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Sergio Rico, la superación de un muro infranqueable

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No hay nada más difícil que adentrarse en lo infranqueable, pisar la tierra que nadie ha pisado. No hay nada más emocionante que hacer lo que nadie ha hecho, ser el primero en algo, dejar huella.

Incluso el muro más alto, fuerte y resistente, se puede superar. Porque en el fútbol como en la vida, no hay nada imposible. No hay equipo invencible, al igual que incluso el muro más alto, fuerte y resistente se puede superar, a aquel equipo al que parece prácticamente inimaginable ganar, se le puede vencer.

El estadio de Gran Canaria daba la sensación de ser lo más parecido a una fortaleza en La Liga. Con un ejército de 11 increíbles jugadores que se encargaban de que nadie saliera victorioso de cualquier batalla librada en territorio canario, nadie había ganado allí.

Por lo tanto, la UD Las Palmas parecía tener ese gran muro increíble del que nadie pasa, un muro que se aseguraba de que nadie pisara el dulce suelo de la victoria. Llegaba otro ejército a intentar conquistar lo infranqueable, después de que docenas de ejércitos más hubieran caído allí mismo. Llegaba el Sevilla, con hambre de victoria.

Se citaron a luchar un domingo de febrero, con un Las Palmas al que no le iba tan bien en las luchas fuera de casa, como 11º clasificado. El Sevilla por su parte, era 3º, en lucha por ganar la mayor de las batallas y conquistar La Liga.

Uno de los 11 elegidos del conjunto andaluz, iba a estar especialmente inspirado esa jornada, se trataba del guardameta Sergio Rico. En una de sus mejores temporadas, el portero internacional español, iba a librar una de sus mejores actuaciones esta temporada. Quizás hay batallas que están destinadas a ser decididas por un guerrero en particular. Esta fue una de ellas.

El partido fue de ida y vuelta durante los 90 minutos, y Sergio paró todo lo parable (y lo imparable, también). Parando cada flecha, en forma de balón, lanzado por la ofensiva canaria, consiguió que su equipo se viera imbatido. Rico fue totalmente decisivo en los momentos en los que el ejército amarillo de Gran Canarias dominaba el partido, y su equipo lo pasaba peor.

Fue un gol de un suplente, uno de esos que tan bien le funciona al Sevilla, el que decidió el partido. Correa anotó el gol en el 80´ que desató la locura andaluza. Fue la gota que colmó el vaso de la imbatibilidad local. El Sevilla había conseguido pisar el virgen suelo de la victoria en tierra canaria, lo había conseguido asaltando el alto y aparentemente infranqueable muro.

Sergio Rico fue sin duda el hombre del partido aquel día, el caballo de troya de esa particular batalla, convirtiéndose él en el único muro infranqueable.

A veces la mejor defensa es el mejor ataque, es la mejor de las traducciones posible para este partido.
Es la magia del más puro fútbol, que convierte lo infranqueable en accesible, convierte la palabra ‘imposible’ en algo totalmente condenado a no servir nunca.

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