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Real Madrid, metamorfosis transitoria

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El paso del tiempo, frenético transcurso de acontecimientos que engulle a la memoria, impidiendo aplicar perspectiva. Aproximadamente dos meses, 76 días deteniendo el tiempo en la última fecha de un mes de octubre marcado por corrientes de pesimismo alrededor del rendimiento madridista.

Corría el 16 de agosto y el optimismo recorría las almas madridistas. Superioridad absoluta sobre el máximo rival en la Supercopa de España, convertida en venda para la previsión. Quizá en soberbia, tal vez exceso de confianza. En definitiva, análisis eufórico basado en citas concretas que pudieron camuflar debilidades. Colmado de éxito tras un doblete histórico forjado sobre la base de una plantilla magnífica, completa y gestionada con maestría, el fin del mercado veraniego comenzaba a alertar sobre posibles carencias que podían convertir en incompleta la fórmula del éxito.


En el mercado veraniego, el Real Madrid dejó de contar en su plantilla con Pepe, Danilo, James, Morata o Mariano, jugadores que ofrecían riqueza y amplitud a la plantilla merengue. 


El análisis reposado de la metamorfosis experimentada por el equipo blanco arroja diversas conclusiones. Sin duda, como punto de partida, la confección de la plantilla. Las salidas, debilitando la riqueza y calidad de la plantilla, en algunos casos por omisión (sin recambio para Danilo ni Mariano) y en otros por necesidad de adaptación. Vallejo en el lugar de Pepe, Ceballos en el de James o Mayoral en el de Morata, distan cualitativa y cuantitativamente de sus predecesores, probablemente por experiencia, recorrido o empaque. Ello conlleva un riesgo, recayendo la duda sobre la consciencia del mismo.

Las incipientes dudas acechando sobre determinados futbolistas constituyen un elemento de análisis más en la mutación merengue. Keylor Navas continúa como objeto de debate, aunque su reciente baja por lesión mejora las expectativas a su alrededor. Karim Benzema, en constante examen, considerado genio incomprendido o exponente del delantero moderno, comienza a generar unanimidad en sentido negativo. Su rendimiento goleador, su actitud y carácter alimentan la crítica.

Afortunadamente, los motivos para la esperanza aparecen camuflados bajo la alarmante apariencia. Carvajal regresará y otorgará al carril diestro el rigor y peligro que atesora. Marcelo, tras superar su lesión, volverá a convertirse en vital para el desequilibrio tan pronto como recobre el tono competitivo. Kroos y Modric, columna vertebral madridista, poseen la personalidad suficiente para volver a hacer carburar la maquinaria merengue. Y Cristiano se reconciliará con el gol, genéticamente heredado, propiedad de la estrella lusa.

La capacidad de convertir descontrol en virtud no deja de constituir un defecto. Sin embargo, las figuras de Isco y Marco Asensio ofrecen una perspectiva optimista hasta al más pesimista seguidor merengue. Pura magia, definición de talento, dosis de esplendorosa realidad presente y el futuro en sus manos.

Su nombre es Real Madrid. Atraviesa dificultades, pero jamás estará muerto. Nunca se dará por vencido. El Madrid siempre vuelve. Su metamorfosis es transitoria.

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