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Rasmussen reabre la caja de los truenos del dopaje

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Enrique JULIÁN GÓMEZ – Siguiendo la estela y el éxito editorial de las confesiones de dopaje de otros ciclistas como Tyler Hamilton o David Millar, el danés Michael Rasmussen publicará la próxima semana un libro en el que detalla sus experiencias relacionadas con las prácticas dopantes en el ciclismo. Desde Dinamarca, el diario Politiken ya ha publicado el avance de algunos de los detalles del libro.

A principios de este año, Michael Rasmussen, que entonces corría para el Christina Watches -junto a Stefan Schumacher o Tino Zaballa- admitió en rueda de prensa que se había dopado sistemáticamente desde el comienzo de su carrera, en 1998, hasta 2010. Reconoció todas las sustancias que había utilizado y colaboró activamente con las autoridades danesas antidopaje, lo cual le evitó una sanción de ocho años. En 2007 ya había sido sancionado tras el famoso episodio del Tour, cuando fue expulsado de la carrera que iba a ganar, en favor de Contador, por problemas con su localización del mes anterior -posteriormente reconoció que iba con cinco bolsas de sangre-. Ahora, Rasmussen publica este libro, con evidentes fines lucrativos, mientras queda en el tejado de la agencia danesa antidopaje las actuaciones a partir de ahora. Puesto que Rasmussen no se calla nombres, al menos algunos.

Rasmussen se estrenó en el ciclismo de carretera con el equipo CSC, dirigido por Bjarne Riis, para quien corrió en 2001 y 2002. Hasta entonces competía en Mountain Bike, donde, siempre dopado, había vencido el Mundial de 1999. En el seno del CSC, tal y como explica en el libro, el dopaje era parte de la cultura del equipo. Explica como se inyectaba sustancias junto a su líder Tyler Hamilton en presencia de Riis, que lógicamente tenía conocimiento de ello. Los propios médicos del equipo eran quienes conducían estas prácticas. Además, Rasmussen confirma que fue Bjarne Riis quien presentó al médico Eufemiano Fuentes a Tyler Hamilton, tal y como sostiene el americano y ha negado siempre el manager danés.

En ese equipo CSC estaban también ciclistas como Carlos Sastre, Frank Schleck, Laurent Jalabert o Jakob Piil, aunque no son nombrados por Rasmussen, al menos no en este avance del libro. Sí menciona a su compañero Nicki Sorensen, cómo compraban EPO en Mallorca -España, paraíso del dopaje entonces, base de numerosos equipos y ciclistas, el más mediático, el US Postal de Armstrong- y luego Sorensen la escondía en el jardín de su casa. Cabe recordar que Nicki Sorensen continúa en activo como ciclista del Saxo Bank, con Bjarne Riis, que ya ganó dopado el Tour 1996, como manager y Alberto Contador como jefe de filas.

Más grave todavía es la situación en el Tour 2005 que relata Rasmussen en el libro. Rasmussen acababa de ganar una etapa en Mulhouse, tras recibir una bolsa de sangre cuando la carrera traspasó la frontera francoalemana la jornada anterior. Al día siguiente, de descanso, le comunicaron que había resultados anómalos en su sangre. Sin embargo, tras una conversación entre Geert Leinders, médico del Rabobank, equipo de Rasmussen desde 2003, y Mario Zorzoli, jefe del departamento médico de la UCI, se le permitió seguir sin problemas en la carrera francesa, en la cual estuvo a punto de alcanzar plaza en el podio.

Importante mencionar que Leinders ha sido señalado por algunos de los ciclistas que, desde el año pasado, han confesado la existencia de un doping sistemático en la escuadra holandesa. Además, Leinders fue también médico del Sky, gran dominador del pelotón en la actualidad, hasta finales de 2012, cuando fue despedido por las investigaciones sobre su figura y el dopaje. Por su parte, Zorzoli, continúa en su puesto de jefe médico de la UCI, también ahora con el nuevo presidente y aparente líder de un cambio en la política de la UCI, Brian Cookson, tras las negras etapas con Verbruggen y McQuaid. Los positivos de Lance Armstrong en su época o, más recientemente, el positivo de Contador en el Tour 2010, son otros ejemplos conocidos de encubrimiento -o tentativa de, en el caso del ciclista español- de dopaje por parte de la UCI.

Entre otras citas destacadas en el avance del libro de Rasmussen, destacan cómo introdujo en el dopaje a tres ciclistas canadienses de Mountain Bike en 2003, entre ellos Ryder Hesjedal, vencedor posteriormente del Giro 2012 y actual ciclista del equipo Garmin -ya ha admitido su culpa-; cómo en la selección danesa, Rolf Sorensen, importante ciclista en los años '90, le introdujo en el consumo de una nueva sustancia en el Mundial de Lisboa en 2001 o cómo Frank Hoj transportaba la droga en la caja de un MP3 en los Juegos de Atenas 2004; o su experiencia inyectándose hemoglobina sintética para animales.

Con este libro de Michael Rasmussen, de nuevo la UCI vuelve a salir malparada. No solo por el dopaje en sí, sino también por el sistema de intereses, especialmente económicos, e influencias que manejaba la UCI en cuestiones de la lucha antidopaje. Una competición adulterada tanto por el uso de sustancias dopantes como por las manipulaciones institucionales. Nuevo palo también a Bjarne Riis, que pese a estar siempre en el ojo del huracán del dopaje continúa como uno de los pesos fuertes en el ciclismo actual. Y un reto para Brian Cookson, depurar responsabilidades, especialmente dentro de la UCI, y demostrar que su apuesta por el cambio no se queda  simplemente en palabras aduladoras.

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