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Nueve años de expectativas

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“La Roma tiene un gran equipo. Tiene un gran técnico. Pero al ambiente romano es particular. Te hipnotiza, te envuelve. Es una ciudad fantástica, pero debes abstraerte para trabajar con serenidad”.

Estas palabras de Fabio Capello, pronunciadas hace un par de años, pero cuyo fondo el entrenador ha mantenido siempre, definen a la perfección los especiales factores que rodean a la Roma futbolística. No por casualidad, Capello fue el último entrenador capaz de ganar el Scudetto con el equipo giallorosso, en el año 2001.

En este 2017 cuyo curso acaba, la Roma cumple nueve años de expectativas sin límite. Y nueve años sin títulos. El 24 de mayo de 2008, dos goles de Philippe Mexès y Simone Perrotta -haciendo inútil el tanto del lógicamente olvidado Vítor Pelé- dieron el triunfo en Coppa Italia al equipo capitalino contra el Inter, en una de esas recurrentes finales entre giallorossi y nerazzurri  de principios de siglo.

Francesco Totti levanta el último título de la Roma en 2008 | TIZIANA FABI/AFP/Getty Images

Cada temporada desde entonces ha replicado, en líneas generales, un guion similar: altísimas expectativas de Scudetto y europeas tras los fichajes veraniegos; comienzo ilusionante con victorias y buen juego; primeras derrotas y declaraciones victimistas frente a los equipos del norte; eliminación de los principales objetivos; fracaso en la Coppa; decepción y protestas de los aficionados; calificación de desastre y recalentamiento de los objetivos y expectativas de cara a la siguiente temporada.

Desde entonces, la Roma ha alcanzado tres subcampeonatos en Serie A, además de un tercer puesto; dos finales y tres semifinales de Coppa; tres veces clasificado para octavos de final en Champions League; siempre clasificado para competición europea exceptuando los dos años de fallida imitación del tiki-taka con Luis Enrique y Zeman. Pero siempre lejos de los objetivos señalados y las excesivas expectativas creadas en el ambiente. Siempre con una sensación decepcionante.

Tras la etapa de Rudi Garcia, que terminó destruido por el ambiente, el retorno al banquillo en enero de 2016 de Luciano Spalletti, artífice de los últimos títulos romanos entre 2005 y 2009, disparó un verano más las expectativas. Por dirección, estilo y plantilla debía ser el año del salto, de la competencia con la Juventus por el Scudetto, de volver a levantar un trofeo. 15 meses después, da la sensación de que este ciclo se va a cerrar como se empezó: con las manos vacías y con una separación prácticamente inevitable con la decepción en ambas partes: club y afición.

La Roma y Spalletti probablemente separarán pronto sus caminos | Paolo Bruno/Getty Images

La humillante eliminación en la previa de Champions League, en casa contra el Porto; la escapada de la Juventus con la derrota en diciembre; la eliminación en Europa League tras el desastre en Lyon; y la dolorosa derrota en semifinales de Coppa Italia en derby contra la Lazio, que con peor plantilla y proyecto está consiguiendo mejores resultados en el último lustro. Cuatro clavos en el ataúd giallorosso esta temporada.

Perder la lucha contra el Napoli por el subcampeonato, teniendo en cuenta además el difícil calendario de la Roma -partidos contra Atalanta, Lazio, Milan y Juventus- supondría el enterramiento definitivo del curso 2016/17.

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Una plantilla con jugadores que, en diferentes tramos, han estado entre los futbolistas más en forma de Italia y Europa: Nainggolan, Dzeko, Strootman, Manolas, Salah, Perotti, Fazio… Y sin embargo, en los momentos clave, pesan las piernas, se asoma el abismo al que, recurrentemente, la afición romana arroja a los suyos ante el fracaso para rescatarlos poco después y llevarlos en volandas con alabanzas de cara a renovar las ambiciones. Su gran valor, su gran enemigo.

Un ambiente casi esquizofrénico, volcánico y pasional, del que, como hizo Fabio Capello, hay que abstraerse para llegar al éxito. Y de Roma, su ciudad, su modo de vida, su pasión, su gente, es casi imposible no quedarse hipnotizado. Su virtud, su lastre.

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