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Sevilla y Valencia: una rivalidad, dos puntos de vista

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“Hay una rivalidad deportiva que ha ido a más. Antiguamente el Valencia marcaba una superioridad y ahora los dos equipos son capaces de disputar títulos y son claros aspirantes a jugar Champions. He vivido esta rivalidad en ambos lados y a eso se le une los sentimientos de las semifinales del año pasado. Esto hace más grande al fútbol, al Sevilla y al Valencia”. Son palabras de Unai Emery, actual técnico del Sevilla FC, que anteriormente dirigió al Valencia CF. En ellas nos inspiramos para explicar esta rivalidad desde dos puntos de vista: uno desde Valencia y otro desde Sevilla.

 

 

Un choque de trenes más allá del AVE

Por: Domingo Ortiz

El valencianismo siente la rivalidad con el Sevilla como algo nuevo. Como ese viaje a territorio desconocido al que se llega con lo puesto, sin dinero y con solo una maleta de mano. Recuerda al universitario que se presenta en el aula magna de su facultad y observa a todos como forasteros, sintiendo su desubicación y apreciando con pulcritud que el sentimiento foráneo también tiene camino de vuelta. O al momento donde uno coge el volante por primera vez en esas prácticas que tienen su punto definitivo con la ‘L’ en la luna trasera.

Cuando el 9 de Mayo de 2004 el Valencia consiguió ganar la Liga -la segunda en tres años- en el Ramón Sánchez Pizjuán, con Vicente y Baraja subiendo en ascensor hasta el olimpo blanquinegro, no se sentía hostilidad alguna entre dos aficiones que hoy se miran y sienten la porfía. El Sevilla, históricamente, nunca optó por las mismas cotas. Solo hay que acercarse a la historia o hemerotecas. O a las vitrinas. Pero la eclosión de los sevillistas en la última década traducida en logros maravillosos, sirvió como acicate para que, desde la capital hispalense, se entrara en comparación permanente y se obviara lo conseguido por el Valencia desde 1919.

Quizá por desbancar a los suyos en el arte de levantar títulos, por algunos comportamientos de un valencianista como Palop cuando se enfrentaba a su equipo del alma, por los reiterados desaciertos arbitrales, por la ‘destreza y maña’ de algún delegado… o acaso por todo a la vez. De lo que no hay duda es que hoy Valencia sí siente al Sevilla como rival deportivo. Y directo, francamente. El gol de M’Bia en el descuento, que privó al Valencia de viajar a Turín cuando Mestalla lo veía acabado, no ha hecho más que agrandar la ojeriza y animosidad hacia los de Nervión. Solo faltaba, para que la conexión entre las dos entidades rozara el surrealismo, que los siempre discutidos Unai Emery -sigue sin devolver la insignia- y Éver Banega, o incluso el séquito de jugadores (Pareja, Iborra, Gameiro, Bacca, Tremoulinas, Iago Aspas…) que tenía en agenda el ex director deportivo del Valencia, Braulio Vázquez, fueran aterrizando en Sevilla uno detrás de otro. Pero no por el dolor que provocaron sus marchas o no llegadas a Mestalla, sino porque la historia contemporánea Valencia-Sevilla sigue teniendo vagones en el tren repletos de cuentos y tradiciones.

Y si me preguntan, adoro las jácaras y costumbres. Y, hoy, ya me es familiar la competencia y pique –sanos- entre dos equipazos, dos grandes entidades que quieren permanecer en la picota el mayor tiempo posible. Lo que el fútbol ha unido que no lo separe el AVE.

 

 

Cuando la piedra se convirtió en montaña

Por: José Gavilán

Históricamente, es innegable que el palmarés del Valencia CF es superior al del Sevilla FC. Siendo un club con solera, los de Nervión no han sido del todo constantes a la hora de ganar títulos en el siglo XX. Todo lo contrario que el club ché. La rivalidad se podía ejemplarizar como si un gigante paseara siempre por el mismo camino y a veces, se topaba con una piedra minúscula. No hacía daño, es más, ni tan siquiera la sentía. Pero los tiempos han cambiado. Mientras el gigante se encorvaba por su enfermedad, la piedra se hacía grande y más grande. El gigante, obcecado, se resistía a cambiar su senda, pero ahora, cada vez que rozaba aquel peñón, se rompía el tobillo. La piedra se hizo montaña y el gigante, enano. La historia cambió y la rivalidad se creó.

Los duelos directos han sido quizás, el punto de partida de tan novedosa -y caldeada- rivalidad. En los últimos 5 años, además de los enfrentamientos ligueros pertinentes, se han disputado 3 eliminatorias que han servido para aumentar la temperatura en ambas ciudades, aficiones, prensa e incluso vestuarios. La dinámica ya empezó a cambiar 3-4 años antes. El Sevilla FC era ahora el equipo que triunfaba en competición copera y que lucía su escudo victorioso por los estadios europeos, llegando a proclamarse incluso ‘mejor equipo del mundo en 2006 según la IFFHS’. Pero como digo, las 2 eliminatorias de Copa del Rey (08/09 y 11/12) y por supuesto, la de Europa League (13/14) han sido fundamentales para que exista la rivalidad que hoy tratamos. Todas ellas resueltas de la misma manera. Quien pasó de ronda fue el equipo que marcó más goles fuera de casa, es decir, hablamos de eliminatorias igualadas, emocionantes, tensas y por qué no decirlo, nocivas para el que sale peor parado. Squillaci fue el primer Mbia. En la eliminatoria de Copa de 2008/2009, el galo remató un balón que quedó suelto en el área pequeña de un Valencia, que por aquel entonces dirigía Unai Emery. Y fue en el último minuto. La piedra ya era peñón.

Y llegó Mbia. Para consolidar una relación, ya sea de amor o de odio, deben existir momentos álgidos necesarios. El remate de cabeza del camerunés es quizás, el más significativo. Si la piedra ya era peñón, aquel día se convirtió en el Everest de Mestalla. Rápidamente la luz se transformó en sombra. El daño se hizo mayor cuando además, el Sevilla FC lograba su 3ª UEFA Europa League en Turín.

Un factor quizás también influyente, sea el número de jugadores que han vestido ambas camisetas. Y pienso que es influyente porque en la mayoría de ocasiones, demostrar en un lugar lo que no te han dejado en otro, puede resultar motivante. Quizás, el mejor caso para explicarlo sea el de Palop, extremadamente estimulado cada vez que jugaba ante un equipo en el que siempre se le trató como suplente. “Los derbis y los partidos ante el Valencia son los que marco en el calendario” llegó a decir el guardameta de La Alcudia. En los últimos años, el puente aéreo entre la capital del Turia y la andaluza, ha sido especialmente concurrido. Marchena, Keita, Stankevicius, Alexis, Javi Navarro, Maduro o recientemente, Negredo y Éver Banega han defendido ambas elásticas. Así como entrenadores, Otto Bumbel, Luis Aragonés, Víctor Espárrago o Unai Emery, por nombrar alguno de ellos.

Dicen que el roce hace el cariño. Permítanme que discrepe. Sevilla FC y Valencia CF luchan desde hace unos años por ser el 4º equipo de España. Cada temporada, unos y otros buscan ocupar el puesto que le otorgue la clasificación para Champions League. Y la rivalidad aumenta. Llegará el día en el que el hoy será el ayer, y cuando dentro de unos años pensemos, ¿Por qué existe tanta hostilidad entre Sevilla y Valencia?… aquí podremos encontrar algunas de las claves que nos lo explique.

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