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¿Qué esperar de MotoGP 2016?

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La larga noche invernal va tocando a su fin. Cada test de pretemporada es una alarma en el móvil, una especie de microsueño que se va posponiendo entre legañas al concluir la acción en pista. “Cinco minutos más” a petición de unos pesados párpados que poco a poco se van acostumbrando a la claridad que va inundando la estancia según va ganando altura la persiana del box hasta su apertura definitiva al alba de Losail.

Sin necesidad de una marmota que pueda contradecir a un almanaque que tiene fechado en rojo el 20 de marzo, la cuenta atrás recorre inexorable las semanas; aguardando impaciente la llegada de MotoGP 2016, el 68º Mundial de la historia. El fin del invierno más duro que recuerda este deporte está ya muy cerca, un lapso de tiempo recorrido a duras penas al amparo de un anhelo: volver a encontrar el calor, asfaltado al abrigo de la luna catarí.

Sólo el espíritu más puro de la competición será capaz de relegar a un segundo plano la sobredosis de estramonio informativo tolerada durante los últimos meses; en los que el motociclismo se ha visto forzosamente obligado a cohabitar en las cloacas mediáticas, adquiriendo un protagonismo tan indeseado como nocivo. Por suerte, los motores siempre vuelven a rugir. Y entonces ya no se oye nada más.

El transitar por un páramo yermo comienza a ser cosa del pasado; y entre maniobras de desperece, todo irá quedando atrás como buena pesadilla. Mientras las pupilas van adecuándose a la nueva luminosidad ajustando el enfoque, cabe preguntarse qué puede esperarse del nuevo paisaje que se dibuja al final del horizonte en el que espera el semáforo.

1) Un Lorenzo desatado

Yamaha despierta con la tranquilidad de tener los deberes hechos y calificados: matrícula de honor. La M1 ha disfrutado de un sueño reparador y sólo tiene como fin pulirse a sí misma en la adecuación para cada circuito. Y ese es el marco teórico favorito de Jorge Lorenzo: ir tallando ese diamante azul desde el viernes hasta dotarlo de una perfección formal y estética en domingo. En 2015, demasiados errores estuvieron cerca de privarle del título, y cuesta creer que vuelvan a repetirse. Es el favorito indiscutible.

2) Un Rossi expectante

Con su edad, nadie podría culpar a Valentino Rossi si decidiera seguir posponiendo alarmas hasta más allá de la hora límite para quedarse bajo las sábanas y contemplar la acción por televisión. Y, sin embargo, ya está despierto y con el casco puesto, no vaya a ser que alguien quiera colgárselo. Sabedor de su gran nivel, las reticencias llegan en el agravio comparativo con su compañero, que no se cansa de elevar el listón. La altura del mismo será la clave que determinará si Vale seguirá saltando, o si este despertar ya no será el penúltimo.

3) Un Márquez herido

Por primera vez en seis temporadas, Marc Márquez no compitió por el título mundial que estaba disputando, subyugado por la mala concepción de Honda y sepultado por sus propios errores. Con la electrónica de su máquina aún desafinada y sin la baza del software como mecanismo de control de un motor demasiado egocéntrico, su pericia estará más exigida que nunca. A estas alturas, el cuadernillo Rubio titulado ‘Dar por bueno un segundo o tercer puesto’ debería estar ya relleno hasta los márgenes.

4) Un Pedrosa renovado

Perdida ya la cuenta de las veces que ha abierto los ojos durante la celebración de su propio funeral deportivo para la estupefacción de sus enterradores, Dani Pedrosa se mantiene erguido y con la mirada clavada al frente. Con el reflejo ‘DorianGreyesco’ (?) de Rossi como inspiración, proseguirá incansable la búsqueda de esa quimera que algunos reducen a la categoría de oasis. Ansía el dorado como nadie; sin obviar que, si bien en cada nuevo amanecer se encuentra más preparado, cada vez quedan menos despertadores por apagar.

5) Un Iannone desafiante

Agigantado ante la magnitud de la lucha en la que se ha inmiscuido, Andrea Iannone pretende seguir ruborizando a sus contrincantes consolidando la consistencia de la que por fin dotó en 2015 a esa argamasa de talento y descaro que llevaba años cocinando. Con una Desmosedici en constante mejoría; y con las alas prestadas por una gaviota que ya reposa en paz, pretende ganar en autonomía de vuelo para hacer saltar los cimientos de MotoGP provocando un cambio de paradigma en el orden mundial de las dos ruedas.

6) Un Stoner sediento

Sin desmerecer los encantos de la pesca australiana, parece claro que el fluir calmado de un río contemplado desde la quietud de la orilla no es capaz de satisfacer el torrente emocional de un Casey Stoner que necesita (mucho más de lo que quiere reconocer) navegar entre cataratas para satisfacer su sed competitiva. Poco hacen ya por su garganta los chupitos de 140 caracteres, y tras el conato de retorno del pasado Austin, parece estar cada vez más cerca de beberse su orgullo de un trago y volver al único mar que le sacia: la parrilla de MotoGP.

7) Un Maverick soñador

Si se quiere encontrar un potencial campeón del mundo de la categoría reina ampliando la búsqueda más allá del ‘top 5’ de la pasada temporada, el primer resultado en aparecer en pantalla combina el glamour hollywoodiense con la garantía que supone la ‘eñe’ en las dos ruedas. La bisoñez de la GSX-RR hace inviable la empresa en el corto plazo, pero no menoscaba el derecho a soñar de un individuo que pretende virar la coyuntura mundialista hasta sacudir sus propias estructuras y devolver a Suzuki a la élite.

8) Un nivel estratosférico

Cal Crutchlow, Álvaro Bautista, Danilo Petrucci, Aleix Espargaró, Bradley Smith, Tito Rabat, Andrea Dovizioso, Pol Espargaró, Scott Redding… España, Italia y Gran Bretaña pueblan una parrilla que rebosa talento y desborda en número de victorias, podios y títulos de diversas categorías; en la que también encuentran representación países como Irlanda (Eugene Laverty), Francia (Loris Baz) y Alemania (Stefan Bradl); y donde el exotismo corre a cargo de los dos únicos no europeos: el colombiano Yonny Hernández y el australiano Jack Miller.

9) Unos Michelin fiables

A nivel técnico, y junto a la consabida llegada del software común, la principal modificación llega en las gomas. Michelin retorna a MotoGP entre la ilusión de suministrar sus componentes a las mejores máquinas del planeta para que los hombres más capaces hagan filigranas apoyados en sus carcasas; y el miedo que emana de la necesidad de seguridad en un deporte donde el más mínimo error puede ser fatal. La explosión de la goma de Baz en los test es algo inadmisible y que no debe repetirse. Lo mejor para Michelin será que no se hable de ellos.

10) Un periodismo digno

Clarificadas las expectativas en lo que a la acción en pista se refiere, cabe girar la cabeza en dirección a la sala de prensa y aumentar el zoom de la mira telescópica para identificar intrusos. El espectáculo circense de Cheste no debe repetirse bajo ningún concepto, y para ello deben darse dos premisas fundamentales: que estén los que son (medios especializados); y que, aquellos que estén porque son, sigan siendo lo que son y no dejen de serlo para convertirse en los que nunca lo fueron pero que estuvieron sin deber estar para convertir lo que es en lo que no es. ¿Estamos?

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