random

article title

La FIFI Wild Cup, el Mundial de los otros

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Año 2006, Alemania, Hamburgo, distrito de Hamburg-Mitte, barrio de Sankt Pauli, uno de las zonas más culturales de Alemania, centro neurálgico de la vida nocturna del norte del país teutón, en gran parte, gracias a su famoso barrio rojo. En la ciudad hanseática se jugarían varios partidos de la fase previa del Mundial 2006, así como el encuentro que disputarían Italia y Ucrania en cuartos de final,  con victoria azzurra por 3-0, doblete de Luca Toni y tanto de Zambrotta incluido. Pero no, no hablaremos de aquel campeonato, ni siquiera hablaremos de selecciones o jugadores que disputaron aquella gran cita en Alemania. Hablaremos del FIFI Wild Cup, un torneo paralelo que también tendría lugar en el país germano, concretamente en el barrio del que os hablaba al principio, Sankt Pauli.

Muchos de vosotros, os preguntaréis: ¿qué es la FIFI Wild Cup? Pues bien, las siglas FIFI se refieren a Federación Internacional de Fútbol Independiente, y la Wild Cup -Copa Salvaje-  es el torneo equivalente a la World Cup -Copa del Mundo- que se juega cada 4 años. La FIFA  y la UEFA, solo permiten participar en sus competiciones a estados o países reconocidos internacionalmente, exceptuando ciertos casos como Islas Feroe o las federaciones británicas, que ya estaban creadas antes de los orígenes del máximo organismo del fútbol mundial. Por este motivo, ciertas federaciones independientes se pusieron de acuerdo para jugar en 2006 en Alemania, en Sankt Pauli. Patrocinados por una casa de apuestas (mybet.de), la República Turca del Norte de Chipre, Gibraltar, Tíbet, Groenlandia, Zanzíbar y el propio club del barrio de Hamburgo, llamado para la ocasión, República de Sankt Pauli, disputaron el primer y único FIFI Wild Cup, un torneo que comenzó al grito de “This is a Sepp Blatter free zone”.

 

 

El organizador del evento fue Jorg Pommeranz, y llegó a declarar que tuvo serios problemas para crear dicho campeonato. Pesos pesados como la propia FIFA o la embajada China en Alemania se opusieron de manera notable, e incluso las autoridades asiáticas llegaron a enviarles una carta exigiéndole la anulación de la invitación a Tíbet. El máximo organismo mundial del fútbol se manifestó dejando claro que tenían la capacidad de cancelar el evento, pero hasta lo más complicado -los visados de los jugadores turcochipriotas para entrar en Alemania- se llegaron a conseguir por parte de la organización.

Todos los participantes tenían problemas. Los tibetanos viven bajo el pulgar de China, el norte de Chipre no es reconocido por las Naciones Unidas debido a la invasión de Turquía en la isla en 1974. En Groenlandia no crece la hierba, mientras Zanzíbar fue tragado por Tanzania en la revolución socialista de 1962. “Sólo hay alrededor de 30.000 personas en Gibraltar, y este es el torneo más prestigioso que he jugado en cualquier lugar”, declaró Roy Chipolina, delantero nacido en el peñón.

Pero el caso de la selección del Tíbet fue especial. El equipo estaba compuesto sólo por exiliados tibetanos, muchos de los cuales, como el Dalai Lama, vivían en la India. Vendedores ambulantes, trabajadores de una tienda de piezas de automóviles, y algún que otro monje formaban la expedición de la región más alta del mundo.

Para la celebración del campeonato se formaron dos grupos de 3 equipos, para acabar disputando un total de 10 encuentros desde la primera fase hasta la gran final. Por un lado, el club alemán de la calavera pirata, la selección del peñon más célebre y Los Monjes. Por otro, Los Turcos, los africanos de Tanzania y Los Osos Polares. Tíbet y Groenlandia se quedarían fuera tras perder sus dos partidos correspondientes. En semifinales, los turcochipriotas y Zanzíbar vencieron para alcanzar un hueco en la final, que acabó con 0-0 y 4-1 en la tanda de penaltis a favor de Chipre del Norte, el primer campeón de la FIFI Wild Cup. Y el único.

 

 

En la gran final no se pasó por alto ni un solo detalle. La bandera turcochipriota y la de Zanzíbar ondeaban al viento, los himnos nacionales se escucharon por megafonía, y varios paracaidistas descendieron en picado antes del inicio del partido para entregar el balón de la final. Las mascotas del torneo Schmitz (bajo, gordo) y Schäfer (alto y delgado) hicieron las delicias de los casi 700 aficionados que presenciaban el torneo en el Millerntor-Stadion.

Las presiones recibidas, las alternativas que existían a dicho campeonato, y la escasa repercusión que tuvo en su día, acabaron con un torneo que solo se llegó a jugar en Hamburgo, en 2006, días antes de que las grandes selecciones acapararan todo el protagonismo internacional. La FIFI Wild Cup, nació, se vivió y murió en Sankt Pauli.

VIDEO

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Artículos relacionados