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Sergi Roberto, el rey del mundo

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Cuando Rose DeWitt Bukater presenció su imagen desnuda firmemente trazada por el carboncillo de su amado en la pantalla del televisor sintió una mano abrazando su alma, encogiendo su ser por una milésima de segundo y sintiendo que toda su vida cobraba sentido por un instante. Ese preciso instante.

La historia de Rose Calvert y Jack Dawson es una de las tragedias más épicas jamás contadas. La joven, de tan solo 17 años de edad, obligada a casarse por conveniencia, está a punto de tirar su vida por la borda cuando Jack Dawson interrumpe su calvario para convertirlo en la historia de amor por excelencia. Un chico de clase baja que salva, enamora y hace vivir los instantes más felices de su vida a una chica de clase alta, infeliz y cansada.

La historia de Sergi Roberto es una oda a la humildad, el trabajo, el sacrificio y la paciencia. El joven, 24 años de edad y apenas uno y medio como actor principal, ha copado con nota el lateral derecho del Barça sin haber jugado ahí nunca antes. Por el equipo, soportando críticas por unas labores que nunca han sido de su menester y que ve como el día más importante del año, la noche en que la obligación consiste en hacer historia, en hacer lo que nunca antes se ha logrado, es relegado al banquillo.

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El Titanic zarpó desde Southampton con dirección Nueva York el 10 de abril de 1912 y se hundió en las gélidas aguas circundantes a la Isla de Terranova cuatro días después. Cuatro noches de amor apasionado para Rose y Jack, de lucha contra enemigos, cadenas y ahogamiento, pero cuatro noches de amor furtivo a escondidas, de besos bajo el reloj, de complicidad, amistad, deseo y corazón. El Corazón del Mar. Lo imposible se hizo posible superando obstáculos contrarreloj para alcanzar el ansiado bote. Su libertad. Su felicidad. Pero no pudo ser.

El Barça naufragó en París el Día de San Valentín y resucitó 23 días después en una de las noches más mágicas que el fútbol recuerde. Noventa minutos para hacer lo que nadie había logrado antes. Noventa minutos de pasión, entrega y corazón que parecían ahogarse el minuto 62 cuando Cavani fusiló la portería de Ter Stegen para hacer el 3-1. Parecía imposible. Tres goles en media hora. Pero nadie contaba con Sergi Roberto que, como Jack, salvó a su equipo de la muerte para elevarlo a la más absoluta felicidad. Uno de los más criticados en la ida por su defensa a Draxler. Entró en el minuto 76 y 19 después culminó la remontada con un toque sutil en el Corazón del Área. El rescate a tiempo que Jack nunca tuvo, la felicidad que Rose recordará eternamente.

 

“No vas a morir Rose. No aquí, no esta noche. No de esta forma, ¿me entiendes?”. Jack se sacrificó por la vida de su amada, luchando contra lo imposible, arriesgando su vida. Sergi Roberto se ha sacrificado por el Barça, fuera de su posición, objeto de críticas, luchando los días menos importantes para limitarse a aplaudir desde el banquillo, si fuera necesario, el gran día. No podía enviar alto aquel balón botado por Neymar, no podía errar ese gol, no podía fallar a su Rose. Una décima de segundo, segundo en el que se congela todo. El corazón de Jack se apagó y el de millones de culés latió como nunca antes. Esta película no podía terminar con Sergi tumbado en el suelo, como Rose en su cama, soñando con lo que pudo ser, con el reloj de las escaleras con la felicidad inalcanzable, con un recuerdo etéreo. Esta oda al fútbol, al corazón, no merecía convertirse en una elegía.

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