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Simeone en Casa(Roji)blanca

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Las derrotas, las deudas y las marcas de carmín siempre generan problemas. Pero sólo esto último podría dañar la credibilidad de Diego Pablo Simeone porque su crédito con los rojiblancos roza lo obsceno. Sus aficionados saben que si el Cholo eligió el Manzanares, no fue para tomar las aguas porque le informaran mal; el argentino ya conocía esas aguas y que habían escollado antes tantos jugadores y entrenadores como hombres en los ojos verdes de rubias desconocidas a las cinco de la mañana. Pero es un hombre de retos, con la fe suficiente para batir a Paul Newman comiéndose cincuenta y un huevos duros. Por eso sus llegadas al club siempre coincidieron con épocas complicadas, tan convulsas que habría sido imprudente fumar, encender fuego o mascar chicle. Si la Segunda Guerra Mundial fue el telón de fondo en la Casablanca de Rick, para Simeone en el Calderón lo han sido entornos por los que silbaban intereses, egos y deudas.

‘Todos vienen al café Rick’, todos siguen al ‘Cholo’ Simeone

Sobre su carácter, su ex compañero Kiko declaró como al poco de llegar el argentino al club, tras varios resultados negativos, ya solicitó una reunión de vestuario para reconducir la situación pasando por alto la veteranía de compañeros con más galones como López, Tomás o Solozábal. Tal como si en tu primer día en la cocina de los Corleone desplazas a Clemenza para enseñarle a hacer espaguetis con salchichas y albóndigas para veinte. Aquel vestuario, que coqueteó con el descenso, un año después lograría dos nuevos inquilinos para sus vitrinas, con el argentino como pieza fundamental.

En su segunda etapa como jugador llegó a un equipo sin identidad, que sólo conservaba el pellejo del recuerdo de sus últimos títulos, pero valió para que muchos tuvieran claro que sería el paso previo a su etapa como entrenador. Y ha sido este último ciclo el que ha transformado al Atleti para siempre, reciclando un montón de escombros en el Abismo de Helm. Ha mutado un club ideal para rellenar noticias con su última calamidad en un EQUIPO, con mayúsculas, instalado en una molesta porción de las portadas. A su llegada, el Atleti se había acostumbrado a perder la rueda de sus mejores jugadores que desertaban ante proyectos mucho más sugerentes. A veces, tan solo un poco más sugerentes. Pero el argentino lo ha cambiado todo, en tiempo récord y con ideas muy claras desde el primer día. En sus primeras declaraciones como entrenador dejó claro que quería que el Atleti volviera a ser un equipo complicado de vencer, devolverlo a la élite del fútbol y recuperar el contraataque como identidad. Y vaya si lo ha hecho. Alejado del fútbol de castillos y princesas y manejando códigos como el compromiso, el trabajo y la ambición, ha convertido la defensa del Atleti en la Línea Maginot, ha ganado títulos y, sobre todo, recuperado la identidad y la estima olvidada.

Diego Pablo Simeone. Champions League 1996 | Getty

En el Café de Rick nada escapa al control de su dueño. Los empleados tienen interiorizados sus métodos e igual se ocupan de atender a los clientes, las mesas de juego que de mantener la luz justa para que el local conserve su excelente mala reputación. Incluso hay empleados como Sam que prefieren rechazar mejores ofertas y quedarse fielmente sentado al piano de Rick´s, porque están mejor allí. Me trae a la memoria a Juanfran, Godín o Gabi, columna del Atleti, que también rechazaron propuestas. Eligieron quedarse con Simeone porque creen en su proyecto sin fisuras, porque su fidelidad al liderazgo del argentino es a prueba de halagos y el magnetismo que impone la figura del Cholo en el Atleti nadie la cuestiona. Es su indiscutible líder.

El liderazgo no se compra. Es una cualidad innata, independiente de edad o procedencia, que brota en las crisis, las derrotas o la elección de los burdeles. Cuando se le atribuye gratis a alguien rápidamente se le advierten las costuras. Bogart tenía esta cualidad y por ello fue un emblema de su generación. Incluso fue el cabecilla de aquel grupo de actores que formaron el Rat Pack. Por su carisma y estilo, él y sus personajes fueron tendencia durante años, con una imagen de galán, cínico y de pasar con whisky el agua con que tragar las pastillas. Bogart traspasaba las pantallas con sus actuaciones. Calaba tanto en los papeles que es forzoso llevar la ropa a la tintorería para quitar el humo de sus cigarrillos tras ver sus películas.

“Esta vez, seremos los vencedores” | Getty

Simeone es otro líder incuestionable cuyo mensaje traspasa lo puramente futbolístico. De estética negra impecable, parece que hasta las derrotas se las diseña su sastre. Con el rostro cargado de muescas, a juego con sus antecedentes, su gestión de las plantillas nos recuerda a la de Rick, sin hacer planes por adelantado, partido a partido y sin jugarse el cuello por nadie. Cerci o Jackson Martínez lo comprobaron en carne propia. Respecto al Atlético, el equipo es un reflejo de las cualidades que tuvo el argentino en el campo: ambición, pasión y compromiso. Pocos recuerdan a otra estrella defendiendo en su área pequeña como se puede encontrar ahora a Griezmann. Y esos valores, más allá de los títulos logrados, los ha implantando por su liderazgo, ese por el que los jugadores le seguirían aunque les pidiera participar en el desembarco de Normandía. Porque los jugadores lo harían, le seguirían como al Capitán Miller le seguían sus hombres, para rescatar al cuarto hermano Ryan, al quinto o al cuñado de un vecino.

Dos veces se le escapó a Rick la mujer de su vida. Primero en París y más tarde en Casablanca. Dos veces a Simeone, en el último momento, le voló su sueño cuando ya lo tocaba en Lisboa y Milán. Pero no basta eso para rendirle. El argentino es de los que podría curar un balazo con una ducha y un par de aspirinas. No es de los que se arrugan y lo seguirá intentando, con la convicción del que tiene la certeza de estar en el bando correcto y donde los triunfos requieren más esfuerzo. Y, sobre todo, en el que él ha elegido más allá del resultado. Con las palabras de Víctor Laszlo grabadas a fuego en la memoria: bienvenido a la lucha. Esta vez seremos los vencedores.

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