Asia

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Sueños asiáticos hacia el Mundial

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Todos sabemos que el precioso arte del balompié se practica en los rincones más inhóspitos del planeta. No importa que caigan bombas o que, incluso, haya minas cerca. Cuando hay una pequeña bola de papel y dos piedras para hacer una portería, el ejército estadounidense de turno se puede ir a hacer puñetas ya que lo único que importa es vencer a ese amigo que se reirá de ti si no le ganas. Y los que juegan en la calle saben que eso tiene más importancia que una final de Champions League.

Bután, por otra parte, parece sonreír. Aunque, seguramente, nunca ha dejado de hacerlo. Este reino al sur de Asia, según unos estudios que miden la felicidad interior bruta, es el país más feliz del mundo. Su selección nacional, que hasta hace unos meses era la peor en el ranking mundial, hizo historia. En la primera fase de clasificación en Asia para el Mundial de Rusia de 2018- disputada en Marzo de 2015- los butaneses consiguieron pasar inesperadamente a la siguiente ronda dejando en la cuneta a Sri Lanka, que tenía más nombre. Posteriormente, ya en los grupos, el pequeño combinado de Nima Chokey no consiguió sumar ningún punto pero se llevó la experiencia de enfrentarse a potentes escuadras como la China o Qatar. El júbilo parece que no se moverá de allí en mucho tiempo.

 

Para entender la competición más grande del mundo es capital conocer estas pequeñas historias. Si China acaba en Rusia se deberá saber que su equipo sufrió en la primera ronda y que, gracias a Filipinas y Australia, el sueño continúa vivo. Pero, quizás, la crónica más emocionante proviene de una nación de la que solo recibimos llantos y lamentos. Siria, con 18 puntos en un grupo con una potencia como Japón, tiene un billete para la última ronda Asiática. En resumidas cuentas, si las águilas de Qasioun finalizan entre los dos primeros en esta fase, su billete para el Mundial estará sellado. Todo ello viene con el condicionante de que el equipo no juega en su territorio, lógicamente.

Asimismo, las relaciones internas parece que no son las mejores. Fajr Ibrahim, ex entrenador, fue relegado de sus funciones a pesar de hacer historia. Ya no solo no tendrán a su guía dentro del campo sino al hombre que defendió a las víctimas en la guerra que aun continúa. Ahora es Ayman Hakeen el que dirigirá el sueño que parece imposible. Tiene como tarea encaminar las cabezas de sus chicos, que han tenido desgracias personales, hacia jugar. El uno de septiembre, ante Uzbekistán, tienen el primer asalto. El sufrimiento es incesante y solo el deporte puede hacer que el dolor, a la hora de recordar esta triste época en los años venideros, no sea tan grande. Sí, juegan para olvidar. Pero estos jugadores, que por momentos se les ha quitado casi el derecho a vivir, también compiten por un sueño. Ser la generación que disputó el trofeo más grande del planeta. Por primera vez.

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