Fútbol inglés

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Qué esperar de Jonathan Calleri en el West Ham

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Los hammers ya tienen a su delantero, la guinda de un mercado ambicioso que busca asentar al club en la zona noble de la Premier y completar un buen papel europeo. Calleri llega cedido por una campaña desde el Deportivo Maldonado, club que gestiona su pase perteneciente a un fondo de inversión, y parece cerrar las puertas a Bacca.

Dejar todo en la cancha no es un mero tópico manido para Jonathan Calleri. Es una virtud interiorizada y demostrada, verídica y comprobable desde la que se entiende todo el recorrido, la gran progresión y las virtudes del nueve argentino.

Su brega, su ímpetu y su esfuerzo para correr a todos los balones -una característica del gusto de casi todas las graderías- es precisamente lo que ha hecho resaltar su rendimiento en dos plazas tan exigentes como La Bombonera y el Morumbí para dar el ansiado salto a Europa a sus 22 años.

Calleri es un punta al que todavía falta por averiguar su verdadera y completa dimensión. Capaz de definiciones inverosímiles intercaladas por inexplicables fallos, el exjugador xeneize -que se descubrió al mundo con una vaselina de rabona el día del regreso de Tévez a La Boca- destaca especialmente por la sabia utilización de su cuerpo para ganar la posición en los envíos laterales y en los desmarques verticales y para ser un recurso útil con apoyos profundos a los costados y prolongaciones de espaldas al juego.

Sin embargo, lejos del área o jugando en estático es un delantero un poco tosco, con carencias técnicas para dar fluidez y continuidad. El mejor Calleri es un definidor de transiciones que domina cada vez más el choque y que sabe hacerse fuerte en el área. Aptitudes enfatizadas en el semestre que ha pasado a las órdenes del nuevo seleccionador argentino, Edgardo Bauza, en São Paulo.

Una breve etapa que le ha valido para curtirse y asentarse como un definitivo nueve de área, como pone de manifiesto su vitola de máximo goleador de la pasada Libertadores con nueve tantos en doce encuentros.

No es habitual que un futbolista sudamericano dé el salto directamente a la Premier League pero, en su caso, el fútbol inglés le conviene y se adapta a su juego por sus aptitudes agresivas, por ser un zafador infatigable, por sus ritmos altos y por su olfato para atacar los espacios hacia zonas de gol, incluso si tiene que partir desde un costado en conducción abierta pese a su escasez de finura para asociarse, progresar e incidir mediante pases cortos. Los tres palos siempre están en su punto de mira.

Hay un patrón muy definido en los goles que ha realizado a lo largo de su trayectoria. Cuanto menos retenga el balón, mejor que mejor. El 80% de sus tantos son a un solo toque dentro del área, normalmente a través de un envío lateral previo o aprovechando sus propios rechaces, aunque con zagas adelantadas y al contragolpe también sabe y puede castigar.

Y sin ser Andy Carroll ni tener su dominante corpulencia en esa parcela, su poder rematador por alto también se ha enfatizado de forma tan evidente como necesaria para vestirse el traje de killer. Todo ello y añadiendo la profundidad para partir a la caza del gol -no para gestionar la acción- desde la zona de tres cuartos, le hace encajar sobre el papel en el West Ham.

La fantástica segunda línea con la que cuenta Slaven Bilic (Lanzini, Payet, Antonio, Feghouli, Töre y André Ayew) le facilitará mucho su implementación en el equipo y le otorgará casi siempre una peligrosidad latente, acercándolo al área y evitando que desaparezca por tramos de los partidos.

Un suministro imprescindible que Calleri ya tuvo en Boca por parte de Tévez, con una complementariedad con el diez que le consagró. Volverá a requerir de socios por detrás de su posición para triunfar en Inglaterra como hizo en su día ‘El Apache’, un futbolista con vetas de calidad muy superiores pero al que Calleri parece emular en sus pasos: gestación en All Boys, Boca Juniors, paso por Brasil y una primera experiencia europea en el West Ham que le medirá como delantero.

La verticalidad de los hammers en esa línea de mediapuntas le lanzará, le surtirá lateralmente como tanto le gusta para acudir al remate, le permitirá fijar centrales para crear espacios y, al mismo tiempo, aprovecharse de las escaramuzas escurridizas y de las segundas jugadas gestadas antes por sus compañeros para erigirse en el nueve que el West Ham anhelaba para paliar un déficit de hace más de una década y que necesita ahora más que nunca para dar el salto de calidad que confirme al conjunto londinense como una realidad que aspire cada año a puestos europeos.

No en vano, nadie marca más de una quincena de goles en la Premier League para el club del este de Londres desde los dieciséis tantos logrados por Paolo Di Canio en la temporada 1999/2000.

Y Jonathan Calleri, si encuentra este contexto idóneo por detrás de su demarcación como parece, está capacitado para sumar cifras similares, básicas para materializar con goles la ambición de su equipo en un curso en el que la exigencia se ha multiplicado para todos los equipos con el inicio de proyectos mastodónticos como los de los dos grandes clubes de Manchester o el del Chelsea.

¿Es Calleri a día de hoy un delantero que vaya a alcanzar guarismos cercanos a la veintena de goles por temporada en la Premier? No, no lo es pero podría serlo perfectamente de mantener su crecimiento dibujado a golpes de mentalidad y si logra amputar sus periódicos claros errores de cara a gol.

Un nueve como él, con dominio de su cuerpo y de su zona, con facilidad para definir a un toque y con su intrínseca garra y sacrificio puede ganarse pronto a los hinchas del West Ham en la temporada de su estreno en el Estadio Olímpico y en una competición como la Premier League que le va a permitir esconder sus limitaciones más técnicas y multiplicar por mucho su presencia y eficacia rematadora.

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