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El problema del 4-4-2 culé

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Luis Enrique, desde hace un tiempo, viendo los problemas que sufría Sergio Busquets, decidió proteger al escudero más seguro del último lustro en el panorama mundial. Al Barcelona ya no le importaba tanto tener el cuero, ya que por primera vez su delantera era más importante que su centro del campo. Quizás fue pura coincidencia, pero el Barça se encontraba con tres monstruos arriba a los que debía alimentar y la pérdida de Xavi significaba que el fútbol, quizás, debía ser más directo.

Al ser más verticales, los azulgranas perdieron más control y Busquets dejó de ser Busquets. El de Badía se encontraba muy solo ya que la presión ya no era tan efectiva y cada vez que miraba a su espalda veía un enorme hueco a su espalda que los rivales aprovechaban. Estaba entre dos mundos. Lejos de Suárez pero aún más lejos de Piqué. Su técnico decidió actuar.

El cuadro catalán pasó al 4-4-2 (en defensa) para liberar a Messi y apoyar al marginado Busquets. Del 4-3-3 en ataque si el equipo perdía el esférico Iniesta -interior en ataque- pasaba al centro con Sergio, y Neymar en izquierda. El más perjudicado siempre era el carioca, ya que del trío atacante es el que más debía sacrificarse. Todo parecía ir rodado hasta que la debacle de París despertó al aficionado azulgrana.

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Iniesta sufría mucho en el doble pivote un lugar que el PSG no dudó en explotar con Matuidi y Verratti. Actualmente, el conjunto de Luis Enrique se encuentra ante un problema estructural importante. Iniesta aporta cosas que, como ya saben, nadie más puede aportar pero no parece ser el más adecuado para estar en el doble pivote. Llevarlo a la derecha podría parecer que es una solución pero quizás sea uno de los peores sitios en los que pueda estar.

Prácticamente, la función del interior derecho del Barça es la de no molestar ya que por ahí habita un superlativo Messi que juega más por dentro que por fuera. Por ello, y para no tapar línea de pase, el que juega ahí tiene como función la de abrirse y la de “no molestar”. Poner a Iniesta ahí sería un error. Además por aquel sector está Sergi Roberto un centrocampista disfrazado de lateral que tiene como habilidad combinar con Messi pero que no está al nivel de la histórica pareja que formaron el argentino y Dani Alves.

La realidad del FC Barcelona es que la forma de defender su portería ha cambiado porque su fútbol en ataque también lo ha hecho y por ello debe pensar en nuevas formas de ser sólido. Aunque, seguramente, una de ellas sea sacrificando a uno de las vacas más sagradas del club. Los tiempos cambian.

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