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La pasión de Sergio Canales

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La parte más oscura del deporte, sin duda alguna, son las lesiones. Tales inesperados infortunios han acabado con las carreras de prometedores deportistas como Brandon Roy, amén de otros muchos quienes no fueron enviados al dique seco pero sí lastrados de por vida después de pasar por el quirófano.

Una de sus múltiples víctimas, en este caso intento de víctima, tan solo, ha sido Sergio Canales. Pero el cántabro ha sido más fuerte que ellas y no han podido retirarlo de la circulación. Una vez derrotada su kryptonita, hay pocas cosas que le pueden parar ahora. Declaró el jugador de la Real Sociedad tras su reaparición ante el Alavés en un amistoso tras ocho largos meses de calvario. El fútbol te debe una compensación a tanto sufrimiento, Sergio. Y la tendrás. Estoy convencido.

Nunca un futbolista despertó tanta expectación en ‘La Tierruca’ cántabra como Sergio Canales. Desde su debut se vislumbraba que era distinto, que tenía algo de lo que el resto carecía. Su menuda apariencia ocultaba tras de sí un talento que nadie podía poner límite, un descaro impropio de un adolescente, sus conducciones con la zurda recordaban a Messi o Maradona, su golpeo de falta no tenía comparación en la plantilla del Racing y echarse un equipo a la espalda, tan joven, no es lo habitual. Debutó con 17 años el 5 de octubre de 2008 ante el Osasuna y a pesar de ser menor de edad alternó el primer equipo con el filial racinguista. Pero la temporada de su explosión sería la siguiente, 2009/10.

Difícil recordar una ilusión igual en la grada del Sardinero por ver a un solo jugador. Los más mayores del lugar han disfrutado de grandes futbolistas pasar por los Campos de Sport y los niños han soñado ser como sus ídolos; pero como Sergio, pocos. Un halo de grandes equipos enviaba ojeadores a verlo en directo cada semana para hacerse con los servicios del cántabro y prueba de ello fueron los 4.5 millones de euros que el Real Madrid pagó por su traspaso. Se doctoró en primera división ese año. Disputó 26 partidos en Liga, anotó seis goles -la cifra más alta de su carrera en competición doméstica- y dejó un recuerdo que ningún racingusita olvidará nunca. Una fecha. Y un estadio. El 9 de enero de 2010. El Ramón Sánchez Pizjuán.

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El Sevilla ya era uno de los equipos más potentes de España y el Racing un humilde con el objetivo de la salvación. Y Canales un adolescente que aquella tarde en Nervión realizó una exhibición individual como pocas se recuerdan a su edad. Corría el minuto 26 de la primera mitad cuando marcó su primer gol de la tarde con una vaselina perfecta y tan solo diez minutos después firmó el doblete con un gol hermano de uno que hizo Maradona con el Barça en el Santiago Bernabéu en el ’83. Regateó a Palop arrastrando el balón con su pierna izquierda y, con la sangre más helada que Kimi Raikkonen, esperó y recortó al defensa para sellar su clinic en Primera División. Cuando salió del campo, el Pizjuán le agradeció su oda al fútbol con una ovación que ni Messi ni Cristiano Ronaldo han tenido nunca en Sevilla. Y ni un solo gesto de ego, narcisismo o prepotencia. Agradecer al pasador los servicios prestados, como si el resto fuera fácil.

‘Este chico no sabe meter goles normales’. Sonreían entre chascarrillos los aficionados del Racing en la grada del Sardinero cada vez que Sergio hacía lo que mejor sabe hacer. Divertirse. Una vaselina ante el Valladolid, un disparo imparable desde la frontal ante el Villarreal, una falta directa en ‘El Sadar’… ‘Que poco nos va a durar’. ‘Ojalá escoja bien’. La Gradona sabía que se iba a ir. Que se tenía que ir. Quién sabe dónde podría llegar. Real Madrid, selección española… El techo de la carrera de Sergio Canales estaba aún por construirse hasta que las lesiones atacaron los cimientos sin piedad. En el Real Madrid de José Mourinho no pudo disfrutar de todos los minutos que un jugador joven necesita, lógicamente, puesto aquella plantilla estaba conformada por algunos de los mejores futbolistas del mundo.

Por ello fichó por el Valencia. Para sacar a la luz todo su potencial. Pero las lesiones se lo impidieron. Dos gravísimas en la rodilla lo apartaron de los terrenos de juego demasiados meses. Con la consiguiente pérdida de continuidad, confianza, y el miedo. El maldito miedo a recaer. A volver a pasar por el dolor, el quirófano, las intensas sesiones de recuperación, los partidos desde la grada… el terror de todo futbolista. La Real Sociedad se hizo con sus servicios en un nuevo intento de recuperar la forma. Y cuando parecía que todo el pasado estaba enterrado. Cuando jugaba con regularidad. Casualmente, en el Bernabéu, en la que fuera su casa, volvió a lesionarse de gravedad.

Cualquier otro habría abandonado. Lo más fácil es tirar la toalla, decir basta. Pero Sergio no es así. Rendirse no es una opción válida, en ninguno de los casos, ya que por largo y oscuro que parezca el túnel siempre lo precederá la luz. Y tras otros ocho largos meses de gimnasio, piscina y partidos desde la grada; Sergio ha vuelto a su hábitat natural: el terreno de juego. De donde quieren arrebatárnoslo pero no lo conseguirán. Como dice su compañero y amigo Esteban Granero: “Si buscáis una persona que pueda con todo a base de talento y ambición os la presento: Sergio Canales”. Querido amigo, me permito tomarme esta licencia tras estas líneas para decirte que el fútbol te debe una. O dos. O tres. Y que lo conseguirás. Claro que lo conseguirás. Porque las lesiones no te impedirán repetir aquella tarde mágica de Sevilla, no te prohibirán jugar al fútbol, divertirte, se acabó todo el sufrimiento y, sobre todo, nunca te arrebatarán la sonrisa que te caracteriza. Ni la pasión. Suerte, amigo. La mereces.

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