Ciclismo

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Sufrimiento del líder el día menos esperado

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Enrique JULIÁN GÓMEZ – Ya pasaron los muros gallegos. Ya pasó Hazallanas, primera toma de contacto con la alta montaña. Ya pasaron los Pirineos andorranos, también los franceses, con su extraordinaria dosis de dureza y crudeza, especialmente por el frío. Queda todavía la montaña cántabra y asturiana, con Peña Cabarga, Naranco y Angliru. Desde luego, la etapa de Formigal que cerraba el tríptico pirenaico parecía la menos indicada, a priori, para ver sufrir al hasta ahora sólido líder de la Vuelta Vincenzo Nibali.

Sin embargo, pese a carecer de grandes rampas o de puertos de enormes kilometrajes, las carreteras del Pirineo oscense, históricamente poco o nada decisivas en la ronda española, pueden resultar letales si tiene lugar una etapa de las características de hoy. Falsos llanos que desgastan más de lo que parece, especialmente si se llevan a gran velocidad, los pequeños ascensos a Foradada y Cotefablo, el hábil repecho en el desvío hacia Tramacastilla antes de llegar a Formigal o el contínuo ascenso y descanso, ese esfuerzo y parón que provoca el camino hacia la estación de esquí. Todo esto, junto a la fatiga acumulada, hizo que se desfondara el líder, intocable hasta hoy.

Sin embargo, a Nibali hoy le perdonaron la vida. Quizás valga decir que ayer él también lo hizo, quizá demasiado confiado en sus fuerzas, ascendiendo en grupo junto a sus rivales cuando parecía bastante más entero que ellos. Valverde fue el primero que movió el árbol en Formigal. Se intuyó la debilidad del líder, pero no fue hasta el buen ataque de Joaquím Rodríguez cuando el siciliano cayó de maduro, circunstancia que aprovecharon inmediatamente un incansable Horner, el propio Valverde y Pinot. La cercanía de la meta provocó que Nibali perdiera apenas una veintena de segundos con respecto a ellos. ¿Falta de valentía para atacarle de lejos o falta de terreno? El caso es que el líder salió vivo de  Pirineos.

Eso sí, como en las etapas de La Gallina y Peyragudes, de nuevo la lucha por la etapa volvió a ser una historia distinta del combate por la general. Esta vez fue un grupo numerosísimo de 23 ciclistas, que no se conformó hasta superado el puerto de Cotefablo, a 30 kilómetros de meta, cuando el pelotón dio su beneplácito. Allí estaba Warren Barguil, el joven vencedor hace unos días en Castelldefels para atacar desde lejos mientras el resto de fugados se miraban entre sí. Hizo camino valientemente, pero cerca de meta le alcanzó un Rigoberto Urán que era el más fuerte del grupo. Sin embargo, la bisoñez de Barguil no fue ápice para que reservara unas fuerzas valiosas que, en el sprint a dos, le sirvieron para batir a Urán por milímetros. Al colombiano seguro que se le pasó por la cabeza ese sprint, también en pareja, que perdió en los Juegos Olímpicos con el kazajo Vinokourov. Barguil, por su parte, continúa marcando un presente y sobre todo un futuro esplendoroso, con esta doble victoria de etapa en la Vuelta a España en su primer año como profesional.

El día de descanso de mañana y la etapa llana camino de Burgos del miércoles servirán para recuperar fuerzas de cara a los durísimos tres días finales, y rehacer estrategias con la Vuelta en juego. Madrid está cada día más cerca.

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