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SpheraRank. Top-100 Histórico NBA

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El debate siempre ha estado ahí. Y siempre lo estará. En cualquier momento brota entre aficionados a la NBA. La eterna discusión sobre quiénes han sido los mejores de la historia. Y si el número uno para todos parece bastante claro, dentro de un top-5 caben multitud de variantes. Más aún si nos vamos al top-10. Elegir a 50 ya sería comprometido. La propia liga lo llevó a cabo en su quincuagésimo aniversario y dejó incomprensiblemente fuera de la lista a Dominique Wilkins, algo que provocó numerosas (y merecidas) críticas.

En los últimos años, publicaciones tan prestigiosas como ESPN, Sports Illustrated o Slam han sacado su propio ranking con los jugadores del año. Además, los primeros se lanzaron hace poco con el histórico. Ellos tampoco se libraron de la controversia. Tal vez porque de todos es sabido que ESPN ha mimado desde sus inicios a LeBron James y en más de una ocasión ha puesto en tela de juicio a Kobe Bryant. Y si bien lo primero el tiempo ha demostrado que es un acierto pleno (creo que a estas alturas dudar del Rey es hacerlo del propio baloncesto), sí que con La Mamba han sido especialmente irrespetuosos.

Una noche este debate al que nos referimos salió a la palestra mientras preparábamos un podcast. Sin conceso y sin reposo, los nombres bailaban en la mesa y algunos eran olvidados por la inmediatez del momento. De modo que Juanan Mota nos invitó a Iván Libreros y a mí a elaborar un listado con los 100 jugadores que a nuestro entender habían sido los mejores. La idea era hacer una media de las tres relaciones para ser lo más justos posible. Empresa imposible. A pesar de nuestras buenas intenciones es inevitable que las simpatías asomen y los gustos personales afloren y, de algún modo, queden reflejados en el resultado final. Tres ejemplos en los casos de Vlade Divac (Juanan), Jeff Hornacek (Iván) y Anfernee Hardaway (quien escribe), jugadores que tienen su sitio en este ranking a pesar de que entendamos que habrán muchas voces no estarán de acuerdo. Del mismo modo, otros que podrían estar se han visto fuera incluso de las menciones especiales, ya sea por olvido o circunstancias singulares (Kevin Johnson o Derrick Rose como casos más sangrantes).

Una vez tuvimos el resultado, comprendimos que el producto final iba a crear disparidad de opiniones. Y lo aceptamos, pues no íbamos a ser menos que ESPN, por ejemplo. Si ellos han visto cómo la gente se postulaba contraria, nosotros también éramos conscientes de que podrían llovernos críticas. Así que nos lanzamos. Y este verano, aprovechado la tregua de la competición, ha ido saliendo a la luz en twitter el fruto final. En la cuenta de @NBASphera, o en el hastag #SpheraRank, podéis echarle un vistazo, valorar, juzgar e interactuar.

Tal vez lo más complicado haya sido cerrar el top-10. No por quiénes forman parte de él, sino por los baloncestistas excluidos. A mí, personalmente, me cuesta sacar a Shaquille O’Neal de los elegidos. Forma parte de mis diez. Es algo que comparto con Juanan. Pero del mismo modo, Jerry West estaba en el listado de Iván y no en el nuestro. Y tan justo sería para un jugador como para el otro figurar en ese selecto grupo. Con esto quiero reseñar lo complicado de ser jueces en esta empresa, puesto que cada individuo tiene su propio esquema en la cabeza. Aclarado este punto, vamos con los diez mejores de todos los tiempos para Sphera Sports.

 

10.- Wilt Chamberlain.

El primer gran monstruo de la competición. Cuatro veces MVP y dos veces campeón. A lo largo de sus catorce temporadas en la NBA supera la treintena de puntos por partido en siete (con un pico inalcanzable de 50,4 en la 61-62, aquella en la que firma el partido de los tres dígitos) y la veintena de rebotes en diez (de hecho, jamás baja de los 18 de media en activo). Su problema fue coincidir con los mejores Celtics de siempre. Para medir el valor de este portento físico yo recurro a sus días de exjugador. Alcanzados los 50 años y camino de las dos décadas retirado, aún le llegaban ofertas para volver a las canchas. Si acaso, el pívot más intimidante que hubo jamás (con permiso de Shaq).

9.- Oscar Robertson.

En el curso 1961-62 este tipo promedia un triple doble. Algo jamás visto y que en palabras de Magic Johnson, otro aventajado en la materia, nunca se volvería a ver. Que Russell Westbrook desmontara la afirmación no resta mérito a lo logrado por Big O, quien además se quedaría a menos de 5 décimas de repetir hazaña en otras tres campañas. MVP en 1964 y campeón en 1971, cuando por fin salió de Cincinnati para hacer historia con los Bucks al lado de Kareem Abdul-Jabbar. Con casi dos metros de altura, redefinió la posición de point guard, sentando las bases de una evolución tan natural como constante. La semilla del jugador total llegó desde Charlotte. Ya luego vino lo demás.

8.- Kobe Bryant.

Numerosos estigmas tal vez le hayan perjudicado. Desde su obsesión por compararse con Michael Jordan hasta el enfrentamiento con Shaquille O’Neal por el liderato en Lakers. Algún episodio como el de Denver puso en contra a la opinión pública e incluso en su ciudad natal, Philadelphia, fue abucheado cuando daba un recital camino del MVP del All-Star. Lo que nadie puede negar es que se trata de uno de los mayores talentos y mejores competidores de siempre. Su poderosa ética de trabajo, casi enfermiza, lo llevó a un nivel no del todo reconocido. Solo un MVP se antoja escaso si repasamos su carrera. Kobe supo ser el villano perfecto en sus comienzos y el héroe en desventaja después. Poco a poco se fue ganando los corazones de los aficionados al baloncesto, y a medida que se acababa, todos fuimos siendo conscientes de lo que se nos iba. Cinco anillos y una trayectoria para el recuerdo culminada el día de su retiro, exhibiéndose cuando su físico ya no estaba por la labor, con 60 puntos ante un público, el suyo, totalmente entregado.

7.- Tim Duncan.

El mejor 4 de todos los tiempos. No hay debate posible. Y lo es casi sin pretenderlo. Hay dos tipos de estrellas. Las que desean serlo y las que aunque no lo persigan, lo son. Timmy forma parte de ese segundo grupo. Yo lo incluiría en lo que vendía a ser la superestrella de equipo. En un supuesto catálogo, sería junto a Bill Russell la pieza maestra. Duncan fue dos veces MVP porque no había otra, porque tenía que serlo. Pero el número mágico es el quince. Es el número de veces que formó parte de alguno de los quintetos ideales, de uno de los quintetos defensivos o fue All-Star. Desde que aterrizó en la liga ninguna franquicia ha ganado más que los Spurs, quienes, a día de hoy, además de las cinco banderas de campeones, pueden presumir de un balance favorable en sus enfrentamientos directos con el resto de las escuadras de la NBA. Duncan podría haber firmado mejores números, pelear por ser el máximo anotador o brillar individualmente, pero en su cabeza estaba primero ganar. Y hacer lo necesario para que esto sucediera. Incluso ceder, si procedía. Su valor no se mide en números, sino más bien en impacto. Hay un equipo que cambió para siempre tras su llegada al mismo.

6.- Larry Bird.

Antes de LeBron James no había margen de maniobra. La duda no existía. Larry Bird era el mejor alero de la historia. Luego los demás, pero primero él. Siempre él. Bird era puro baloncesto. Sin el mejor físico, pero con una de las mentes más privilegiadas que jamás se vieron. Su abanico de recursos era infinito, su mentalidad ganadora, casi única. Un paleto de French Lick que puso patas arriba los 80 y reanimó a la franquicia más laureada. Nos regaló junto a Magic Johnson la rivalidad más hermosa que se recuerde, y juntos reimpulsaron a una liga un tanto deprimida entonces. Larry, además, alcanzó un pico de juego entre 1984 y 1986, periodo en el que sumaría sus tres MVPs, inabordable. En sus escasos trece años como profesional (esa espalda lo apartó demasiado pronto), tres trofeos Larry O’Brien como miembro de Boston Celtics y una tremenda batería de jugadas decisivas. Y todos los que pusieron en duda su figura (o el hecho de que magnificase) por tratarse de un jugador blanco, acabaron siendo víctimas de su capacidad.

5.- Bill Russell.

El auténtico señor de los anillos. Once en trece años. Jamás se verá nada igual. En una plantilla repleta de hall of famers, su liderazgo se imponía sobre el resto. Cinco veces MVP sin necesidad de alcanzar siquiera los 19 puntos de media en alguna temporada. Tal vez el mejor defensor de la historia. Curiosamente, los quintetos defensivos comenzaron a nombrarse el año de su retirada. Evidentemente, fue miembro del primer cinco. En Boston todo comenzaba en él. Con su defensa, rebote y primer pase para contraatacar. A sus once anillos como jugador habría que sumar otros dos, puesto que además fue entrenador de los Celtics tras la renuncia de Red Auerbach. Para entender hasta dónde llega su figura, comentar que el premio al MVP de las finales lleva su nombre. El mejor jugador, en el momento cumbre, recibe un galardón que se llama Bill Russell.

4.- Magic Johnson.

Creo que si tuviera que defender que Magic Johnson es el mejor de todos los tiempos, pese a no compartirlo, sería capaz de hacerlo. Y es que durante su carrera hizo méritos para validar ese pensamiento. Ya no es sólo hacer historia, sino la manera. La sonrisa de Magic iluminaba el parquet, su juego vistoso (a la par que efectivo) contagiaba al espectador y ganaba. Ganaba una y otra vez. Hasta en cinco ocasiones los Lakers fueron los mejores con él. Ganó nada más llegar, siendo MVP en sus primeras finales. El Showtime angelino fue tendencia sin necesidad de redes sociales. En la calle todos querían jugar como ellos. Y la figura de Johnson se elevaba por encima del resto. Si Oscar Robertson fue el prototipo de base alto, Magic sería la culminación del experimento. Tres veces MVP, abandonaría la liga con apenas 31 años, tras ser diagnosticado portador del VIH. Nos perdimos tres o cuatro años de magia. Volvió con 36, para jugar de ala-pívot y ser sexto hombre. Despidiéndose sobre la pista. Y de paso, regalándonos algún flash como aquella rotura a un joven Latrell Sprewell en el partido de su regreso.

3.- LeBron James.

Hace tiempo que la discusión sobre LeBron James gira en torno a, llegado su retiro, cuál será su posición en el podio del baloncesto. Aquello de El Elegido no era un apodo gratuito. La expectación creada desde su etapa adolescente, con partidos televisados a nivel nacional, no fue casual. LeBron siempre ha tenido detractores que han ligado su éxito a su físico. Año a año, van quedando en minoría. Y los que se mantienen, quedan peor. Esto es, en evidencia. Su comprensión del juego sí que está fuera de categoría, más que su recurrido físico. LeBron ha sido el jugador que individualmente ha llevado a una banda a unas finales y ha sido el líder que mejorado a compañeros ya muy buenos. Porque como eso, como líder, es único. Ejemplar y comprometido. Si juegas a su lado y ves su sacrificio, no te queda otra que remar. Ya que él, pudiendo ahorrarse ciertos esfuerzos, no lo hace. Cuatro veces MVP, solo los desinformados (y aquí aprovecho para incluir apartados extradeportivos) detractores cuestionan su supremacía actual. Aluden a las finales perdidas, como si llegar a ellas no tuviese mérito. O que si esto o si lo otro. Yo digo: que les pregunten a los que saben; esto es, al resto de jugadores de la liga, quién es el mejor ahora mismo.

2.- Kareem Abdul-Jabbar.

La longevidad de su carrera le hizo alcanzar registros difícilmente superables. Pero para extender tu tiempo en las pistas, siendo decisivo, hay que ser muy bueno. Ya en la universidad se sabía que iba a marcar una época. Aterrizó en la NBA y sus Bucks se convirtieron es aspirantes (ganando su primer título en su segundo año). Luego, los Lakers recurrieron a él para tapar el enorme agujero que la retirada de Chamberlain había dejado. Mejoró a su precedesor. Fueron veinte años en la mejor liga del planeta. Durante ese tiempo ganó seis anillos y otros tantos MVPs. Su Skyhook como el tiro más complicado de defender desde que se juega a este deporte. Y su poder intimidatorio como baza principal para el éxito. Primero en puntos, minutos jugados, tiros de campo intentados y convertidos y entre los tres primeros en rebotes, tapones y partidos. Numéricamente inalcanzable.

1.- Michael Jordan.

¿En realidad es necesario? Explicar los motivos sobre la elección de Michael, digo. Seis títulos que pudieron ser ocho. O nueve. O diez. Se retiró en lo más alto una vez, dando oxígeno al resto de aspirantes. Volvió. Se marchó de nuevo arriba del todo. Y regresó solo para matar el gusanillo. Sin esa primera pausa, o si hubiera continuado uno o dos años más tras su segundo parón, tal vez pudiera colocar un anillo en cada uno de los dedos de sus manos. El dominio de Jordan en los noventa fue absoluto. Una vez superadas las polémicas Jordan Rules, ya no hubo manera de frenarlo. Su talento era sobrehumano, pero es que además, su ética de trabajo iba a la par. Con la capacidad de aventajar a sus rivales minándolos mentalmente, sus condiciones hacían el resto. A su incontestable talento ofensivo (diez veces máximo anotador, líder destacado en la clasificación) había que añadirle una clarividencia defensiva como pocas. Da igual cuánto lleve fuera, los que están dentro seguirán aludiendo a su figura como espejo en el que mirarse. O, como en el caso de LeBron James, fantasma al que perseguir.

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