FC Barcelona

article title

Que el tiempo se pare, Andrés.

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Un año para que expire el contrato que une a FC Barcelona y Andrés Iniesta. Recientemente, los rumores que se atribuyen al de Fuentealbilla, le sitúan en Qatar una vez termine la próxima temporada.

Se veía venir algo así, cuando los días pasan y la incertidumbre crece. El silencio es una abstención de sonido, que sin sonoridad puede establecer el mismo mensaje que un conjunto de palabras. Una omisión que por sí sola deja entrever que hay algo que se está cociendo. Un jugador que ha propagado el amor eterno de retirarse vistiendo los mismos colores dijo: “Iniesta y el Barça no tendrán nunca ningún problema”. O “No estoy diciendo que no vaya a renovar. Lo que nunca haré es estar aquí por estar ”. Y a partir de aquí, se creó una incógnita que evidencia que ese mismo jugador puede no colgar las botas vestido de azulgrana.

Los fieles practicantes de la religión que venera a Andrés hace tiempo que tienen la mosca detrás de la oreja, escuchando el aleteo de sus alas.
Está claro, Iniesta tiene 33 años. Empecemos por ahí. Xavi se marchó con 35, Puyol con 36. Jugadores únicos que idolatramos como infinitos. El tiempo pasa para todos, y parece que lamentablemente, también para los genios.
La temporada de Andrés se ha finiquitado con 1.329 minutos en Liga, frente a los 2.247 de la anterior edición.
Las lesiones no han respetado a uno de los hombres que más se ha ganado el respeto en el campo, que esta temporada le han hecho perderse 19 partidos. Sin embargo, recién salido de una lesión, en el Clásico que se disputó en el Camp Nou fue, junto a Modric, claro protagonista. Un signo evidente de la necesidad del manchego que, al entrar en el terreno de juego, le devolvió la entidad al conjunto azulgrana.

Las rotaciones han sentado al capitán, siendo uno de los centrocampistas menos partícipes en las alineaciones de Luis Enrique. Lo lógico es que el rendimiento del jugador se vea afectado por las lesiones, y que necesite de un determinado tiempo para volver a estar a su máximo nivel. Más cuando se tienen 33 años y el físico puede volverse más exigente con uno mismo. No obstante, la realidad es que han sido muchas las veces que los partidos se han iniciado con Iniesta en el banquillo. Así es muy difícil sentirse en forma y reencontrarse con las sensaciones que le hacen brillar con el esférico. Demasiadas suplencias que, a ojos de algunos, son incomprensibles. ¿Demasiada protección? ¿Intento de una dulce transición con sabor amargo?
Está claro que el rol que ha debido adoptar en la campaña que recién termina no le ha ayudado en absoluto.

Iniesta tiene batería para rato, y quiere usarla hasta que se apague. La ambición obvia de un futbolista de élite y la irrebatible necesidad de sentirse importante en su equipo. Porque Andrés hace tiempo que dejó de ser alumno para convertirse en maestro.
Can Barça parece que no garantiza las claves que el jugador precisa para su continuidad. Las instituciones razonan en futuro, y lo de retirarse con protagonismo en un club exigido a ganar el máximo de competiciones es cada vez más utópico.

La temporada 2017-2018 tiene nuevo jefe. No hay absoluta certeza sobre los planes que diseña Valverde. Va a ser para Andrés un periodo donde analizar su presente y meditar los tiempos venideros. De mientras, parece que Xavi ya le prepara el terreno a su amigo.

LEER MÁS: Draw my life de Xavi Hernández

La primera vez, desde 1996, que Andrés visualice un vestuario donde la equipación que reposa en los bancos de las taquillas no sea la del FC Barcelona. La primera duda surgida con firmeza. Una sensación extraña e insólita.
Es sorprendente que alguien con 33 títulos bajo el brazo deba seguir demostrando. Alguien que no necesita argumentos. Sin embargo, el ritmo trepidante del fútbol, caprichoso, quiere envejecer al deportista.

Iniesta es un mago de chistera interminable, donde la magia no concluye. No hace aparecer y desaparecer conejos, pero hace lo mismo con el balón. Un centrocampista que otorga orden y creación, y la fiabilidad del control del partido. Con máxima elegancia, como si entre él y el resto existiera alguna barrera que le permitiera mover el esférico a su antojo, y una bola mágica que le dejara ver el futuro para anticipar dónde ponerlo. Mágico asistente. 90 minutos de responsabilidad en su brazalete y sus botas.

Es de esos jugadores que representan los valores, que sientes que te representan a ti, que contemplas este deporte bajo la misma mirada. Un espejo en el que mirarse. Un niño que sufrió cumpliendo el sueño de formarse en el Barça, porque nunca es fácil separarse de los padres. Probablemente por eso Andrés siga siendo hogareño, muy de los suyos, y no tenga reparo en mostrar con naturalidad el amor que siente por su familia. No es de aquellos a los que les gusta expresarse y ser centro de atención, pero sin decir demasiado demuestra su inmenso sentimiento por lo que hace día a día.
Humilde y leal. “Si no me retiro en el Barça, no voy a jugar nunca contra él”. Sería muy difícil para alguien que siente al equipo como suyo.

Iniesta es significado del balompié. Futbolista aplaudido en casi todos los terrenos de juego. El elegido que llevó la ilusión y la alegría a los hogares españoles. Un líder de voz baja y elevada fantasía.

Habrá que seguir disfrutando de Andrés mientras podamos. En una temporada en la que seguirá manifestando su singular exquisitez, luciéndose en la vitrina europea para ser llamado a disputar el que sería su último Mundial.

Habría sido maravilloso despedir su carrera en el club al que tanto ha dado, algo que parece cada vez más improbable. O parar el tiempo, dejarlo paralizado mientras el balón sigue rodando y rozando sus pies, para que sus años no pasen.

Dudo que el barcelonismo esté preparado para verle salir. Al fin y al cabo, Andrés es una de esas piezas irremplazables.

Duele cada vez que está en el banquillo. Talento retenido, hambre inagotable. Dolerá verle marchar, angustia imaginar su despedida. Y duele, y mucho, escribir este texto para alguien que no entiende el fútbol sin Andrés Iniesta.

Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedIn

Artículos relacionados