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Romário festejó los dos goles a Osasuna en Río

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Paco AGUILAR Barcelona | Estos días se cumplen los 20 años del otro 5-0 'gloriós' del Barça al Real Madrid que tuvo como protagonista a Romário. El hombre que con su 'cola de vaca' le rompió para siempre la cintura a Rafa Alkorta antes de marcar un golazo. 'O baixinho', ahora importante parlamentario en Brasil, crítico duro de FIFA, Comité Organizador de Brasil 2014 y de toda la corrupción de su país, fue un tipo muy especial mientras lució la camiseta del Barça. Basta recordar que su fichaje fue recomendado de madrugada por el entonces presidente de la FIFA, Joao Havelange, que llamó al presidente del Barça, Josep Lluís Núñez, al que sacó de la cama. Havelange le dijo que se olvidara de fichar a cualquier brasileño que no fuera Romário. El Barça negociaba por Aloisio. Era 1988 y se disputaban los JJ.OO de Seúl.

A Romário le conocí una fría noche de invierno en Eindhoven en 1989, dónde estaba realizando un reportaje con Ronald Koeman que le antecedió como fichaje del Barça. 'O baixinho' estaba cenando en el popular restaurante italiano 'La grotta azzurra', cuando su propietario Doménico  me lo presentó. Era muy tímido, estaba acompañado por su primera esposa. Recuerdo que me dijo muy serio una frase que no olvidaré:"Señor, por favor, haga lo posible para que el Barça me fiche, aquí hace mucho frío, no hay sol ni playa, me muero…"

En 1993 cumplió su deseo. Su fichaje por el Barça, tras meter un montón de goles con el PSV, ya fue digno de una película. Llegó en secreto en vuelo privado al entonces poco transitado aeropuerto de Girona. Allí fue 'agasajado' por una pareja de Guardias Civiles que le recibieron sorprendidos. Joan Gaspart, entonces, vicepresidente lo trasladó a su casa de la urbanización Super Maresme, en Sant Vicenç de Montalt, de la que sólo salió para ir a misa (con el problema de que el 'mossen' era un 'culé' de los buenos y le reconoció inmediatamente, dando la voz de alarma en toda la comarca). También se trasladó a Sant Andreu de Llavaneres donde compró un gran peluche que iba de la mano de su manager Giovanni Branchini que no cabía con el muñeco en el Mercedes deportivo que les dejó el dirigente barcelonista. Luego, para que no faltara de nada, acabó en la Monumental de Barcelona, asistiendo a una corrida de toros.

Romário protagonizó aquel año muchas anécdotas con su entrenador Johan Cruyff, al que un día, harto de las broncas del técnico holandés le soltó aquello de que "¡usted no es mi padre!". Pero lo cierto es que 'El flaco' supo motivarle y sacarle rendimiento. Un día mientras entrenaban, la semana previa al partido ante Osasuna en Pamplona, le dijo:

–"Romário, que bien se debe estar ahora en Brasil, en las playas de Río…"
–"Sí mister, las mejores son las de Barra Tijuca, espectaculares"
–"Pues nada, si metes dos goles a Osasuna te doy permiso para irte a Brasil"

Johan explicaba luego que se había olvidado del tema. Pero llegó el partido y Romário metió dos goles, uno de ellos extraordinario junto a Michael Laudrup. Tras lo que se dirigió al banquillo haciendo con sus dedos, lo que muchos interpretaron como la señal de la victoria. En realidad lo que hacía era recordarle a Johan Cruyff que había metido dos goles, que había cumplido lo pactado.
El mister cumplió con su palabra, le cambió y Romário salió pitando hacia el aeropuerto de Noain, donde le esperaba un avión privado que tenía contratado ya para viajar desde Pamplona a Madrid y enlazar con el vuelo nocturno de Varig de Barajas a Río de Janeiro. Era tanta la confianza que tenía Romàrio en sus propias posibilidades que había reservado y contratado el vuelo privado seguro de que iba a meter dos goles a Osasuna.

Lo mejor de todo llegó luego, también confesado por Cruyff, porque pasaban los dias y Romàrio no volvía a Barcelona. El Barça logró contactar con él, vía telefónica, tras muchos esfuerzos. Y la respuesta de Romàrio les dejó boquiabiertos:

–"El mister me dio permiso para irme de vacaciones a Brasil pero no me dijo cuándo debía volver…"

Así era 'O baixinho', un genio dentro y fuera del campo. Cruyff debía haber hablado con los dirigentes del PSV Eindhoven que ya vivieron esa misma historia, hasta el punto de que colocaron a Frank Arnessen como acompañante fijo en sus viajes a Brasil. Aún así, explica Frank, "un día estábamos ya en el Jumbo sentados, se inventó una excusa, salió un momento del avión y yo volví sólo a Ámsterdam".
Romário podría llenar un libro biográfico con sus anécdotas que casi superan a sus muchos goles. Siempre cumplía lo que prometía, pero sin excederse. Dijo que lograría 30 goles en el Barça y que sería campeón del mundo en Estados Unidos con Brasil en 1994. No faltó a su palabra.

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*Paco Aguilar es periodista de EL MUNDO DEPORTIVO, analista de fútbol internacional y único periodista español que vota en el BALÓN DE ORO.

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