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Raúl García le borra la sonrisa a James en el Bernabéu

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El Atleti conservador, buscando el error blanco, y el Real Madrid monopolizando el  balón en busca de espacios en el bloque atlético. Todo como acabó, como en la final de Lisboa. El Mundial fue un tentempié en el jardín. La vida continúa igual: Ancelotti y Simeone no se han visto influenciados por la jovialidad del verano. Por eso el Madrid no sacó a James, ni a Di María, para controlar el centro del campo atlético, principal vía de contención de Simeone. El técnico argentino dejó en el banquilo a Griezmann y apostó por Saúl, de vuelta de su periplo rayista, para aportar consistencia en la medular. Posesión para el Madrid, espera felina para el Atleti. Todo en orden.

El calor aprieta en agosto y no es la mejor época para ver un juego vistoso. El partido comenzó insípido, con la posesión del balón inefectiva para el Madrid y el Atleti guardando la ropa para cuando toque desempolvarla. Ni el equipo blanco, en su vocación de controlar el partido, ni el conjunto rojiblanco, complaciente dominado, hicieron méritos para mantener al telespectador despierto. Sin ocasiones, con un control del balón que era más efecto placebo que una solución real, el partido estaba más para pijama de franela y vaso de agua en la mesilla que para comerse las uñas.

Kroos, Xabi y Modric movían el balón, porque les pagan para ello, pero sin otro fin que desentumecer los huesos y lubricar los músculos. De los varios errores de precisión que hubo en la primera parte, el Atleti se aprovechó de algunas, con un peligro manifiestamente reducido, por parte de Saúl y Mandzukic. Hubo juego duro, o intensidad, como prefieran y dependiendo de sus gustos, para no perder las buenas costumbres de antaño. Por lo demás, chimenea y punto de cruz.

En la segunda parte el Madrid mostró lo que pretende en el futuro inmediato. Kroos adquirió galones, se echó el equipo a la espalda y a punto estuvo de resolver el partido a merced de un rechace de Moyá. El equipo blanco se impuso al Atlético, le cortó el centro del campo, su talón de Aquiles, y trenzó el juego que quiere Ancelotti. El Atleti se fue disolviendo, retrocediendo metros y adquiriendo certezas: los delanteros croatas son más calmados que los hispanobrasileños. Algo se perdió con Diego Costa.

Ancelotti reservó el epílogo del partido para sacar el gen hiperactivo de James y Di María, tan parecidos, tan distintos, pero que dieron pulmones y picardía al equipo blanco.  Siempre comandado el juego del Real Madrid por el cerebro superdotado y las piernas melódicas de Kroos, el Madrid metió la marcha definitiva. Fue James, que entró por un tocado Cristiano y que poco a poco va añadiendo a la caja los euros de su fichaje, quien perforó los dominios de Moyá. Con la derecha, con un rechace de por medio, pero las formas poco importan cuando te estrenas con gol, y de importancia capital, ante tu afición y en tu estadio. Lo celebró con rabia colombiana.

La alegría se disipó con el gol de Raúl García, que ha hecho carrera en los saques de esquina. El siempre peligroso jugador atlético cambió un paisaje idílico para el Madrid en un camino escabroso y oscuro que se resolverá en el Vicente Calderón. Hubo tiempo para la polémica, con un claro penalti no señalado a favor del Madrid y poco a poco se fueron asegurando cosas: los fichajes dan la razón, de momento, al Madrid y la suerte atlética sigue intacta. Final muy abierta.

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