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La revancha de Mauricio Pellegrino

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No pasó demasiado tiempo desde aquel 1 de diciembre de 2012, cuando el argentino Mauricio Pellegrino fue destituido como entrenador del Valencia. Ahora, poco más de cinco años después, completó su particular revancha al clasificar al modesto Alavés para la final de la Copa del Rey por primera vez en sus 96 años de historia.

“Esto es un regalo para la profesión”, aseguró el espigado entrenador con cierta emoción, si es que se puede emplear esa palabra para un hombre tan hierático como es el argentino. El Alavés derrotó el en Vitoria al Celta por 1-0 y se medirá al poderoso FC Barcelona en la final de la Copa. A Pellegrino le sonrió al fin la fortuna después de amargas experiencias anteriores, principalmente la vivida en Valencia. Allí fue jugador de jerarquía y el club le dio su primera oportunidad como entrenador profesional, pero la aventura salió muy mal y fue despedido en pocos meses. Se marchó entre lágrimas y con cierta sensación de fracaso.

El entrenador argentino de 45 años tampoco tuvo demasiada suerte en su siguiente destino, Estudiantes de La Plata, y luego ganó en autoestima con su trabajo en Independiente. Pero se puede decir que su primer gran éxito como entrenador profesional acaba de llegar ahora, en el modesto Alavés. Pellegrino necesitaba tomarse una revancha después de su amarga experiencia en Valencia, demostrar que valía para un banquillo de La Liga. Y la apuesta fue asumir las riendas de un recién ascendido con el único objetivo de lograr la permanencia, aunque fuera en la última jornada. Pero mejoró, y de largo, la expectativa más generosa.

El Alavés está completando una temporada extraordinaria. Con un presupuesto de 49 millones de euros, tiene al equipo en la duodécima posición de La Liga, con catorce puntos por encima de los puestos de descenso. Está virtualmente salvado. Y ahora llega el milagro de la Copa. Mendizorroza se vistió el miércoles de fiesta para vivir una noche histórica con el pase de su equipo a la final de Copa tras ganar 1-0 al Celta de Vigo. “El mérito lo tienen los jugadores”, dijo con modestia Pellegrino.

Sin embargo, el Alavés es lo que se podría calificar como “un equipo de autor”, un conjunto que lleva la firma de su entrenador, una forma de jugar absolutamente reconocible que expone a la perfección varios aspectos: enorme fortaleza defensiva, orden, armonía entre líneas, solidaridad en el esfuerzo, estudio del rival y, sobre todo, voluntad de competir.

Leer más: Alavés, la complicada tarea de vengar a sus héroes

El equipo vasco no tardó nada en demostrar que su regreso a la élite del fútbol español iba en serio, pues en la primera jornada de Liga ya empató 1-1 en el campo del Atlético de Madrid, el mismo rival ante el que igualó sin goles el 28 de enero en la vuelta después de desplegar un magnífico fútbol. Pero el primer gran aviso de lo que era este Alavés llegó el 10 de septiembre en el Camp Nou, cuando derrotó por 2-1 al Barcelona. Precisamente, el conjunto azulgrana será su rival en la final de Copa y también el sábado en la nueva jornada de la Liga española. Aunque enorme favorito, el conjunto azulgrana ya sabe lo que debe esperar. Fue el Alavés el último equipo de su etapa como futbolista y ahora Pellegrino triunfa como entrenador en un club en el que demostró que puede ser técnico importante. Ya nadie le recuerda aquello de Valencia.

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