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Saúl, un hombre jugando entre niños

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Saúl Ñíguez es uno de esos jugadores que se crece cuando el rival es más grande, se crece cuando su equipo más lo necesita y responde como el líder natural de raza que exhibe en cada partido que sale al césped.

Ataviado de su muñequera roja y blanca está disputando el Europeo sub-21 que por edad le corresponde pero en el que cada día demuestra que este campeonato se le queda pequeño, porque él no es sub-21, él es absoluto, él es clase mundial.

¿Qué es Saúl? Saúl es el todo, Saúl es el mediocentro que cubre las subidas del lateral, Saúl es el mediapunta que sale a la presión, Saúl es el centrocampista que pelea por recuperar el balón, el ‘8’ es el interior que pugna por el balón aéreo, Saúl es el líder que aparece para abrir el marcador, para deshacer el empate y para marcar la sentencia.

El ‘8’ lideró el pase a la final junto a un Marcos Llorente brillante en la recuperación y un Dani Ceballos de película en cada una de sus maniobras se bastaron para dominar el partido de principio a fin en un día en que ni Asensio, ni Deulofeu, ni Sandro estuvieron acertados en la precisión de los metros finales, la zona que distingue a los buenos de los superclase.

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Ante la Italia de ese portero que brilla en las redes sociales, esos mediocentros de los que nos habían vendido mil y una bondades, esos centrales fichados por la Juventus para liderar el cambio generacional, llegaron Ñíguez y Ceballos, sobre todo ellos dos, para aplastar a Italia en una segunda mitad donde solo un destello de Bernardeschi inquietó la clara victoria de España. Tres a uno, tres goles del mejor jugador del torneo, un tipo que le viene grande este torneo y España a la final.

 

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