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La Fiorentina navega hacia la mediocridad

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La temporada nació torcida en Florencia desde su misma génesis. Primero, con la derrota en Roma en el estreno liguero o más bien, con la inapelable forma de perder.  Después, apenas quince días más tarde, con la fatídica noticia sobre el nuevo paso por quirófano de Rossi y su rodilla, sumando así otros cuatro o cinco meses a su ya de por sí dilatada baja desde el pasado enero. Para continuar con la lesión muscular de Mario Gómez -que ya lleva un mes de baja- y con la caída prolongada en un bache de resultados aun más profundo tras la derrota en el Franchi ante la Lazio.

“Probablemente haya una maldición que pesa sobre nuestros atacantes”. Son palabras de un Vincenzo Montella constantemente obligado a pulir variantes por segunda campaña consecutiva. El técnico viola ya debería estar adaptado y acostumbrado a las ausencias del pánzer hispano-alemán y del bambino italoamericano, sin embargo, los sigue echando mucho de menos, especialmente a Giuseppe Rossi, a quien parece añorar ahora más que nunca. Lo cual es decir mucho.

Dejando de lado una Europa League en la que el asequible nivel del grupo está permitiendo al equipo no pasar los apuros que viene sufriendo en el campeonato doméstico, la Fiorentina acusa una flagrante falta de gol. Dominio y más dominio y una colección de melones sin abrir y de puntos por recoger. Los toscanos han sido incapaces de perforar las redes rivales en cuatro de los siete partidos ligueros y únicamente ha conseguido marcar -hablamos siempre de Serie A- cinco tantos, de los cuales tres fueron al Inter.

Precisamente, el partido ante el cuadro del discutido Mazzarri encierra una paradoja sobre la que poner la lupa: es el único encuentro, junto con el inicial ante la Roma, en el que la Fiorentina ha cedido la posesión -algo muy extraño en su idea matriz- y acabó goleando por 3-0 tras adelantarse muy pronto en el marcador, ceder metros de césped y ser mucho más vertical que de costumbre con Cuadrado como hilo conductor. Todo ello sin caer en un repliegue excesivo anti natura y sin obviar la impronta de la filosofía Montella que hace de la Fiorentina el equipo con los mejores números en posesión y porcentaje de acierto en pases solo por detrás de los dos aspirantes al Scudetto, Juventus y Roma.

Salirse más de su propio molde sin perder su esencia. Una cierta readaptación estilística. Eso es, precisamente, lo que las circunstancias le están pidiendo a Montella y lo contrario de lo que viene haciendo y de lo que hizo en el último compromiso ante la Lazio. Con 0-1 en contra y cuando su equipo más estaba asediando el área laziale en base a envíos laterales e interiores hacia Babacar, el técnico sacó del campo al senegalés para dar entrada a Ilicic y acabó sacando también a los suyos del área, como si no hubiese comprobado suficientes veces el año pasado que la figura de falso nueve no resulta una solución óptima para pedalear encuentros cuesta arriba.

La Fiorentina reunió sus efectivos en torno a la frontal y se atoró. Se alejó de un empate que se olía y se paladeaba, dejó de saber cómo atacar y cuando quiso volver a esos envíos más directos, ya no había nadie allí para cazarlos. En una pérdida de Cuadrado mientras buscaba un hueco en la frontal que no existía con todos los efectivos volcados, llegó la sentencia de los de Pioli en el descuento y al contraataque, en una de esas fulgurantes transiciones ofensivas que apenas se pueden ver en los de Florencia.

 

 

Pese a todo, hablar de crisis y de un Montella cuestionado sería caer en una hipérbole irreal. La Fiorentina no tiene síntomas graves pero sí indicios de preocupación en varios matices que están pesando sobremanera. No es un problema de falta de ocasiones, es un problema de cómo éstas se producen y de cuál es su grado de efectividad. El conjunto viola chuta muchas veces por partido pero está abusando del disparo lejano y apenas genera oportunidades de gol desde dentro del área. Aspectos que van de la mano.

Si ya les cuesta tener presencia y ocasiones en posiciones interiores cerca de la portería contraria, la Fiorentina es aun más fácil de defender cuando juega sin nueve, ya que termina rodeando el área en lugar de penetrar en ella. Babacar no termina de convencer a Montella pero lo necesita para generar movimientos de desmarque que den aire a las posesiones generalmente poco productivas de los cuatro miembros del rombo de la medular. Unos ataques que suelen acabar en chuts desde veinte metros, más por obligación que por fe, y redundando en una desesperación al alza según se acercan los finales de partido y no llegan los ansiados goles.

Es por ello que la Fiorentina, sin Rossi ni Mario Gómez, ha pasado de practicar un fútbol muy coral a crear peligro por puro talento individual, especialmente por parte de un Cuadrado que está muy cerca de renovar y de, al menos, dar a los tifosi una buena noticia en el plano deportivo.

Sumar talento con la inclusión como titular de Federico Bernardeschi y reforzar por los costados, junto a la electricidad de Cuadrado, a un Babacar muy útil para el juego vertical por potencia, para tirar desmarques largos y también para estar dentro del área por su envergadura; sería una opción que permitiría a la Fiorentina abrir más el campo, ser más agresiva y directa y tener mejor pegada y cierta capacidad contragolpeadora sin apartarse de su idea de toque y dominio.

Con el descaro, la frescura, la chispa, las asociaciones y la calidad de un futbolista en estado de gracia como el revelador Bernardeschi; Montella puede cubrir el rol en espacios cortos y entre líneas que pertenecía a Rossi y que tanta falta le hace a un equipo que, por otra parte, con Pasqual como suplente, no cuenta con laterales ofensivos que sumen por banda y aporten factor sorpresa. Bernardeschi puede abrir autovías hacia el gol como afilador de una propuesta y una disposición mandonas pero totalmente romas. Y, además, pide a gritos más presencia y titularidades.

La Viola y Montella necesitan mejorar mucho si ambos quieren volver a pelear Europa por tercera temporada consecutiva. Milan, Udinese, Sampdoria y Napoli –cuatro rivales de altura- medirán por este orden dónde se encuentra y donde puede llegar esta Fiorentina en la actual Serie A y si es capaz, asimismo, de dejar atrás la preocupación inquieta para dar paso al bálsamo del gol y de las victorias o, en cambio, pasa a instalarse en un agujero de mayor profundidad al que poder llamar crisis sin paliativos. De momento, solo es marejadilla. Aunque tirando a marejada.

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