Champions League

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PSG, el otro equipo de muchos

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Va a ser entretenido. El sorteo de Champions nos ha regalado tres grandes cruces para los equipos españoles. Tendremos un Manchester United – Sevilla muy difícil para los de Nervión. Los Diablos Rojos son favoritos en la eliminatoria y competir pasa porque los andaluces muestren su mejor cara. No me cabe duda de que estaremos, todos los que de un modo otro formamos parte de este mundillo, apoyando a los de Eduardo Berizzo. Luego está el F.C. Barcelona – Chelsea. Aroma a clásico moderno y de recuerdos inolvidables para el aficionado culé. El gol de Iniesta, a la altura del de José Mari Bakero en Kaiserslautern. Aquella genialidad de Ronaldinho en Stamford Bridge o Maxi López haciendo la gallina. La última vez que se cruzaron, en 2012, Fernando Torres cerró la puerta de la remontada en el Camp Nou. También creo que en este cruce, en lo que a los medios se refiere, habrá mayoría empujando para que los culés sigan adelante en la máxima competición continental (igual aquí cabría un emoticono picando un ojo). Y finalmente nos queda el otro enfrentamiento. En ese no tengo tan claro con quién irá parte de la prensa especializada…

Y es que se me vienen a la mente la cantidad de periodistas deportivos declarados fans del Paris Saint-Germain. Aquellos que se alegraron la noche en la que al Barça le metieron cuatro en el Parque de los Príncipes y lloraron después con el milagro blaugrana. Entiendo lo duro que es cuando, sintiendo unos colores desde la más tierna infancia, se sufre un revés así. Debe ser algo parecido a lo que yo viví cuando en semifinales de la Copa de la UEFA, hace ya veinte años, el Schalke 04 eliminaba a mi Tenerife en el tiempo extra del partido de vuelta. Duele, duele mucho. Más si no has tenido la oportunidad de lograr una hazaña similar. Podemos decir que, hasta el momento, el PSG es un equipo menor en Europa. O que lo ha sido en competiciones internacionales. Ahora, llevan un tiempo en disposición de revertir la situación, pero aún no se ha dado. Estuvieron realmente cerca. En la épica jornada del 8 de marzo pasado me alegré como barcelonista, pero lo sentí tanto por algunos… Y es que no me gusta ver a la gente sufrir.

Juanma Rodríguez es del PSG. Celebró el fichaje de Neymar por todo lo alto. Adquirió la elástica del club parisino y publicó en su cuenta de twitter una foto con la misma. “Grande Ney”, rezaba su enunciado. Posteriormente eliminó el tweet, pero las capturas de pantalla quedan. Bernabéu Digital se hizo eco y compartió la noticia. Es bonito cuando un crack mundial ficha por tu equipo. De veras comprendo su felicidad.

Álvaro Ojeda es del PSG. En el videoblog que tiene en esa especie de periódico digital para el que trabaja, de manera vehemente afirmó, cuando se supo del cruce del año pasado entre los de la capital francesa y el Barça, que él era del conjunto galo desde pequeñito e instó al populacho a comprar camisetas y bufandas del club. Después del 6-1 encajado por los suyos, volvía a aparecer, esta vez ataviado con la equipación de los de Emery, para denunciar el supuesto robo perpetrado en el Camp Nou. De verdad entiendo su frustración.

Tomás Roncero es del PSG. Recientemente fue preguntado en el programa-parodia futbolístico nocturno de televisión sobre su tridente favorito. No lo dudó: Mbappé, Cavani y Neymar. Mención aparte merecen los vídeos que se publican desde la redacción de su diario. Qué contraste entre la alegría cuando se supo del duelo PSG – Barça y la desolación tras el gol de Sergi Roberto. Esa cara de circunstancias era la misma que la mía cuando, ya en cuartos, la Juventus apartó los azulgrana de la carrera por la orejona. Así que creo en su pasión por los franceses. Francamente, comparto su dolor.

Alfredo Duro es del PSG. Festejó que Neymar llegara a París lanzándose por un tobogán y cantando. Vestido con los colores del nuevo club del carioca, la sonrisa no le cabía en la cara. Un episodio más en su ensalzamiento del PSG, puesto que su gran éxito viral fue su famoso “al carrer” tras el 4-0. Cuestionado sobre la vuelta, aún pendiente, se reafirmó. “A la vuelta otros cuatro y al carrer”. Su semblante tras la remontada era un poema. Desamparo, angustia. El tono de voz roto. Hecho pedazos por dentro. ¡Como para dudar de su sentimiento! Sinceramente, reconocí su afección.

Son solo cuatro ejemplos de periodistas que han dado muestras de su pasión por el PSG. Que habrá más. Y me duele por el Real Madrid. Tan solos en este envite…

Bueno, basta. Hasta aquí el ejercicio de ironía. Aparco esperando que se entienda lo escrito hasta este punto. Toca ponerse serio. La realidad es que ellos estarán con los suyos. Y los suyos son los merengues. Así tiene que ser y así lo entiendo. Es absolutamente normal. Porque sangran blanco. Y no pasa nada por demostrarlo. Yo siempre he admitido que soy culé. Creo que cualquiera puede hablar abiertamente de cuáles son sus preferencias, porque aunque en este entorno lo correcto es mostrarte como neutral, no tener afectos es una quimera. Si eres atlético muy bien, si eres sevillista, o bético, o valencianista, o lo que sea, muy bien. Y tratar de defender a tu club es justo, es correcto. Pero no vale todo. De acuerdo, decir que quiero que el Madrid gane sería mentir. Sin embargo, otra cosa es hacer campaña por sus rivales. O poner excusas en sus éxitos; que ya cansa (desde ambos lados), por ejemplo, el argumento conspiranoico, el señalar a los árbitros. Tampoco voy a pintarme la cara con los colores de su próximo contrincante o declinar sus méritos. Sencillamente porque creo que hacer periodismo es otra cosa. Lo más que me jode, y perdón por la expresión, es que sé que la mayoría puede hacerlo de otro modo. Aunque mientras las masas admitan este estilo, poco podemos pedirles. No se les puede culpar de ofrecer lo que tantos quieren consumir. Dejémoslo aquí.

En fin, que tenemos ante nosotros tres eliminatorias tan bonitas como complicadas. Hablar de fútbol, y solo de fútbol, sería precioso. Que hay suficientes argumentos para ello. Y una competición como la Champions League no merece menos. Esperando divertirnos, nos vemos en febrero.

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