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Por qué soy del Atleti

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El Atleti tiene ese algo innato que le hace diferente. Como el familiar que muchas veces no soportas o el amigo por el que serías capaz de perder un brazo. Ese yin y ese yang tan inverosímil que sólo el que es capaz de llevar dentro puede comprender. Y digo comprender, porque una cosa es entender lo que el Atlético de Madrid significa, y otra es saber explicarlo. Son dos variantes muy distintas. Para una sólo basta con ver un partido de esos que corren de rojo y blanco. Suficiente para saber si eres o no eres. La otra es más complicada y nadie ha sido capaz aún de darle un sentido. Y así es mejor, ¿verdad?

Bueno, antes de nada me voy a presentar. Soy Imanol Echegaray, periodista deportivo. De primeras, tampoco hay nada que llame la atención. Si acaso mi nombre o mi apellido. ¡Cuántas veces me los habrán escrito mal! Y estoy aquí porque me han dado la oportunidad de estar. Así que, gracias a Sphera Sports. En esta aventura semanal pasaremos por muchos puntos de la actualidad del Atlético. Bueno, de la actualidad y la no actualidad, que aquí cabe todo. Y es de agradecer. Pero consideraba que lo mejor para entender qué escribo y cómo lo escribo era conocerme primero.

No me da miedo reconocerme hincha abierto del Atlético de Madrid. No debería dárselo a nadie. Una cosa es tener una bufanda de un equipo colgada del cuello (todos tenemos una) y otra es no quitársela ni para escribir. Pero oye, si me dan la oportunidad de dedicarme al equipo que llevo dentro, ¿por qué negarme? El caso, que me voy…

El aquí presente es del Atleti de Simeone. De ese que se coló en la élite europea sin invitación y del que ha ido generando el caos en los grandes Estadios del viejo continente. Ese Atleti que rozó con la yema de los dedos en dos ocasiones el gran título que le falta. También soy del Atleti que ahora, con el mismo entrenador, tiene dudas sobre un proyecto que, dicen, se tambalea. Soy de los que tienen memoria y recuerda quién me hizo feliz y cómo me hizo feliz. De los que es incapaz de señalar con el dedo a los que me auparon a la cima.

Pero también soy de otro Atleti. De ese gris, que llegó a bajar a Segunda División. Del que deambulaba sin pena ni gloria por primera división perdiendo decenas de partidos ante el Real Madrid o siendo goleado por cualquier equipo que se le acercase. Del Atleti que era menos reconocido por Europa que la independencia de Cataluña. De ese Atleti sustentado por un chaval que tuvo la mala suerte de caer de pie en una generación perdida y sin lustre. Ese pecoso que aguantó con pundonor la historia de un club centenario sobre sus jóvenes espaldas y que fue capaz de hacer que miles de aficionados permanecieran en unos momentos delicados para andar dedicando amor a un club de fútbol agónico y triste.

Soy de esos Atletis y también de los que me contaron mi abuelo o mi padre. Del que ganó la intercontinental y del que perdió la Copa de Europa en el último suspiro. Soy del Atleti de Luis Aragonés y también del de Hugo Sánchez. Porque uno me enseñó lo que hay que ser, y el otro me enseñó lo que no. Porque en la vida no existe el blanco o el negro, también el rojiblanco. Y con el rojiblanco eres capaz de probar todo lo que la vida puede ofrecerte. Lo bueno y lo no tan bueno. Lo malo y lo peor. Te enseña a caer y también a levantarte. A tener fe y a cabrearte. El Atleti lo engloba todo y todo engloba al Atleti.

Este soy yo y, como yo, muchos más. Porque el Atleti te hace a ti como tú haces al Atleti. Todos los nombres propios vienen y van, pero lo que permanece es el club y su afición. Y entre todas esas cosas que están de paso, aparezco yo para contarlas. Porque estudié periodismo para poder narrar una Champions League del Atleti. Y como dice (cambiando una palabra) un personaje de ficción llamado Rick Grimes, “no será hoy, no será mañana, pero te voy a ganar”.

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