FC Barcelona

article title

El ‘factor Masia’: hay que cuidar este tesoro

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Podría estar hablando en nombre de cualquier aficionado al afirmar que La Masia es una de las mejores academias de fútbol del mundo. Pese a haber vivido tiempos mejores en lo que a nutrir de jugadores al primer equipo se refiere, hay algo que no ha cambiado: la cantera del FC Barcelona domina con autoridad sus competiciones en la mayoría de categorías. En una apuesta innegociable por el fútbol de toque ya desde la FCBescola, la idea es someter al rival a través de la posesión, circulación rápida de balón y una línea de presión defensiva que empieza desde la delantera.

¿Estos conceptos os resultan familiares, verdad? Son algunas de las señas de identidad ‘cruyffistas’ que Josep Guardiola implantó en el primer equipo en 2008, que sirvió para iniciar una década de éxitos en la que aún estamos inmersos. Hablo de una serie de mecanismos en defensa y ataque que conforman lo que se conoce como ‘el estilo’. Un estilo que por cierto, parece haber desaparecido en algunos tramos de la temporada actual.

Más allá de las cuestiones técnicas y tácticas de este estilo de juego, escribo este artículo para hablar de otro tipo de relación de La Masia con el primer equipo. Me refiero a un acompañamiento que se ha producido, de una forma más mística que racional, en muchos de los grandes partidos del Barça de la última década. Encuentros épicos donde distintos canteranos han hecho acto de presencia para acabar decidiendo un partido o poniéndole la guinda.

Johan Cruyff (Getty)


Algunos capítulos de esta bonita relación

El primer partido mítico de esta era fue el 2-6 que el Barça le endosó al Real Madrid en su propio estadio, en mayo de 2009. Si hay una imagen que se recuerda por encima del resto, es la del canterano Gerard Piqué celebrando el sexto gol del equipo, mientras mostraba con orgullo la camiseta a los aficionados culés desplazados hasta el coliseo blanco. Solo cuatro días después, Andrés Iniesta daba el pase a la final de la Champions League al equipo de Pep Guardiola, marcando el gol que más he celebrado en mi vida: el empate a uno en Stamford Bridge. Con estos dos goles marcados por dos canteranos, empezaba esta entrañable relación entre La Masia y los momentos épicos del equipo.

Sin mucho tiempo para asimilar lo que había significado el primer triplete de la historia del club, un jugador llamado Pedro Rodríguez, procedente del filial, cambiaba el rumbo de dos finales de aquel mismo año. Recién estrenada la temporada, el jugador canario decidía una final de Supercopa de Europa que se había complicado más de la cuenta, contra un serio Shakhtar Donetsk al que el Barça no pudo doblegar hasta la prórroga.

En diciembre, Pedro volvía a aparecer para empatar, gracias a un cabezazo en el minuto 89, una final del Mundial de Clubes que ya estaba medio ganada por Estudiantes La Plata. El gol del canterano sirvió para ahuyentar viejos fantasmas que hasta el momento acompañaban al Barça en dicha competición. Y sí, la cantera volvía a hacer acto de presencia en un partido que acabaría siendo épico no solo por cómo se acabaría ganando (Leo Messi marcó el gol de la victoria con el pecho, empujando el balón con la parte de la camiseta donde se sitúa el escudo), sino porque serviría para culminar el famoso y hasta ahora exclusivo sextete de títulos.

La temporada 2010-2011 es, en mi opinión, el curso futbolístico en el que se produce el mayor aplastamiento futbolístico que han visto mis ojos (quizás solo igualado por el 1-7 que Alemania endosó a Brasil en el Mundial 2014). Me refiero a la gran obra maestra del ciclo como entrenador de Pep Guardiola, que no es otro partido que el 5-0 contra el Real Madrid de Jose Mourinho. El partido perfecto: gobernado de inicio a fin, avasallando al rival a través del toque y la posesión, para después acabar ajusticiándole con una eficacia absoluta. El ‘factor Masia’ hizo su aparición también en el momento más especial de este partido, cuando el canterano Jeffren Súarez redondeó la goleada anotando el quinto gol, a pase de Bojan Krkic. Pese a no haber acabado triunfando en el club, estoy seguro que el hispano-venezolano se siente afortunado, ya que su nombre siempre irá ligado a uno de los mejores partidos de la historia del club.

Antes de dar un pequeño salto hacia adelante, es necesario detenerse en Leo Messi. No se le ha nombrado directamente en ninguno de estos goles míticos, pero es que Messi es el punto de origen de gran parte de las cosas explicadas en este artículo, el núcleo sobre el cual se sostiene esta era de éxito azulgrana. Messi y sus goles merecerían un artículo entero, que seguramente seguiría siendo insuficiente. Nunca ha habido ni habrá un jugador como Messi, y difícilmente habrá un artículo que pueda aglutinar la cantidad de goles suyos que han decidido partidos, eliminatorias y títulos.

Volviendo de nuevo a asuntos terrenales, seguimos con esta romántica historia para situarnos en dos finales de la temporada 2015-2016. En la final de Supercopa de Europa y tras desperdiciar una ventaja de 4-1 contra el Sevilla FC, el Barça se vio abocado a una prórroga en la que tuvo que volver a aparecer Pedro, en su último partido como jugador azulgrana, para marcar el 5-4 y seguir manteniendo vivo este llamativo vínculo entre Masia y goles míticos. Un vínculo que saldría aún más reforzado a finales de temporada, con un gol de Jordi Alba que decidía la final de Copa del Rey (también en la prórroga y contra el Sevilla) en un partido que el Barça jugó con diez desde el minuto 36. En situaciones extremas como estas, quedó demostrado que siempre se puede contar con el ‘factor Masia’, esta conexión que parece que va más allá de lo lógico (si es que el fútbol tiene algo de esto).

Y como no podía ser de otra forma, siempre hay un momento en que la excepción aparece para confirmarnos la regla. La pasada temporada 2015-2016, el FC Barcelona se regaló otro histórico partido en el Santiago Bernabéu. Esta vez sin Messi, el equipo de Luis Enrique fue capaz de endosarle 0-4 a su mayor enemigo futbolístico. La Masia también tuvo su aparición en la recta final del partido: el canterano Munir El Haddadi tuvo en sus botas la oportunidad de poner la guinda al épico partido marcando el 0-5, pero su precipitación en el remate lo evitó. Aun así, queda claro que la mística había vuelto a asomar la cabeza en el mejor momento.

Y finalmente, el gol de Sergi Roberto ante el PSG. El 6-1, el gol que hizo posible lo que parecía imposible. El gol que marcó el chico de Reus pero que llevaba consigo todo el empuje y el corazón del barcelonismo. Una aparición que sirvió para culminar una remontada histórica en una Champions que, por desgracia, no lo va a ser para el equipo culé. De todos modos, considero el gol muy digno de aparecer en esta recopilación de goles míticos marcados por canteranos del club.

Sergi Roberto & Messi (PAU BARRENA/AFP/Getty Images)

Parece que estamos ante una historia que, gol a gol, nos sigue recordando que el club nunca debe olvidar donde se encuentra su tesoro más preciado. Parece que La Masia se encargue de recordarnos que no tenerla en cuenta sería uno de los mayores errores que podría llegar a cometer la directiva actual.

Vienen tiempos de renovación en el primer equipo, y opino que el club debe tener muy claro que una parte de los éxitos de esta época han llegado por el buen trabajo que hicieron en su día Louis Van Gaal, Frank Rijkaard y Pep Guardiola, tres entrenadores que se encargaron de hacer debutar, pulir y consolidar a unos jugadores que han formado la columna vertebral del mejor Barça de la historia. ¿Habrá otra generación como esta? Es prácticamente imposible, pero la mejor forma de saberlo es contar con ellos. “La diferencia con las otras canteras es que nosotros sí les ponemos” sentenciaba Guardiola en 2010. Que así sea, por favor.

Como aficionado culé, me sentí enormemente feliz de que Sergi Roberto, que lleva en el club desde cadete, fuera el protagonista del mágico momento ante el PSG. En un mundo en el que abunda y hasta parece que se fomenta la precocidad, Sergi Roberto es el espejo en el que deben mirarse los jóvenes que están formándose en la academia blaugrana. Sí, deben fijarse en su trayectoria llena de constancia, paciencia y coherencia. Aunque con 16 años no hayan recibido ofertas mareantes de algún club de la Premier League. Aunque con 17 años aún no hayan sido citados para entrenar con el primer equipo o no formen parte del Barça B. Aunque, como Sergi, se pasen tres años en el primer equipo interpretando un papel secundario.

Nada de esto acaba importando si el futbolista crece en un entorno coherente, porque es precisamente esto (junto con la calidad y la ética de trabajo) lo que le dará una oportunidad en el primer equipo. Y una vez allí, visto lo acontecido en los últimos años, es probable que este toque místico y diferencial que tiene la Masia le proporcione algo más: su momento. Como los de Piqué e Iniesta. Como los de Jeffren, Pedro y Jordi Alba. Por descontado, como los muchos momentos de Messi. Como el (no) momento de Munir. Como el de Sergi Roberto. Como tantos otros que deben venir.

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Artículos relacionados

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies