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Samuel Eto’o: el león indomable de París a Roma

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No sé si mis recuerdos serán compartidos con ustedes, entre todos es sabido que nuestra mente es un paradigma por descubrir. Un aroma, una frase o una imagen quedan grabadas en nuestra memoria para su posterior reproducción. Dicen que los contextos que visten ese recuerdo es producto de nuestra imaginación. Pues bien, de Samu, como le conocían sus amigos, yo recuerdo una furia incontenida, sin importar el momento, corría igual; detrás del balón, con el balón en los pies y una vez el balón reposaba en la red para su inmediata celebración, solo le recuerdo corriendo, rapado al cero, siempre listo para la guerra dentro o fuera del campo, a veces enfadado y otras sonriendo. Eto’o decía lo que pensaba sin importar el momento o el destinatario, el mensaje era igual, claro y directo como su juego, con los ojos clavados hacia la portería rival.  La historia moderna del F.C.Barcelona lleva su puño y letra, de París a Roma siempre corriendo. Un carácter incontrolable bajo un lema que quedó en el recuerdo desde su primer día como azulgrana: “Yo no soy un chico que dice si voy a meter 50 goles pero yo sé que correré como un negro para vivir como un blanco, seguro que correré”

 

Trajo al Barcelona lo mismo que Ronaldinho: felicidad. Dos chicos que se entendían, reían, eran buenos amigos, encima aportaron un fútbol al que no estaba habituado en los últimos años el respetado del Camp Nou, un repertorio de magia, regates, goles y finales. Una historia que a día de hoy se recuerda por títulos conquistados y entonces la etapa fue mucho mejor olvidando aquellas mezquindades. Este Barça moderno y caprichoso se ha olvidado de la selección de partidos históricos que todo equipo y aficionado alberga en su memoria, también de sus jugadores ya que cada cual que aparece hace olvidar. El Barcelona ha llegado a tal punto en los últimos años que recuerda finales; París, Roma, Wembley, Berlín, todas ganadas. Sencillo parece decirlo, un poco más complicado resulta convertirlo y en estas estaba Samuel Eto’o cuando llegó.

Sin tiempo para descansar y con ansías por demostrar todo aquello que sucedió en Baleares, en su primer año anotó 25 goles. Uno de tantos, anotado en el Ciutat sirvió para coronar al Barça campeón. El primer campeonato doméstico del Barcelona en el nuevo siglo, el primero tras cinco años de desolación. Ahora bien ya sonreían un poco más en el global. Desde ahí hasta París fue mostrando su repertorio, corría hasta el banderín; a veces le golpeaba, en ocasiones se apoyaba y otras comandaba. El Barcelona echaba de menos un antílope, voraz y ferviente con agallas y sin perdón frente a la portería rival.

En París, recuerdo el gol de Campbell como aliciente a la remontada culé. La lluvia era el escenario ideal para posiblemente el primer partido-título recuerdo de este Barça moderno. Bajo las gotas de lluvia, la suavidad de Larsson en cámara a lenta para la posterior arrancada de Samuel, desde atrás sorprendiendo a su presa, sin tiempo para reaccionar. Sigo viéndolo y no sé como fue, si aposta o fruto de los nervios, el suave golpeo de Samu es lo necesario y justo para superar con eficacia a Manuel Almunia. Y entonces, a correr…poseso de felicidad, de un orgullo herido que comenzaba a cicatrizar, una bestia que despertaba, un gigante dormido.

Meses más tarde, se lesionó de gravedad del menisco de su rodilla derecha. Infortunio que le tuvo alejado de los terrenos de juego por un largo período. Tiempo antes de uno de sus grandes partidos. La visita a la que fue su casa al Santiago Bernabéu para acabar siendo aplaudido. El Barcelona saltaba al coliseo con Ronaldinho, reciente Balón de Oro, un joven bajito de pelo largo con el 30 a la espalda llamado Leo Messi y Samuel, un gladiador herido de orgullo que tenía asuntos que arreglar. Fue 0-3 con una exhibición de Dinho y del Barça en general. Quién no recuerda aquel bigote rendido entre aplausos al juego ofrecido por el eterno rival. Eto’o dejó su sello de identidad, una puntera justa y necesaria para batir a Casillas y recordar a Florentino, uno de sus grandes errores.

En su último gran servicio, llegó Guardiola para hacer subir y bajar aun más a Samuel en un vaivén de emociones, una aventura de la que Guardiola ya avisó: abrocharos el cinturón. El técnico de Santpedor anunció que no contaba con Eto’o al comienzo de la temporada, quien sabe como y porque el jugador siguió defendiendo los colores del club una última vez. El Barça hasta la fecha protagonizó el mejor año de su historia, consiguió el triplete deseado; Liga, Copa y Champions. El león indomable firmó su mejor temporada en punta de ataque, 36 dianas en el global de todas las competiciones y esta vez el escenario fue Roma. Días antes, en el campeonato doméstico con Henry y Messi pero sin Ronaldinho, lo volvió a hacer. Fue 2-6 en el Bernabeú, la gran humillación a los blancos en su feudo. Y al término del partido, los brazos en alto, fatigado pero sonriente con camiseta en mano era el líder de la manada, su herida había cicatrizado.

Ya en Roma, con la motivación de Pep, ya sea video o en palabras, abrió la lata del marcador, recortó y no le tembló el pulso, volvió aquella puntera, la misma del Bernabéu para hacer el 1-0. La celebración fue más de lo mismo, correr sin cesar, golpeos en el brazo en señal de aquí estoy yo, este es tu hombre y sabiendo que una vez más había cumplido con su trabajo.

Samu, muchas veces certero en sus palabras dijo: “La ley del fútbol es que si tu rendimiento no es bueno te cambian; lo hubiera aceptado pero mi rendimiento fue más que bueno” Ahí queda el legado de Eto’o presente en varios momentos de la historia moderna del mejor Barcelona que se recuerda. Directo en portería y en los micros. Fue indomable donde y cuando quiso. Yo, en cambio, siempre le recordaré corriendo.

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