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Sonrisas y lágrimas en Goodison

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Dani Fernández & Edu Rodríguez | La ciudad de los Beatles, bañada por el río Mersey, tiene una pasión que desborda incluso a aquellos chicos que solían tocar en el mítico Cavern Club: el fútbol. Y la rivalidad entre dos equipos (desde 1892) separa muchos corazones, como el torrente de la pequeña península de Wirral con la urbe. Y en un lugar donde el orgullo se muestra por todos los lados- el Tranmere Rovers merece una mención- es necesario visitar los estadios que fueron construidos en el siglo XIX.

Los dos grandes, Liverpool y Everton, tienen sus campos a tan solo un par de calles. Es más, Stanley Park es la única barrera entre ambos. Anfield, para más inri, fue la casa de los Toffees durante 14 años-los blues ganaron ligas- hasta que el propietario decidió subir el precio de los alquileres. En ese momento nacía el Liverpool FC.

Asimismo, los tiempos de éxito de ambos equipos han menguado. Roberto Martínez fue despedido el jueves pero, aun así, el viernes su foto seguía en lo alto del campo. Por sorpresa, el domingo no había nada sobre el español y los focos apuntaban a Tim Howard que se marchaba a la MLS como si el ex técnico no hubiera existido nunca. La afición, liberada, apoyaba a un Everton que realizaba, probablemente, el mejor partido de la temporada. Y lo hacía con jóvenes promesas como Kieran Dowell o Tom Davies dejando muestras de su potencial.

 

Tras el encuentro los jugadores daban el último adiós de la campaña a sus seguidores: Barkley confirmaba a un fan que continuaría, Mirallas bromeaba con otro, Stones dejaba en el aire el suyo y Lukaku, más fuera que dentro, pasaba de atender a la gente en su más que probable despedida. Un gesto feo que no representa, sin lugar a dudas, la filosofía del Everton, ese equipo  que compite por y para el pueblo. En el club todo son facilidades para los fans – rehuyen la soberbia, la prepotencia, apenas hay restricciones – y eso, en tiempos actuales, engrandece la institución.

En cuanto al futuro próximo, éste es una incógnita. La carta Frank de Boer es la que más suena y, de concretarse, el objetivo será el de devolver al Everton donde se merece: a Europa. La llegada de Farhad Moshiri podría ayudar a ello, puesto que está dispuesto a invertir más de 100 millones de euros en fichajes. El verano se prevé largo en Goodison Park y cada movimiento será observado con lupa por la ciudad. ¿Quién mandará en Liverpool la temporada que viene?

 

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