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Proyecto cero: crisis de entrenadores en el fútbol argentino

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Proyecto, confianza y apoyo son algunas de las palabras que se suelen mencionar en la conferencia de presentación de los entrenadores, pero que carecen de significado ante los primeros resultados negativos.

En solamente 8 fechas del “Torneo de Transición” argentino, ya son 9 los técnicos que perdieron su trabajo con malos resultados, aprietes de barras y “modificaciones” en el proyecto de por medio.

Cada caso es particular, pero se encierra en el marco de un fútbol histérico, resultadista, que no soporta la reprobación popular y que vive del corto plazo, sin lograr ver más allá del fin de semana siguiente.

Rodolfo Arruabarrena es uno de los casos más extraños: el técnico de Boca logró el Torneo Local y la Copa Argentina 2015 y arrancó el 2016 con la Copa Libertadores como objetivo. Pero las caídas frente a River en el verano (amistosas, sin ningún valor oficial) y la derrota por goleada 0-4 ante San Lorenzo en la Supercopa argentina fueron imperdonables para un entrenador que siempre estuvo en la mira de la dirigencia, el público y el periodismo por su “carácter blando”.

Para colmo, encontrar a Guillermo Barros Schelotto sin trabajo, el DT pretendido por todos que tuvo que abandonar Palermo por no contar con la autorización para sentarse en el banco, fue otro condicionante para que el Vasco saliera eyectado de la Bombonera.

Otro caso peculiar es el de Pedro Troglio. Ídolo en Gimnasia y Esgrima La Plata, estaba a cuatro unidades de la cima del campeonato cuando le tocó perder por 3-0 el clásico ante el rival de toda su vida, Estudiantes.

Craso error que no tuvo perdón: fue despedido por teléfono al día siguiente a pesar de la negativa de la hinchada y en medio de un escándalo en la directiva, con dirigentes peleándose a las piñas con jugadores del primer equipo y renunciando a sus cargos.

Ejemplo similar es el de Lucas Bernardi, quien también fue despedido de Newell’s tras caer ante su clásico, Rosario Central, tras ocho meses de trabajo. Los rojinegros nunca lograron superar la partida de Gerardo Martino y pasaron de potencia sudamericana a serio candidato al descenso en las próximas temporadas.

Es cierto que los malos resultados condicionaron el destino de Bernardi, pero también es verdad que cambiar cinco técnicos en dos años y medio es provocar demasiada inestabilidad para un equipo que aspira a pelear con los grandes.

Bernardi

Dirigencia especial es la de Banfield. El conjunto del Sur de Buenos Aires apostó durante años a un proyecto integral comandado por Matías Almeyda que consistía, básicamente, en nutrir el semillero y que los juveniles exploten en Primera, siendo vendidos y encontrando sus reemplazantes nuevamente en las inferiores.

Hasta aquí funcionó bien, y jugadores como Andrés Chávez, Nicolás Tagliafico y Javier Toledo recalaron en equipos como Boca e Independiente, a cambio de millones de dólares.

Con el ciclo de Almeyda cumplido, la dirigencia apostó (mitad por convencimiento y mitad por comodidad) por Claudio Vivas, ex ayudante de Marcelo Bielsa y gran formador. El primer campeonato anduvo bien, pero ante una serie de malos resultados decidieron contratar a Julio Falcioni (reconocido por un juego antagónico al proyectado por sus antecesores, y por no apostar a juveniles sino por gastar excesivo dinero contratando).

Carlos Mayor (Argentinos Juniors, 6 fechas), Sergio Lippi (Sarmiento de Junín, 6 fechas), Jorge Burruchaga (Atlético de Rafaela, 8 fechas y con intervención de la barrabrava incluida) y Mauro Camoranesi (Tigre, 7 fechas) fueron echados antes de la jornada 8 por un mal arranque del campeonato.

Camoranesi

El caso del campeón del mundo con Italia es representativo para entender la realidad que vive el fútbol argentino. Su debut como DT en el país se vio condicionado por la desconfianza inicial de su público y, una vez despedido, se escuchó al vicepresidente del club en una radio: “Confiamos en él y creemos que va a ser un gran técnico. Nos hubiera gustado que siguiera, pero la reacción negativa de la gente nos hizo tomar la decisión”. Aprobación mata convicción.

Por último está Diego Osella, quien evidencia que desde ninguno de los dos lados se respetan los proyectos. Mientras los dirigentes de Olimpo de Bahía Blanca lo apoyaron a pesar de los malos resultados, él negoció con Newell’s, club del cual es hincha, y abandonó una institución que recién comenzaba una nueva temporada.

Si ni entre los entrenadores se respetan…

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