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¿Qué le pasa al Barça?

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Venimos de una época en la que el Barça ha mostrado un aroma de invencibilidad. Un equipo que se sobreponía siempre en el campo. Su libro de estilos se fundamentaba en un juego basado en la posesión. Mediante el balón acababa haciéndose amo y señor del partido superando al rival que fuera. Llegando incluso a alcanzar niveles de un fútbol preciosista y muy vistoso.

Ese FC Barcelona loco por la tenencia del esférico, está desapareciendo. Un equipo que ahora vive a merced de la mayor o menor inspiración de la MSN. Los dos primeros del tridente, Messi y Suárez son probablemente, junto con Cristiano Ronaldo, los mayores goleadores del panorama internacional. Sus registros son de otra época. Pese a ello, no puedes basar tu juego en la sola inspiración de dos jugadores por muy buenos que sean sino que hay que buscar diferentes recursos. Neymar sigue buscando su mejor versión y el banquillo de atacantes es algo en lo que el aficionado ni repara. Sin ir más lejos, Alcácer no ha presentado candidatura alguna para ser alternativa seria al tridente.

Otro de los problemas de los que parece adolecer el FC Barcelona es el hambre de ganar. Rectifico. El hambre de volver a ganar. Los jugadores no dan en todo momento su 100%. La actitud es algo innegociable en el mundo balompédico. Con calidad se ganan partidos pero con calidad y actitud se ganan campeonatos. Luis Enrique debe volver a encontrar esa voracidad de la plantilla que entrena y erradicar esa apatía.

La MSN o la actitud son dos factores, pero sin dudarlo, a juicio del que firma este artículo el principal mal del Barça es el centro del campo. Hasta hace tres años, Busquets, Xavi e Iniesta, formaron un trivote de una categoría que me cuesta creer que se vuelva a repetir algo similar. La salida de Xavi ha dejado una gran huella. Sustituir al que fue el mejor jugador que ha dado España en su historia parece una tarea harto complicada.

Los llamados a suplir al de Terrasa no parecen los más indicados. Rafinha, Denis Suárez, André Gomes y Rakitic son, además de Iniesta, los interiores que forman el plantel culé. El primero no acaba de romper la puerta y sus participaciones no terminan de ser motivo suficiente para otorgarle la titularidad. A Denis Suárez, al que sigo desde su época en el Manchester City, lo considero mediapunta o incluso falso extremo izquierdo, posición que ocupaba en el Villarreal. Ponerle a dirigir el juego desde la zona ancha del campo no parece lo más conveniente porque necesita estar más cerca de las inmediaciones del área.

Rafinha durante el partido en París | PHILIPPE LOPEZ/AFP/Getty Images

En el caso de André Gomes, convendremos que su llegada a Can Barça ha sido muy prematura. Su temporada pasada con el Valencia fue más que discreta y en ningún momento era él el que llevaba la batuta del juego ché. A pesar de las innumerables oportunidades que está teniendo no parece preparado para ser titular dado que su juego se caracteriza por las arrancadas y no la visión de juego, de la que carece. Respecto al croata Ivan Rakitic, ha perdido su titularidad y tampoco está mostrando el nivel que le hizo ser indiscutible en el último triplete culé aunque parece el más adecuado para tener minutos de los presentados anteriormente. Por último, Iniesta no merece presentación pero sus problemas físicos le impiden jugar todo lo que debería y su importancia es capital.

Tras analizar las distintas carencias del centrocampismo culé, a uno se le ocurre una alternativa. Y me explico. Aunque pueda sonar a locura, Leo Messi puede ser el más indicado para ir teniendo cada vez más minutos donde dirigir el fútbol barcelonista por lo menos hasta acabar la campaña. Ese es el Messi del futuro, donde jugará cuando ya haya perdido su característica chispa y tenga que hacer gala de su facilidad por encontrar los espacios. Quizá es adelantar los acontecimientos, y por supuesto el argentino aún sigue martirizando a los metas rivales pero, de todas formas, parece una de las únicas vías para recuperar el dominio de los encuentros.

El encuentro del pasado martes entre FC Barcelona y Atlético de Madrid fue un aviso de lo reflejado en las líneas anteriores. El equipo colchonero impidió durante gran parte de los 90 minutos que el Barça tuviera el control y se demostró que sin centro del campo, pueden alcanzar cotas insospechadas de vulnerabilidad. Lo que hace ocho días supuso un mero toque de atención, acabo por ser ayer una hecatombe culé.

Nadie apostaba que el PSG sería capaz de lograr la machada de vencer 4-0 en la ida de los octavos de Champions. Este partido debe suponer el punto de inflexión para que los locales del Camp Nou busquen y encuentren la forma para cambiar esta peligrosísima dinámica.

En verano ya hablaremos de errores como supeditar tu juego a dos o tres jugadores o no tener un lateral diestro de garantías pero ahora aún quedan tres meses de competición. La secretaría técnica deberá encontrar en el mercado jugadores que rindan desde el minuto 0 pero de momento el balón de la 16/17 sigue en juego.

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