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Real Madrid vs Atlético: justicia o historia

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Lo ha dicho Simeone en rueda de prensa: “Me encanta tener 113 años de historia en la espalda”. Y ha asumido la presión de un plumazo. Incluso se ha atrevido a ironizar con que jugaría con “los 11 en el área del Real Madrid”. Y ha puesto a Bayern, Barça y Real Madrid por encima de su equipo, pero matizado con un significativo “quizás”. Entre el Simeone más académico y el más pasional.

De alguna forma, el entrenador argentino ha inhalado el ambiente que rodea a la final de mañana (20:45, Atresmedia). Ese sentimiento que convierte la victoria del Atlético, ahora favorito, en una cuestión de justicia poética. Porque se saboreó en Lisboa hace dos años, porque la vida les vuelve a poner ante el espejo, porque su camino hasta Milán ha sido de una tensión tortuosa… Olvidan que el fútbol tiene poco de justo y que San Siro, poco de laboratorio. Nada más antagónico que las ecuaciones y los sentimientos.

El Atlético tiene motivos para creer. Hace un mes se inició un nuevo calendario, marcado por la gesta del Leicester, cuya moraleja es similar a aquello que dijo Cela: si en un lugar huele mucho a algo, la cuestión no es oler más fuerte, sino diferente. En la época de los grandes presupuestos, los fichajes millonarios y jugadores de ensueño, el Leicester y el Atleti huelen a perfume de equipo sólido y a andar.

 

Por eso, en la fiabilidad como equipo están las garantías de éxito de los Simeone. Lo que les ha llevado a liquidar a PSV, Barça y Bayern. Tiene escuderos con experiencia (fortalecidos por la omnipresencia de Oblak) y un estilete, un enfant aristocrático como Antoine Griezmann: 7 goles, el quinto goleador de la Champions, por encima incluso de Messi. Y a Fernando Torres, a quien todos daban por muerto y ha revivido en el momento crucial de la temporada. Al Atlético de Madrid le espera la gloria, su primera Champions en su historia, o el fracaso. El tabú entre los jugadores y entrenadores (menos, a saber, Zidane y Cristiano, que han utilizado con asiduidad el término refiriéndose a la Champions) que sobrevolaría el Calderón si no se consigue la machada. Dos finales perdidas en tres años. Una losa demasiado pesada, incluso para la modestia del Atlético.

Enfrente está el Real Madrid. Con Varane lesionado y el susto en el cuerpo con el golpe de Cristiano. Su justicia poética se basa en ganar la Champions, cavar el pozo de su rival vecino y, de paso, fastidiar la dulzura del doblete del Barça. Le avalan la historia y los números: tiene al máximo goleador de la competición, Cristiano Ronaldo (16 goles); es el equipo menos goleado; el segundo más goleador; y el conjunto con más victorias de esta edición. Intimidante, aunque mitigado por la sensación de que su camino ha sido entre alfombras.

La Champions podría servir de catarsis al Real Madrid. De purgatorio de los pecados y las malas aguas que han circulado por el club. De lo que pase en Milán dependerá, en buena medida, el crédito de Zidane y de algunos jugadores de la plantilla. Y, sobre todo, la sensación de que la temporada se ha salvado con el título rey. No es poca cosa.

“Lo que se pasa en Milán se queda en Madrid”, reza durante estos días un cartel publicitario de una marca. De cerveza. Y verde. Un eslogan que resumen bien la final: pase lo que pase, la Champions se queda en Madrid. Y pase lo que pase, España seguirá dominando sin discusión en Europa.

 

Las claves, zona por zona

Portería: El gran duelo. Donde la balanza se puede decantar. Oblak se ha consagrado como el portero con más futuro del Atlético de Madrid y sus actuaciones, brillantes en su mayoría, han salvado de la quema en más de una ocasión a su club.

Al otro lado, en la portería del Real Madrid, estará Keylor Navas, la pantera costarricense que ha conseguido mantener al conjunto blanco como el menos goleado. Cuenta con otra ventaja: en el caso, nada improbable, de llegar a los penaltis, el “tico” es un auténtico especialista.

Defensa: Quizás, la parte más sólida del Atlético de Madrid. La que le ha mantenido en pie incluso en las condiciones más adversas (véase la semifinal contra el Bayern). La concentración absoluta y la valentía de la pareja Godín-Giménez convierten a la defensa rojiblanca en una de las más fiables del mundo.

La del Real Madrid, por su parte, convive con más dudas. Si bien, como ya se ha mencionado, el equipo blanco es el menos goleado en esta Champions, en muchas fases de las eliminatorias se han visto desajustes importantes. El estado formidable de Pepe contrasta con la incertidumbre de Sergio Ramos, que ha tenido altibajos notables durante este año. Los laterales, Carvajal y Marcelo, ofrecen fiabilidad en ataque y en defensa.

Mediocampo: La correa de transmisión de las contras del Atlético son, por encima de todos, Gabi y Koke. Por ellos también pasa el potencial ofensivo a balón parado, una de las alternativas que más beneficios le ha reportado al Atlético de Madrid. Y para contener, un inspirado Augusto, que ha cogido las riendas del centro del campo defensivo del Atlético.

En el Real Madrid, la gran esperanza pasa por Modric. La fluidez y el movimiento de balón del equipo de Zidane depende en gran medida del estado del croata. Cuando no ha estado a buen nivel, se ha notado en exceso. También cobra importancia la presencia de Casemiro, el equilibrio del Madrid. Si Zidane lo estima oportuno, la entrada de Isco o James en la segunda parte puede añadir argumentos al medicampo.

Ataque: Griezmann y Torres contra la potencia descomunal de la BBC. Probablemente, la zona del campo en la que existe mayor diferencia entre ambos equipos. En buen estado de forma, Bale, Benzema y Cristiano Ronaldo son quebraderos de cabeza continuos y un peligro constante. Si el Atleti se parte, la velocidad de los hombres de arriba de Zidane puede ser determinante.

Y si el Atleti consigue enganchar a Griezmann y a Torres con espacios, pueden causar estragos en la defensa del Madrid. La cuestión será si, a falta de recambios naturales, sostendrán físicamente las posibilidades de ataque de los rojiblancos.

 

 

 

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