puerta le dio la victoria al Swindon por 1-0 (aunque la Football League impidió el ascenso del Swindon por pagos ilegales a jugadores y fue el Sunderland quien acabó ascendiendo).

Dos años después, en 1992, el Liverpool pasó por encima del Sunderland en la final de la FA Cup. La última visita de los Black Cats a Wembley se produjo en 1998 con motivo de otra final de play-off. La prórroga finalizó con empate a cuatro pero el Sunderland cayó tras fallar su séptimo penalti.

Han pasado más de 40 años desde que el Sunderland ganó una final. Pero algunas maldiciones pueden durar una eternidad.

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