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Sebastian Giovinco, el 10 que no pudo ser

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Era el martes de Carnaval 2005, que en el calendario del fútbol juvenil de Italia se traducía en final del Torneo de Viareggio, una competición que por aquellos años muchos consideraban una especie de Champions League Sub-20 para los clubes italianos. Juventus y Genoa se disputaban el título y a falta de 20 minutos, cuando los bianconeri ganaban 2-0, el técnico Vincenzo Chiarenza decidió dar entrada a un pequeñín. Anunciaron el cambio por megafonía: “por la Juventus, sale Davide Arigò y entra Sebastian Giovinco”.

Tenía 18 años pero era realmente minúsculo; parecía sacado de al menos tres categorías inferiores y algunos de los ojeadores en presentes en la tribuna principal del Stadio dei Pini de Viareggio murmuraban con expectación. El ‘fantasista’ mostró un par de números técnicos de nivel superior pero sólo le dio tiempo de tocar dos balones porque en el minuto 81’, un defensa de la Juventus era echado y míster Chiarenza quitaba al pequeñín para dar cabida a otro defensa.

Aquel 2 de febrero de 2005 había nacido la Formica Atomica. El nombre de Sebastian Giovinco empezó a sonar con fuerza. Turinés y juventino, pequeño y un ‘10’: la etiqueta de “heredero de Alessandro Del Piero” fue prácticamente automática y fue ésa su eterna arma de doble filo.

Continuó jugando con la Primavera dos temporadas más conquistando torneos y más torneos, hasta que en mayo de 2007 debuta con el primer equipo en casa contra el Bologna y asiste a David Trezeguet en el gol del definitivo 3-1. El Olímpico de Torino se rinde a los pies del pequeño jugador que, entonces más que nunca, fue bautizado como futuro 10 de la Juventus. Pero el verano de aquel año el camino comenzó a llenarse de obstáculos.

La Juventus lo envía cedido al Empoli junto con Claudio Marchisio, compañero de mil batallas en las juveniles de los bianconeri. ‘Seba’ llega como la gran promesa con una gran responsabilidad: ayudar a que el conjunto toscano mantenga la categoría. Logra 35 presencias, seis goles pero su temporada queda marcada en el partido contra el Udinese en la jornada 37 cuando falla un penal que pudo haber significado un empate fundamental para permanecer en Serie A. Finalmente el Empoli descendería y Giovinco volvería a casa.

En dos años de Juventus, Giovinco encuentra algo de espacio el primer año mientras el segundo sufre más que nadie una de las temporadas más rocambolescas y desafortunadas que se recuerde en la historia de La Vecchia Signora. En la 2009-10 no cuenta con la confianza de Ciro Ferrara primero ni de Alberto Zaccheroni después y para colmo de males, su temporada acaba en abril debido a una lesión muscular de segundo grado. Apenas 19 presencias y un solo gol. Tras aquellos dos años, para algunos ya había dejado de ser el heredero de Del Piero mientras que otro tenían confianza ciega en él.

“Si la directiva no me quiere, no tengo nada que hacer aquí. Después de dos temporadas, no pasaré otro año enmoheciendo en el banquillo, no tiene sentido. Creo que no me merezco el banquillo. Es más, no me lo merezco sin duda por como me he comportado”, fueron las declaraciones de Giovinco a final de la temporada. Ese verano, la nueva directiva le complació y negoció su copropiedad con el Parma.

Fue en el equipo ducal donde encontró la realidad que más se adaptaba a sus necesidades: un equipo de mitad de tabla de posicione, con una plantilla que quizás puede luchar por una plaza en Europa League. El debut es bueno y con el pasar de los partidos, Sebastian Giovinco se convierte en el punto de referencia del Parma. En 66 partidos logra 22 goles en Serie A, entre ellos tres a la Juventus, y se convierte en el noveno jugador del gialloblù con más goles en la máxima categoría del fútbol italiano.

En verano de 2012, en las calles de Turín se contaba que Antonio Conte, entonces entrenador campeón de Italia con la Juventus, quería a toda costa al pequeño jugador y pide explícitamente que lo traigan de vuelta. Al menos eso es lo que cuentan las leyendas metropolitanas debajo de la Mole turinesa. Lo cierto es que la Juventus paga la impresionante cifra de 11 millones por la mitad de Giovinco que volvía nuevamente a Turín.

Volvía a casa justamente el verano que Alessandro Del Piero había dicho adiós a la casaca bianconera y había gran expectación por saber si finalmente Giovinco cumpliría su destino: llevar el dorsal número 10 de la Juventus. Pero no fue así y tuvo que conformarse con la ‘12’.

En estas dos temporadas y media en Turín han ido de más a menos con una 2012-13 con 42 presencias y 11 goles, mientras el segundo año con apenas 1.015 minutos en 30 partidos (10 como titular) y la escuálida cifra de tres goles anotados. Hasta llegar a la temporada actual: apenas 258 minutos y dos goles.

El pasado 19 de enero Giovinco ponía fin a su tormentosa relación de Serie A y sobre todo con la Juventus anunciando que, en virtud de su condición de agente libre a partir del final de esta temporada, había firmado con el Toronto FC de la Major League Soccer. A sus 28 años, ‘Seba’ dice adiós al fútbol que cuenta y se va a la MLS a donde cobrará todo lo que en Europa nadie le ha ofrecido según aseguran.

El adiós a la Juventus podría incluso ser más tormentoso aún porque los últimos rumores apuntan a que el club bianconero estaría negociando la salida inmediata para poder traer a un delantero que se amolde mejor a las necesidades actuales de la plantilla.

El talento de la Formica Atomica no fue suficiente para que La Vecchia Signora le diera esa 10 que parecía escrito en su destino desde aquel 2005  y que prefirió darle al llegado. Un amor imposible que se quedó en el idilio de Primavera, como la categoría en la que enamoró. Goobye Giovinco.

 

 

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