EURO 2016

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Portugal empieza a creer en los milagros

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El santuario de Fátima, en pleno corazón de Portugal, recibe alrededor de ocho millones de visitas anuales desde todos los rincones del planeta pero la mayor parte de ellas son realizadas por los propios ciudadanos portugueses.

No sabemos si es que todos han acudido en masa al lugar de la archiconocida aparición mariana justo antes del inicio de la Eurocopa para pedir por su selección pero es muy probable que todo Portugal pase a creer definitivamente en ese y en todos los milagros si el equipo nacional sigue avanzando escalones hacia la conquista de la EURO 2016 sin ganar ningún partido durante los noventa minutos de juego por el camino.

La selección lusa ha sido una garantía de competitividad cada vez que ha afrontado una Eurocopa. Portugal ha disputado siete en total, incluyendo la presente, desde su debut en la edición de 1984 y en cinco de ellas ha puesto sus pies en las semifinales, superando también la fase de grupos en las dos restantes. Y a pesar de no haber culminado nunca su buen hacer con un título y haber disputado una sola final -la Grecia de Rehhagel se la birló en casa-, el dato dice mucho del carácter de los portugueses cuando llega la hora de la verdad.

En Francia, el combinado dirigido por Fernando Santos no está siendo una excepción pero ha elegido dibujar una trayectoria cuanto menos curiosa para alcanzar nuevamente las semifinales e intentar acometer, por fin, el asalto al ansiado y buscado cetro europeo y al primer título absoluto de selecciones de su país.

Cinco partidos ha disputado hasta ahora Portugal y cinco empates han sido los resultados cosechados durante cada uno de los noventa minutos reglamentarios. La incapacidad de Cristiano Ronaldo y los suyos para vencer sin recurrir al tiempo extra es tan sorprendente como el muro que sus rivales se han encontrado enfrente para tratar de hacer lo mismo de la prórroga en adelante.

La supervivencia portuguesa ante cualquier situación crítica durante el transcurso de las rondas del KO demuestra sabiduría para manejar los momentos más tensos sin flaquear, acogiéndose a un empaque y a una entereza siempre superiores a las de su rival con las que, ya acostumbrada, seguirá contando a su favor a pesar de que ninguna otra selección acumula más minutos de cansancio en las piernas tras la prórroga que Portugal afrontó ante Croacia y la tanda de penaltis ante Polonia. Dos de dos.

Desde que la Eurocopa se amplió a ocho equipos en 1980, son varias los países que se han visto apeados de la competición del Viejo Continente sin perder ni un solo partido durante los noventa minutos, con el ejemplo de la actual Polonia como el más reseñable e inmediato. Sin embargo, apenas hay parangón con el caso de la actual Portugal –un equipo que se planta en semifinales sin ganar- en ninguna otra selección de ningún otro torneo -incluyendo entre éstos Mundiales, Eurocopas y Copas América- en cien años de competiciones de selecciones.

Paraguay, el único antecedente
La ampliación a 24 equipos y la clasificación de los mejores terceros posibilita que equipos que cosechan tres empates en la fase de grupos puedan acceder a las eliminatorias como ya hizo Uruguay en México 1986 o como consiguieron, aunque fuese como segundas de grupo, Italia en 1982 y Chile en 1998 pero de ahí, a intentar conseguir el título de ese modo hay una distancia que separa lo difícil de lo imposible. El terreno exacto que Portugal quiere conquistar.

Solamente hay un caso similar en una selección europea y es de la Irlanda del Mundial de 1990, dirigida por Jack Charlton, hermano del gran Bobby. La selección verde, encabezada por John Aldridge, empató sus tres partidos de fase de grupos ante Inglaterra, Egipto y Holanda y superó el cruce de octavos ante la Rumanía de Hagi en los penaltis para caer por 1-0 en cuartos ante Italia con gol de Schillaci. Cuatro partidos y cero victorias para llegar a unos cuartos de final, el techo histórico del conjunto irlandés. Nada mal para ser el debut.

Sin embargo, la única selección que puede afirmar que sabe lo que se siente al ir superando rondas sin vencer ni perder cinco partidos consecutivos en los noventa minutos es la Paraguay del Tata Martino en la Copa América 2011. Los guaranís quedaron encuadrados en su grupo con Ecuador, Brasil y Venezuela. 0-0, 2-2 y 3-3 fue su racha de resultados. En cuartos de final volvió a medirse ante la canarinha de Robinho, Ganso, Pato y Neymar y la mandaron a casa en la tanda de penaltis. Después, en semifinales afrontaron a otro rival de su grupo, Venezuela, a quien batieron de nuevo en los lanzamientos desde los once metros para alcanzar a la final, donde ya sí capitularon y Luis Suárez y Forlán por dos veces le dieron el título a Uruguay.

No es solo suerte
Pese a que pueda parecer todo lo contrario, Portugal no ha vivido sólo de fe y fortuna en Francia. El equipo entrenado por Fernando Santos se ha mostrado, pese a no conocer la victoria de forma natural, cómo el más adaptable al rival desde que pasó de milagro -cómo no- una fase de grupos en la que tenía a rivales más débiles como eran Austria, Hungría e Islandia. Sin embargo, ninguna otra selección de la EURO 2016 ha sido capaz de hacer más cosas en un mismo o en diferentes partidos y es ahí precisamente donde reside parte del porqué de su idilio con la épica.

Portugal puede manejar y plantarse con mucho peso en campo contrario, puede correr y hacer mucho daño a la contra con Cristiano, Quaresma, Nani o André Gomes; puede pausar el partido, si así lo requiere, en su zona de inicio gracias a su buen toque asociativo; puede agitar en cualquier momento el juego con las galopadas de Renato Sanches o la profundidad y los centros de sus laterales, puede confiar ciegamente en un Pepe imperial en las dos áreas y adelantar con él su defensa para empujar a sus rivales hacia atrás, puede formar dos líneas muy sólidas y compenetradas de cuatro hombres para defender cerrando espacios…

No es la suerte, por lo tanto, el único elemento que ha llevado a Portugal hasta las semifinales de la Eurocopa aunque es evidente que la fortuna les está sonriendo de manera cómplice y como nunca lo había hecho. Tras quedarse apeados de la EURO 2000 por el gol de oro de Zidane desde el punto de penalti en el 177’ y por España en 2012 en la tanda de penaltis, los portugueses se están tomando su particular venganza con el azar y están dispuestos a convertir así a toda su nación en fervientes creyentes de su milagro ronda tras ronda. Quién sabe, si logran levantar la copa sin ganar tampoco en las semifinales ni en la final, quizá también merezcan un santuario al que haya que peregrinar año tras año.

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