Fútbol italiano

article title

Sopor en San Siro, Martino ya tiene deberes

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Borja PARDO – Milan 1-1 Barça. Partido malo, no, lo siguiente. Sopor máximo en el coloseo milanés entre dos de los equipos más poderosos del viejo continente, en nombre, poderío y número de Copas de Europa.

Salida efervescente de un Milan que muerde de arranque para marcar el territorio. Puro postureo lombardo. Ellos mejor que nadie sabían el guión de partido que tocaba y lo cumplieron al dedillo. Intensidad, cerrarse como un equipo chico, tratar de buscar alguna contra y luchar para acabar pidiendo la hora, que si eso se da es que algo rascaron. Tal cual sucedió. Un diez para Allegri y sus soldados.

El Barça activa el "modo disperso" y juega en “modo diésel”, como en Pamplona. “90 minuti sono molto longo” debió pensar Martino, "take it easy", y en mitad de la carburación llegó un contragolpe rossonero que inicia Robinho, delimita Kaká y lo finiquita con éxito de nuevo Robson, otrora "el nuevo Pelé". Fue un chispazo con aroma añejo. Dos brasileños que dominaron el balompié mundial hace unos años y que hoy son un espejismo de lo que fueron. Kaká parecía un albañil. Puso más ladrillos ayer noche en 70 minutos que en sus 4 años de vacaciones pagadas en Madrid. El Barça se despertó tras el bofetón encajado, igualó la intensidad de los locales y así fue como mediado el primer tiempo Messi hizo lo que se le presupone, decidir. Fue otro espejismo. Messi jamás volvió desde esa chispa que hizo arder la cueva de Amelia. Los culés pudieron ponerse 1-2 antes del descanso, no lo consiguió y se llegó al intermedio con unas tablas justas.

El segundo tiempo fue un monólogo culé, tan abusivo como estéril. El Milan de hoy en día es como un niño tonto, al que no se le puede exigir más. Si no lleva la iniciativa ante la mitad de equipos de la Serie A, ante el Barça ya ni se esconden. A los culés sin embargo siempre se le puede exigir todo, porque sabes que te lo puede dar. Hoy volvió a flaquear. Falta mordiente y contundencia. No hay un "9" al uso, Messi o baja al medio o se escora a banda, y Cesc -como delantero- es más un parche que un recurso. Mientras Zubizarreta no despierte del letargo que sufre, es lo que hay.

Comparar al Milan imperial de Sacchi con este Milan de mínimos, es tan injusto como sonrojante. Allegri sabe lo que tiene, y lo que tiene no es mucho. Asume la inferioridad y trata de puntuar. Es lícito, muy lícito, aunque para ello Kaká y Robinho deban desgastarse en la presión y Muntari ejerza de letal cazador de tobillos, con total impunidad por parte del travieso colegiado alemán que hace unos días concedió el gol más ridículo en décadas.

El Barça accederá a octavos de final, lo iba a hacer ganando, perdiendo o empatando a nada este partido. La sensación de que no hay plan B sigue presente. La previsibilidad al atacar en estático es un hecho. Lo era con Guardiola en su tramo final, lo fue con Vilanova, y el Tata debe poner soluciones, pero no parece claro que tenga receta para ello. Martino ya tiene deberes. Para la Liga, con el plan A le puede valer, como le valió a Vilanova. Ahora bien, o el argentino dota al equipo de un plan B convincente o se descabalgará de la Champions en instancias superiores.

Le pregunta una periodista de Canal + a Martino por el semblante serio de los jugadores del Barça al abandonar el campo. “Estos chicos tienen el listón muy alto, la vara de medir está muy alta y los chicos son muy exigentes consigo mismo. Trataremos de jugar mejor”. El sábado es una buena ocasión para dejar el mal sabor de boca que ha dejado el equipo azulgrana en Pamplona y Milán. El Real Madrid mide. El Clásico juzga.

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Artículos relacionados