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Samir Nasri retoma el camino

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La vida es un camino que a veces está perfectamente asfaltado y otras, se presenta de tierra y con baches. Un camino que en ocasiones muestra subidas y en otras, bajadas. Un camino en el que aparecen bifurcaciones que se traducen en elecciones. Curvas, cruces y rotondas que pueden provocar que te salgas del camino, que elijas la senda errónea o que des un giro de 360 grados para volver al destino inicial, con diferente sentido.

Pero hay algo claro. La vida es un camino que te permite dar marcha atrás, tomar un camino alternativo que a priori no tenías previsto, e incluso llegar al destino sin necesidad de ir en línea recta. Ese tipo de carreteras están en Arizona, y nos queda demasiado lejos. Al fin y al cabo, aquí estamos acostumbrados a semáforos, a cambios de rasante y a badenes que te obligan a frenar y acelerar.

“Samir Nasri se ha quedado en el camino”. Ésa es una de las frases más utilizadas cuando alguien como el francés, no ofrece el rendimiento esperado -por otros- de manera continuada, y en la élite. Nadie se para a pensar que quizás, Nasri no se sienta cómodo en ese camino. Nadie se pregunta si él -como podría ser cualquier otro- prefiere disfrutar de los paisajes de una ruta comarcal sin necesidad de pasar por el peaje de una autopista en la que solo viajan coches de alta gama.

A veces, es necesario dar marcha atrás para decidir con más tranquilidad el camino a elegir. Nasri eligió. Cuando el barro se apoderaba de su senda y se convertía en un terreno fangoso, el francés buscó una calzada inesperada, una calle que en los últimos años se había convertido en bulevar y que en un momento concreto, le abrían todas sus carriles para que no tuviese problemas a la hora de encauzar su travesía.

Nasri lo recibió y accedió sabiendo que era una oportunidad de encontrar un atajo sin tener que recrearse en el fango. Y hay dos opciones, afrontar que el camino es diferente y aprovechar la ruta, o disfrutar en el lodo como los adorables cerditos.

 


En el Sevilla FC, Nasri es el líder. Y todo se dan cuenta cuando el centrocampista pisa el balón. No ha necesitado proceso de adaptación a la ciudad, ni siquiera a sus compañeros o al estilo de juego de su técnico. Su calidad y ganas de retomar su fútbol es más poderoso que todo ello. Se ofrece, baja a sacar la pelota, empieza las jugadas, es dinámico, se asocia y “cose” como dice el propio Sampaoli. Y lo hace fácil. Y lo hace asumiendo el rol de líder. Y lo hace desde el primer día.

En junio de 2017, Nasri verá como el semáforo de la capital andaluza se pone en rojo. Y tendrá que dar marcha atrás. Será entonces cuando se podrá constatar si aquel camino de barro sigue estando de la misma forma, y si por el contrario, se ha rehabilitado, se ha convertido en avenida y tiene todos sus carriles operativos. El camino es Manchester y el volante es propiedad del futbolista. No os vayáis por otros derroteros…

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