Psicología deportiva

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Psicología deportiva: aprender a fallar para crecer

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Estamos en una sociedad en la que constantemente se transmite que fallar significa fracasar y eso no es así. A nadie le gusta fallar eso lo tenemos claro ya que nos pegamos desde que nacemos preparándonos y formándonos para evitar ese momento, por lo que sabemos desde bien pequeños que es algo que no queremos para nosotros.

Es curioso porque a pesar de no quererlo nadie está a salvo de vivir esta experiencia. La realidad es que el fallo forma parte de la vida y del deporte pero poco tiempo dedicamos a verlo como un paso de crecimiento y una oportunidad de aprendizaje.

¿Qué significa para ti fallar? ¿Y que falle tu hijo/a? ¿Y un deportista que entrenas?

La mayoría de nosotros, por no decir todos, hemos fallado más de una vez y a pesar de que no es agradable y que no queremos vivirlo de nuevo, se convierte en algo importante para nuestro desarrollo puesto que nos va a permitir aprender y corregir.

El fallo se encuentra especialmente presente en los procesos formativos y educativos de los más pequeños, por lo que merece especial atención en el momento que aparece y que nuestro enfoque sea lo más constructivo posible.

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Todo lo que aprendemos por el camino es muy útil y valioso para que nuestra manera de actuar en la próxima ocasión pueda cambiar. Si transmitimos que el error es algo negativo y que como padres o entrenadores nos avergonzamos o nos cabreamos cuando lo vemos, al final generaremos un miedo y una visión desenfocada de su verdadero valor en estas edades.

El miedo a fallar se convierte en la principal barrera que nos impide progresar y desarrollarnos. La primera fase del proceso de aprendizaje es fallar, si podemos identificar donde nos hemos equivocado y ver lo que se puede mejorar o cambiar como algo positivo, nos marcaremos metas para seguir avanzando en ese proceso.

No hay nadie que no haya fallado alguna vez y si no hubiera errores que tuviéramos que ir superando poco a poco no tendríamos tantas oportunidades de aprender y de rectificar. Fallar nos enseña y hay que darle la importancia que se merece sin teñirlo de fracaso.

  1. De los errores se aprende, y mucho
  2. Nos ayudan a crecer y a ser mejores
  3. Nos impulsan a buscar otras estrategias
  4. Potencian nuestra capacidad de análisis
  5. Activan nuestra parte más creativa e innovadora
  6. Nos hacen superarnos para seguir dando pasos hacia adelante

Por esto y por mucho más no olvidemos nunca que el fallo es parte del éxito y que el único que se equivoca es el que nunca hace nada. Si hemos fallado es porque lo hemos intentado y eso es lo valioso. Fallar puede hacernos sentir mal, pero tengamos una cosa clara, si fallamos pero aprendemos jamás fallamos.

“Debemos enseñar que no es una deshonra fallar ya que fallar es el arte más grande del mundo.” (Charles Kettering)

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