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Sevilla FC, tres momentos que cambiaron el destino

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La historia se escribe trazo a trazo, letra a letra. A veces, los recuerdos memorables tardan en aparecer y podemos encontrarlo al final de un camino sinuoso, pero a la vez, preparado para dejarnos preciosos paisajes en su recorrido. Es la historia del Sevilla FC. Más de 100 años de recuerdos, con penurias y alegrías, donde la máxima notoriedad se alcanzó en los metros finales del recorrido. La última década del club hispalense nos ha dejado varias imágenes para el recuerdo, pero tres, destacan por encima del resto. Tres recuerdos inolvidables, tres garbanzos colocados en un camino por si algún día, inmersos en la confusión y la desorientación, ayudan a volver a encontrar la senda del paraíso.

La eterna zurda de diamante

El Sevilla FC, conocido en Europa, empezó a hacerse célebre en el viejo continente un 27 de abril de 2006. Tras 190 minutos sin goles, la eliminatoria ante el Schalke 04 seguía su curso en una prórroga en la que el respeto, era el máximo protagonista. Los mineros atacaban hasta que Pep Martí cortó la pelota. El conjunto dirigido por Juande Ramos lanzaba una contra que acababa en banda derecha. Un joven Jesús Navas se apoyaba en Dani Alves para encontrar un centro idóneo. El balón se paseaba por la frontal hasta llegar al pico izquierdo del área. Sin pararla, sin pensárselo, sin dejar al defensa cerrar espacios, sin dudar, sabiendo que era el momento de hacerse eterno, de llevar al Sevilla FC a su primera final europea, Puerta se hizo grande. La zurda de diamante brilló para deslumbrar a Europa. Un mes después, en Eindhoven, Antonio Puerta saltó el terreno de juego con 3-0 en el marcador y la UEFA sintió por primera vez, lo que es tener un con un color especial.

La pantera de La Alcudia rugió en Ucrania

 

La función del guardameta está muy definida. No encajar goles rivales es el objetivo de todos ellos, llegándose a convertir a veces, en un ejercicio de inmolación. La responsabilidad y el compromiso individual, al servicio del equipo. Pero en algunas ocasiones, la vida y el fútbol te depara momentos únicos. En Donetsk, Andrés Palop vivió -y nos hizo vivir- uno de ellos. La pantera de La Alcudia cambió de piel, y de presa. En Ucrania, al Sevilla FC le faltaba oxígeno y tiempo. La necesidad de un gol para igualar la eliminatoria de octavos ante el Shakhtar llegaba a su fin. 7 goles en toda la eliminatoria hasta el minuto 93. El 1-2 aparecía reflejado en el Estadio Central de Donetsk. Dani Alves se disponía a centrar el que parecía ser el último saque de esquina del partido. Alguien, vestido de otro color, emergía entre 20 futbolistas blancos y naranjas, libre de marca. Andrés Palop obró el milagro. El gol permitió 30 minutos extras posteriores y Chevantón hizo el resto. Los porteros pueden llegar a transformarse en superhéroes, normalmente lo hacen en su terreno, en su área, donde se siente cómodos, excepto uno: La pantera que nos hizo rugir un 15 de marzo de 2007. Dos meses después, Palop volvió a ser el gran protagonista en Glasgow. El 2º título europeo se consiguió tras una tanda de penaltis inolvidable. Pero nada hubiese pasado sin aquel giro de cabeza.

El mejor baile de Mbia

 

La suerte es una recompensa que sólo los que la buscan, la encuentran. Hablar de buena suerte del contrario es un ejercicio de inmadurez y cobardía. La mala suerte se merita, la buena se rastrea. El Sevilla FC la buscó y la rebuscó en la Europa League 2013/2014. Hasta que la encontró. El partido en Valencia no empezó bien. La renta del 2-0 cosechada en Nervión se esfumó en menos de media hora. Mestalla apretaba y el conjunto ché se agigantó, dando la vuelta al luminoso. Tal y como indicaba David Albelda en la Cadena Cope, la eliminatoria no peligraba en ningún momento. Pero afortunadamente -para el sevillismo- Albelda fue mucho mejor centrocampista que visionario. Coke sacaba de banda en busca de la torre más alta del Sevilla. Fazio peinaba y mientras tanto, Mbia ya aparecía por detrás para hacerse inmortal. Emery corría como pollo sin cabeza, los sevillistas no podían ver lo que sucedía en el terreno de juego por culpa de las lágrimas, la capital de Andalucía sonó en el mundo al grito de ‘¡GOL!’, seguido de un ‘no me lo puedo creer’, y mientras tanto, el camerunés de Yaoundé bailaba en la esquina al ritmo de finalista. Previamente, Betis y Oporto ya se dieron cuenta que la suerte es la recompensa de la constancia. Aquel 1 de Mayo, también quedó claro en Valencia. La 3ª UEFA, ya estaba cerca.

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