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EURO 2016

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República Checa, campeona sin corona

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Estas son las mejores hazañas de la República Checa, una campeona sin corona, en la máxima competición europea a nivel de selecciones, contando una de esas historias futbolísticas que tantos recuerdos nos evocan.

En 1993, Checoslovaquia, una de las grandes potencias futbolísticas, campeona de Europa en 1976 y subcampeona del Mundo en 1934 y 1962, llegaba a su fin. El conjunto checoslovaco se subdividiría en dos países y, por tanto, dos selecciones nacionales: las actuales República Checa y Eslovaquia. Un cambio que no vino mal al combinado checo, ya que fue en su primera participación como país independiente dónde estuvo a punto de coronarse en la cima del fútbol europeo. La Eurocopa de 1996, en Inglaterra, sería la gran carta de presentación del fútbol checo, en la cual República Checa alcanzó el subcampeonato del torneo. Este fue el punto de partida de una selección que marcaría una época. Los ya consolidados Pavel Kuka, Jirí Nemec o Petr Kouba junto con unos jóvenes Radek Bejbl, Patrick Berger, Pavel Nedved y Karel Poborsky estuvieron a punto de salir campeones, perdiendo en la final (2-1) ante la Alemania de Matthias Sammer, Jürgen Klinsmann, Andreas Köpke, Oliver Bierhoff y compañía, con un gol de oro de éste último en la prórroga.

 

Tras estar a punto de saborear las mieles del éxito, la República Checa toco fondo no consiguiendo clasificarse para los Mundiales de 1998 y 2002. Entre medias, una más que discreta participación en la Eurocopa de 2000 en Bélgica/Países Bajos. Encuadrados en un grupo complicado, los checos fueron derrotados por la co-anfitriona Holanda y por una Francia que a la postre sería campeona.

Pero en la Eurocopa de 2004, en Portugal, la República Checa iba a recuperar las buenas sensaciones, llegando hasta las semifinales del torneo continental. De la mano del veterano seleccionador Karel Brückner, el conjunto checo desarrolló un juego arrollador en ataque que encandilaría a toda una generación, erigiéndose para los amantes del fútbol como una de las selecciones con más encanto de las últimas décadas. Con un joven Petr Cech en portería, la defensa la formarían Zdenek Grygera, Tomás Ujfalusi, René Bolf y Marek Jankulovski, cuyas veloces incorporaciones ofensivas estarían bien cubiertas por el pulmón del equipo, Tomás Galasek.

La visión de juego de Tomás Rosicky se compenetraría en tres cuartos de cancha con la magia del capitán y Balón de Oro Pavel Nedved y el desborde eléctrico de Karel Poborsky. En punta de ataque una de las parejas más míticas de la historia del fútbol: el hábil goleador Milan Baros y el potente gigantón Jan Koller. Un `11 inicial´ al que aportarían entrando desde el banquillo jugadores como Vladimir Smicer y Marek Heinz. En definitiva, un equipo muy bien compensado que nos brindó uno de los mejores momentos del fútbol en la historia de las Eurocopas.

En la fase de grupos, la República Checa se enfrentaría nada más y nada menos que a Alemania, Holanda y Letonia. Si algo primó en los tres partidos esa fue la capacidad de reacción de los checos, ya que en las tres ocasiones tendrían que remontar un marcador adverso. En su debut en la competición, el mítico Maris Verpakovskis adelantaría a los letones, pero los checos dieron la vuelta al resultado con goles de Milan Baros y Marek Heinz, obteniendo los tres primeros puntos. En el segundo partido consiguieron dar de nuevo la vuelta al electronico ante una Holanda repleta de estrellas (Edwin van der Sar, Jaap Stam, Edgar Davids, Clarence Seedorf, Roy Makaay y Ruud van Nistelrooy, entre otros) ya que en el minuto 19 perdían por 2-0. Pero los tantos de Jan Koller, Milan Baros y Vladimir Smicer servirían para ganar un partido épico, donde la República Checa dio la primera gran exhibición en el torneo. En el último partido, ante una Alemania que se jugaba el pase (con jugadores de la talla de Oliver Kahn, Michael Ballack o Miroslav Klose), la República Checa, como ya nos tenía acostumbrada, comenzaría perdiendo el encuentro, remontando nuevamente con goles de Marek Heinz y Milan Baros, y dejando en la cuneta a los alemanes. Al estar ya clasificada se permitieron el lujo de dar descanso a algunas de sus estrellas, dando oportunidades a jugadores menos habituales, lo que ensalzaría la grandeza de este grupo.

Tras un pleno de victorias, en cuartos esperaría una meritoria Dinamarca, que había dejado fuera de la competición a Italia. Pero los de Brückner no tendrían piedad arrollando con un vendaval ofensivo a los daneses, imponiéndose 3-0 con gol del revulsivo Marek Heinz y doblete del que sería máximo goleador del campeonato, Milan Baros. En semifinales esperaría la grandísima sorpresa del torneo, la Grecia de Otto Rehhagel (a la postre campeona). El líder Pavel Nedved caería lesionado cercano el término del primer tiempo, por lo que las cosas se torcían para la República Checa. La ofensiva a raudales de los checos no conseguía desbaratar el infranqueable muro griego. En la prórroga, un gol del defensa Traianos Dellas despertaría a los checos del sueño, sumiéndolos en la más profunda de las pesadillas. Las lágrimas de todo un país eran el fiel reflejo del mundo futbolístico. Como en 1996, la República Checa se alejaba del éxito europeo.

Una historia que mezcla la épica y el lado más amargo de este juego. La República Checa se tomó la revancha del año 2000 contra Holanda y del año 1996 contra Alemania, pero cayó ante Grecia fruto de su propia medicina sin merecerlo, ya que en la Eurocopa de 1980 la Checoslovaquia de Antonín Panenka dejó fuera a los griegos. Una verdadera lección, que nos mostró que en el fútbol, como en la vida misma, siempre hay nuevas oportunidades, y en la que presenciamos un encuentro entre la justicia y la injusticia como nunca antes habíamos visto, dejando claro la inexistencia de tal equidad en el fútbol.

 

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