Italia

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Siamo tutti CON…TE

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La moda nace en Italia pero la selección italiana nunca es la moda. Nunca ha sido favorita, siempre menospreciada, olvidada y no será por falta de méritos o proezas. A lo mejor era porque era la más guapa. Un mundo injusto y olvidadizo con esta selección, cada torneo que se juega, recuerda a un grupo de combatientes con una misma idea. Un estilo de juego único, adaptado a jugadores y sistemas pero con una esencia intacta. Qué rugen desde antes del inicio del partido y no mueren hasta una vez escrita el acta. Para matar a Italia, se necesita más que una bala y alguna que otra vida.

 

En la noche de ayer, Alemania y el infortunio de 18 penalties mortales acabaron con la bestia negra de los veteranos alemanes. A la novena fue la vencida. Nunca antes en su historia los alemanes habían derrotado a los italianos en un gran torneo. La campeona del mundo necesitó algo más de tres horas para tumbar a unos italianos que si la sociedad les olvida por falta de calidad o de estrellas, la historia siempre le hace un hueco entre los gigantes. Si Italia es historia es por las cuatro estrellas que luce en el pecho y su historia que siempre le ha obligado a crecer.

Italia siempre aprende y pocas veces muere, solo pierde. Antonio Conte es uno de los hombres de esta Eurocopa. Un grupo dirigido por este hombre solo tiene un camino, la verdad. Formó grupo, hizo canalizar una idea y se aislaron de lo demás. Solo cuatro italianos eran indiscutibles en su sistema, los guardianes de atrás, la BBBC. Por donde todo equipo debería de empezar. Su base juventina, hombres y no nombres, hombres que lloran y no quieren marchar, hombres que matarían por una idea. Buffon, Barzagli, Bonucci y Chiellini. La solidez que han demostrado durante todo el torneo no solo han transmitido seguridad, además ha contagiado a un grupo que sí alguna vez ha dejado de creer llevados por las masas, los recuperaron para la guerra. Eran los padres de esta selección, los representantes de Conte en el campo. Todo lo demás se fue adaptado en función del rival. De Rossi o Parolo, Florenzi o Darmian.

 

Ante Bélgica, la madre de las modas, Italia presentó sus bazas. Solidez, seguridad y vértigo. Bonucci filtraba por doquier y los de arriba buscaban la esperanza en forma de espacios. Sin balón, el cuenta kilómetros se disparaba. No es correr sino correr bien, ya lo explicaba Simeone. “Uno tiene el balón no más de 3/4 minutos en todo el partido. Si jugamos 90 minutos, son muchos minutos sin balón, lo que te das cuenta que el jugador corre mucho más que tiene el balón. Uno debe aprender a correr”. 

Sólo un gol encajado antes de enfrentarse a la selección española, su bestia particular en los últimos años. Le eliminó en cuartos de la Euro en 2008, le apedreó en 2012 y le eliminó en la tanda de la Confederaciones en 2013. El pasado lunes, Conte y los suyos acabaron con el ciclo español. El primer tiempo para deleite de los italianos, el resultado fue abrumador y no en cuanto a resultado que pudo ser mayor pero sí contra juego e ideas. Un equipo juntaba a once nombres en el campo, el otro alistó a once hombres para la batalla. Con la victoria ante España, el éxtasis se disparó, parte de la nación que había dejado de creer, se reenganchó con Italia al televisor. Fue el lazo de unión entre pueblo y selección, antes de la madre de todos los partidos, Alemania-Italia, aquel partido que tantas alegrías había deparado para el pueblo italiano.

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El resultado ya lo conocen. Fueran los once que fuesen, con el himno se comenzaba ganando. Es un canto a la esperanza. No se trata de poder, se trata de saber que puedes. Y el himno parecía recordárselo a todos aquellos italianos que se abrazaban en el campo. Era una llamada a la historia. El Fratelli D’Italia al unísono, sin pitos ni remordimientos. Nunca hay que olvidar quienes somos y en Italia lo saben. Una Italia con Parolo, Sturaro y Giaccherini en el medio campo aguantó con sangre y sudor más de tres horas de batalla. Los campeones del mundo se adaptaron a los italianos para poder mirarles a la cara. Las portadas de Italia tras perder una tanda apasionante son bien distintas a las de 2008 cuando España ganó la tanda de los cuartos con aquel penalti de Cesc Fábregas.

Conte ha conseguido unir una selección que se caía a pedazos, ha unido a un país que había dejado de creer. Con jugadores algunos muy mediocres, ha conseguido que el campeón se adapte para poder hacerle frente. La motivación y la unión les hizo crecer y con los padres en la retaguardia, la confianza se disparó hasta los penalties. Conte ya no es el triunfo de un estilo, es el estilo de un triunfo. Como dijo el seleccionador, no es un adiós, es un hasta luego. Y recordad, Italia nunca muere, solo pierde. Revisen el acta que el muerto puede estar cojeando. Y gracias Conte, siempre contigo.

 

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