Ciclismo

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Sagan y lo mejor que podía pasar

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El peor Mundial de los últimos tiempos, tanto por contexto como por la carrera, terminó de la única manera que podía maquillar la vergüenza: con un triunfo de Peter Sagan, que repitió el triunfo del año pasado en Richmond y mantendrá una temporada más su maillot arcoíris.

El dinero de Qatar llevó el Mundial de ciclismo a Doha, con temperaturas nada recomendables para la práctica de cualquier deporte -y eso que se retrasó su disputa hasta mediados de octubre- y con un circuito cuyo único aliciente era si aparecía el viento.

La carrera mundialista solo tuvo dos momentos. El uno, a 175 kilómetros, cuando el viento en la carretera sobre el desierto lo aprovecharon las selecciones de Bélgica y Gran Bretaña para crear el corte decisivo, donde se metieron la gran mayoría de los principales favoritos. El otro, el final.

En un sprint controlado por Bélgica e Italia y con el único movimiento del neerlandés Tom Leezer intentando evitar la volata -en vano, claro- Sagan adelantó pegado a las vallas y revalidó su maillot de campeón del mundo, por encima del británico Mark Cavendish y del belga Tom Boonen. Así, el podio lo coparon los tres únicos ciclistas que habían vestido el arcoíris, dotando de dignidad a un Mundial sin atisbo de ello.

Peter Sagan resumió la carrera fácilmente en dos claves tras ganar: consiguió meterse el último en el corte decisivo; y el trabajo de su compatriota Kolar. El genio natural, que le permitirá ganar más Mundiales en el futuro, hizo el resto.

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