Fútbol italiano

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Simone Inzaghi, el nuevo talento de los banquillos

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Siempre es difícil seguir la evolución de entrenadores que comienzan su aventura con los ‘adultos’ desde abajo. Aun más si fueron buenos futbolistas, pero no excelentes, o si vivieron a la sombra, incómoda, de un hermano bastante más célebre. Sin embargo, Simone Inzaghi ha demostrado que puede triunfar en los banquillos por su cuenta, sin necesitar un contexto más o menos favorable e independientemente de la prensa (poco) aduladora.

Desde el inicio. Desde que, a finales de la temporada 2015/16 heredó una Lazio desmantelada por Stefano Pioli, que poco antes había encajado una sonrojante derrota 4-1 contra la Roma. Entonces, se le pidió que llevara a la Lazio a un puerto seguro y consiguió, aun fracasando en el objetivo inicial de acabar en puestos europeos, devolver una identidad al equipo. Ese verano, uno de los más agitados de los últimos años en el club, primero, Inzaghi fue apartado a favor del más mediático Marcelo Bielsa; luego, tras el rechazo de este, se le pidió que volviera.

 

EL INICIO

En la temporada 2016/17, Inzaghi mantuvo el esquema de Pioli (4-3-3) y busca una cierta continuidad también en el estilo de juego. No obstante, la verticalidad que trabajada por el anterior entrenador no fue continuada e Inzaghi prefirió poner al equipo en mejores condiciones para aprovechar plenamente el talento ofensivo. Pioli se apoyaba a menudo en los pases en largo hacia su pivote ofensivo Alexandar ‘Sasha’ Djordjevic y en la capacidad de ataque de la segunda línea. Un mecanismo simple, pero que dejaba las opciones del equipo en manos del azar.

Inzaghi entendió que la mejor manera para salir con velocidad al ataque es apoyarse en la capacidad de Ciro Immobile, espléndido cuando se trata de trazar diagonales e infiltrarse a espaldas de la defensa rival. Así, el técnico de Piacenza apartó el juego en largo y pidió a su equipo sacar el balón jugado al pie, aprovechando las cadenas laterales para apoyar al delantero. La Lazio, además, tiene en Radu, Lulic o Jordan Lukaku a laterales inteligentes con un cierto nivel técnico, capaces de conducir un juego directo y combinar con los volantes.

Las combinaciones en banda tienen el objetivo de alcanzar, avanzados y pegados a la línea de cal, a los dos jugadores más dotados técnicamente de la plantilla: Keita Baldé y Felipe Anderson. El canterano de la Masía en especial realizó una temporada fantástica en el aspecto goleador, con una influencia tal en el juego del equipo que sugirió a Inzaghi un cambio de estructura para ponerle en las mejores condiciones, más cerca de la portería.

Inzaghi no es un entrenador integrista, no es un filósofo como Guardiola, no es un pragmático como Mourinho: es un entrenador con principios de juego bien definidos y reconocibles, pero que no duda a la hora de aportar pequeñas modificaciones partido a partido para acomodar las cualidades de la plantilla y aprovechar al máximo a sus jugadores. No tiene un esquema predilecto, sino una gran flexibilidad para adaptar el sistema a las exigencias del partido. Además, cualidad imprescindible en el fútbol actual, ya se ha convertido en un maestro en el estudio del rival y en la toma de decisiones para frenarlo.

En fase defensiva, Inzaghi se preocupa especialmente en la protección del mediocampo. Utiliza siempre sistemas con tres centrocampistas para evitar inferioridades numéricas y para anular las ventajas posicionales de los rivales. Con ese tipo de alas en busca de la profundidad, la amplitud del campo debía ser asegurada por los movimientos de los volantes en la zona lateral. Sin embargo, de este modo, se dilataba en exceso la estructura posicional.

Consciente de estos defectos, Inzaghi, ya a mitad de temporada, rediseñó el equipo hacia un sistema con defensa de tres. Un mejor control de la zona central se unió a una ocupación constante de los espacios en el medio, desde el momento en el que contaba con dos hombres en ambos pasillos internos y ambos volantes desarrollaron cualidades ofensivas. Uno, Parolo, es magnífica en las internadas por el lado débil del campo; el otro, Milinkovic-Savic, combina una impresionante capacidad física con una formidable técnica.

LEER MÁS: El bueno de los Inzaghi

PUNTO DE INFLEXIÓN

Los entrenadores italianos que, en los últimos años, han adoptado una defensa de tres lo han hecho generalmente para obtener una primera posesión más limpia y una salida de balón más cómoda. Conte, Montella o Sousa estaban preocupados por gestionar mejor el balón en su campo. Inzaghi, en tendencia contraria, quiere que el balón circule lo menos posible cerca de su área. La elección de la defensa de tres busca el control del espacio, antes que el control del balón.

El equipo está más escalonado en amplitud, cubre mejor los cambios y los jugadores parecen haber asimilado los espacios con gran facilidad. En este nuevo sistema, Keita Baldé está más libre para imitar simétricamente los movimientos de Immobile: el primer se orienta hacia el balón mientras el segundo busca siempre el espacio por naturaleza, obligando a retroceder a la defensa rival. Una pareja de ataque perfecta para quien, como el senegalés, necesita espacios por delante.

El 3-5-2 se convirtió así en un trampolín para el equipo y permitió también que los mayores talentos del equipo continuaran una trayectoria de crecimiento en un contexto táctico, técnico y emotivo cristalino. El mismo Keita, Felipe Anderson y sobre todo Milinkovic-Savic destacaron especialmente. Ahora, Luis Alberto también se ha unido a esta lista.

 

LA CONTINUIDAD

Con el inicio de la temporada 2017/18 y los dolorosos traspasos de Biglia y Keita, Inzaghi ha tenido que rediseñar el equipo. Sin embargo, no ha renunciado a los principios de juego aquí enumerados. La llegada de Lucas Leiva ha permitido reintegrar en la posición de regista una menta futbolística cristalina, cubriendo además alguna laguna de posicionamiento sin balón. Luis Alberto, revelación -¿prevista?- de este inicio de año, ha tomado el rol de guiar la asistencia de la fase ofensiva.

Actualmente, Inzaghi sitúa a su Lazio con un 3-5-2 o 3-4-2-1 muy flexible, en el que la mayor preocupación es la de acercar a los dos jugadores de mayor talento, Milinkovic-Savic y Luis Alberto. Sobre el papel, el serbio parte de una posición de volante izquierda y avanza su radio de acción intentando influenciar en las combinaciones en corto. Igual o más que el año pasado, también es el destino de los balones en largo desde la defensa, especialmente desde la derecha hacia la izquierda, aprovechando su incontestable superioridad atlética frente a cualquier rival -especialmente si se lanza contra el lateral derecho rival-.

Luis Alberto, por su parte, inicia junto a Ciro Immobile y baja para recibir el balón entre líneas, dejando progresar la circulación con rápidos pases diagonales -normalmente con el mismo Milinkovic-Savic o con el carrilero-. Cuando los dos consiguen tomar posesión del espacio por detrás de centrocampo rival, es realmente difícil frenar sus progresiones. Basta preguntar a Allegri y a la Juventus, víctima ilustre por partida doble en este inicio de temporada; también a Montella, que vio a su nuevo y ambicioso Milan disolverse frente a la capacidad táctica de Inzaghi.

No es raro, por otro lado, pasar de defensa de tres a línea de cuatro, algo que en Italia ocurre cada vez más frecuentemente. Allegri, Spalletti, Montella y Paulo Sousa ya han acostumbrado al campeonato italiano a este sistema híbrido. En la Lazio, Marusic retrasa su posición y Radu se abre a banda, mientras el mediocampo se dispone también a cuatro. Así, el sistema se convierte en un 4-4-2 muy compacto, ideado para bloquear el juego entre líneas y la profundidad sin retrasar la altura del equipo.

Como de costumbre, el mayor salto para un entrenador es la llegada a un gran equipo, verdadero banco de pruebas. De momento, Inzaghi está llevando a un equipo con medios modestos por encima de algunos gigantes histórico de la Serie A, y lo debe en gran parte a su sapiencia táctica. Simone Inzaghi es un técnico preparadísimo, que refleja a la perfección la nouvelle vague de entrenadores italianos: pragmáticos, preparados, ambiciosos, flexibles, pero con principios de juego difícilmente derogables. Un grupo del que forman parte Antonio Conte, Eusebio Di Francesco, Vincenzo Montella y Massimo Carrera, entre otros, que simbolizan plenamente la renovación táctica -antes que técnica- a la que aspira la Serie A.

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