Fútbol Europeo

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Príncipe Igor Protti

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Hay futbolistas que allá por donde van pasan desapercibidos. Hay incluso futbolistas de gran nivel que nunca logran encontrar su sitio y van dando tumbos de liga en liga, de país en país. En muchos casos persiguiendo erráticos un señuelo de billetes que no conduce a ninguna parte. En cambio, algunos otros parece que solo son felices vistiendo los colores y portando el escudo de un único equipo, aunque hayan militado en varios. No digo que estos últimos sean mejores que los primeros, pero se me antojan ciertamente imprescindibles. Son líderes dentro y fuera del campo y enseguida se ganan el reconocimiento y el respeto de los suyos. Por unas u otras razones se identifican de tal forma con una ciudad que la hinchada local los eleva a la categoría de reyes, de príncipes.

Es el caso de Lucas Pérez, que vive un auténtico idilio con su ciudad natal, A Coruña. El “huracán” del barrio de Monelos regresó a su casa después de su periplo europeo y disfruta de su mejor año como futbolista. Los que lo han fichado para su equipo en Comunio pueden atestiguar que es la gran revelación del campeonato. Se dice que ha rechazado ya una oferta millonaria para jugar en la liga china y su nombre suena con fuerza para futuras convocatorias con la selección española. La llamada Ciudad de Cristal por las galerías de sus edificios, en la que nadie se siente forastero, resulta un lugar idóneo para este tipo de futbolistas y si no que se lo pregunten al argentino Lionel Scaloni o al catalán Joan Capdevila.

Otro ejemplo actual, aunque por causas bien diferentes, podría ser el de Deniz Naki, futbolista alemán de origen kurdo que juega para el Amed SK de Diyarbakir. Con sus críticas a la política represiva del gobierno turco de Erdogan se ha convertido en un referente mediático para su pueblo, que en estos momentos libra una guerra sin cuartel contra el Estado Islámico. En su brazo tiene tatuada la palabra “azadi”, que en kurdo significa libertad.

 

Igor Protti

Igor Protti nació en Rimini en 1967 y con la escuadra de esta turística ciudad hizo su debut en Serie C1 a la edad de 16 años. Aproximadamente dos años después decide hacer las maletas en busca de minutos. Lejos queda ya su niñez cuando de cuero era la estrella que lo guiaba. Y como si fuese una cometa, la pelota siempre ligada a la voz de su madre, que lo llamaba con insistencia. “Mamá, un tiro solo, un tiro más y voy inmediatamente”, prometía Igor. “No te llamo más” respondía ella. Emprende entonces un viaje en línea recta atravesando los Apeninos hasta la ciudad portuaria de Livorno. Mare dopo mare, del Adriático al Tirreno para ganarse el cariño de la afición marcando su primer gol en un derbi primavera contra el odiado rival, el Pisa. Llegó pronto al primer equipo y supo crecer como futbolista: en tres temporadas con la camiseta amaranto consiguió 12 goles en 72 presencias siempre en Serie C1. En la Ardenza el niño se hace hombre y es alli donde conoce al que sería su gran amor, Patrizia.

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Zar en Bari

Los problemas económicos del club hacen que Protti se tenga que marchar cedido en el curso 88-89 a la Virescit Bergamo y un año después se produce el traspaso al Messina, equipo de Serie B. La ciudad del estrecho disfrutó de su fútbol durante tres temporadas. En la última, la 91-92, las once dianas del delantero no son suficientes para evitar que los giallorossi desciendan de categoría. Tras este pequeño fracaso ficha por el Bari, un nuevo equipo, una vez más el mar. La dupla atacante que forma junto al Cobra Tovalieri tan solo necesita un año para llevar a la escuadra pugliese de vuelta a la Serie A. En la 93-94 terminan en un cómodo duodécimo puesto y los chicos de Giuseppe Materazzi popularizan una celebración que no se cansan de repetir: il trenino. Sin embargo, cuando parecía que el club podía asentarse en la máxima competición, la debilidad defensiva provoca un nuevo descenso en la temporada 94-95. Pero ese año Protti nos dejaba un hecho histórico: sus 24 goles lo convierten en el único capocannoniere que juega en un equipo acaba perdiendo la categoría.

De nuevo aparecen las dificultades económicas y obligan al presidente Matarrese a ceder a Protti a la Lazio. Entrenado por Zeman, su temporada en Roma completando el ataque junto a Casiraghi y Signori fue decepcionante y en el verano del 97 prueba suerte en el Napoli. Su etapa con los partenopei supone otro fracaso personal y deportivo. Con casi 32 años y de regreso a la serie B con la Reggiana todo parecía indicar que su carrera se encontraba en franco declive.

 

Rey en Livorno

Nada más lejos de la realidad. Tras desechar varias propuestas de equipos de superior categoría, Igor decide volver a la ciudad de la que se había quedado prendado cuando todavía era un juvenil. El técnico Osvaldo Jaconi dijo en una ocasión: “Livorno es una plaza particular, la gente no quiere campeones, quiere hombres verdaderos, dispuestos a comprometerse con una causa”. Poco importaba que la escuadra toscana llevase casi 30 años en el infierno de la Serie C1, Protti representaba mejor que ningún otro jugador esa filosofía. Precisamente con Jaconi a los mandos, en la temporada 2000-2001 Igor se alza con el trofeo de máximo goleador, aunque el club sufre un duro revés al caer contra el Como en el play off de ascenso. En el curso siguiente Protti repite como capocannoniere con 27 goles y el Livorno consigue finalmente el tan ansiado regreso a Serie B. El tanto decisivo llega en Treviso: balón en largo, dejada con el pecho y gol del bomber de Rimini. Protti enloquece y corre a encaramarse en la red de protección del estadio mientras las Brigate Autonome Livornese gritan: Protti capo degli ultras! Protti capo degli ultras!

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En la primera stagione y con Donadoni en el banquillo se proclama pichichi del torneo. He aquí otro hito: Protti es, junto al Tatanka Dario Hübner, el unico jugador en ser máximo goleador en Serie A, B y C. En la 2003- 2004 llega procedente del Torino el jugador destinado a ocupar el trono de Protti tras su retirada, Cristiano Lucarelli. Dos símbolos, dos mitos que establecen una sociedad que anota 53 goles. El Livorno de Mazzarri cierra la temporada con un tercer puesto con el que acceden a la Serie A 55 años después.

El 22 de mayo de 2005 Protti jugaría su último partido en el Picchi anotando el gol del empate a dos ante la Juve. En el minuto 61 es sustituido y la hinchada se pone en pie para despedir con honores a su ídolo. No había contradicciones en Igor y se fue como jugó: con el brazo extendido y el puño cerrado, legado de un padre albañil. Con una sonrisa tras otra y un diez sobre el corazón.

Los versos son del músico livornés Mario Menicagli, que le dedicó una canción titulada “El príncipe Igor”; inspirada en la ópera homónima de Aleksander Borodin en la que el príncipe ruso Igor Sviatoslávich lucha con valentía contra las tribus invasoras de los pólovtsy. Un nuevo sobrenombre para un jugador que había sido zar en Bari y rey en Livorno. Quizá las BAL, orgullosas bajo la enseña de la hoz y el martillo y ondeando la bandera del Che, hubiesen prefirido aquel otro apodo que los napolitanos le otorgaron por ser capaz de marcar en cualquier posición: Kamasutra Protti. 

Gracias a los futbolistas de su estirpe cobra sentido la sentencia “il calcio è di chi lo ama”. Protti non si tocca.

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