Fútbol Balcánico

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El gran poder balcánico en la Serie A 2016/17

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El legado entre los Balcanes e Italia es una relación que se remonta a los primeros años del siglo XX. Ciudades representativas como Rijeka (Fiume), Split (Spalato), Zadar (Zara) o Dubrovnik (Ragusa) en la actual Croacia; la capital Ljubljana en Eslovenia o la ciudad de Kotor (Cattaro) en el actual territorio de Montenegro estuvieron bajo tutela del estado italiano tras el afán expansionista despertado con Mussolini y el fascismo.

Dejando un poco de lado la historia, aunque partiendo de ella, y adentrándonos en el ámbito exclusivamente futbolístico, el Calcio siempre ha sido la gran liga europea de referencia en los Balcanes. Con la desmembración de la extinta Yugoslavia a partir de 1991, el éxodo de la preciada aleación de fina calidad y carácter competitivo de los jugadores de la zona fue intensivo y gran parte de todo ese talento terminó pisando con éxito los campos de Italia para, al instante, convertirse en importantes referencias en sus respectivos equipos. Nombres, entre otros, como los de Boban (Bari, Milan) Savicevic (Milan), Jugovic (Sampdoria, Juventus, Lazio, Inter), Boksic (Lazio, Juventus), Pancev (Inter), Vlaovic (Padova), Jarni (Bari, Torino, Juventus) Mihajlovic (Roma, Sampdoria, Lazio, Inter) o Katanec (Sampdoria) hicieron de la Serie A su liga, dejando atrás las estampas de guerra y destrucción extendida por sus respectivos nacientes países.

Desde entonces, Italia ha sido el paso natural para cualquier joven futbolista del antiguo estado yugoslavo, como demostraron posteriormente nombres como por ejemplo Simic, Dejan Stankovic o Mirko Vucinic. Y no es sino actualmente, cuando ese habitual trasvase vive su momento más álgido con la tercera generación moderna de bosnios, serbios, croatas, montenegrinos, eslovenos, kosovares y macedonios, hijos de los conflictos bélicos desatados en los Balcanes con la desaparición de Yugoslavia -además de albaneses y búlgaros, los otras dos nacionalidades íntegramente balcánicos-, que crecieron con una pelota como mejor aliada viendo los partidos del Calcio y soñando con llegar a jugar allí algún día, tal y como estaban haciendo los mejores de sus compatriotas y también ídolos.

Pese a las recientes salidas de jugadores como Vrsaljko, Livaja o un poco antes, Savic o Kovacic, la Serie A ha alcanzado hoy día el mayor número de jugadores procedentes de los Balcanes de su historia. Protagonistas, muchos, con un tremendo peso específico en clubes aspirantes a estar en las posiciones de cabeza y que han supuesto un empujón y un aumento de nivel general, especialmente en la vertiente ofensiva de sus equipos. Veánse los casos de Birsa, Kurtic, Ljajic, Ilicic, Dzeko, Perisic, Mandzukic, Nestorovski o Milinkovic-Savic, sin ir más lejos.

Una presencia balcánica en la Serie A que es ciertamente masiva, ya que únicamente el Bologna, el Cagliari y el Sassuolo no cuentan con ningún jugador de esta región geográfica en sus plantillas. En el lado opuesto tenemos al Palermo y a la Lazio que con siete futbolistas cada uno de ellos, son los equipos con más balcánicos en sus filas. Hay, además, dos entrenadores balcánicos que en su época, fueron claros representantes de la competitividad y el buen hacer técnico de ese fútbol como son Sinisa Mihajlovic (Torino) e Ivan Juric (Genoa).

Leer más: Ilija Nestorovski, Macedonia de goles

Los croatas, con diecinueve representantes, mandan entre los 59 futbolistas de Serie A que tienen nacionalidad de alguno de los países que conforman la península de los Balcanes, por delante de los catorce serbios y los siete eslovenos y albaneses, mientras que sólo encontramos a un montengrino y ningún kosovar como tal este curso en la lista. El número de futbolistas procedentes de los Balcanes en la Serie A podría aumentar todavía más sin incluyésemos a los griegos, rumanos o turcos de las regiones de sus respectivos países que, geográficamente, pertenecen a la célebre península del sur de Europa o a los nacionalizados como Dzemaili, suizo aunque nacido en Macedonia, o Panagiotis Kone, griego nacido en Tirana.

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La llegada de futbolistas del otro lado del Adriático está en su máximo apogeo y suponen un producto más exportable que los omnipresentes brasileños y argentinos en Italia. Los clubes siguen y seguirán poniendo sus miras en la península balcánica para captar a los siguientes en llegar al Calcio gracias a la tradicional calidad de la escuela yugoslava y a la menor indolencia y mayor profesionalidad, tan habitualmente achacable, que su fútbol ha venido desarrollando desde los precursores de los años noventa.

No en vano, balcánicos como Hysaj, Pjanic, Handanovic, Lulic o Kalinic son futbolistas destinados a tener una notable incidencia en la parte alta de la Serie A, sin olvidarnos, por ejemplo, de los Radovanovic, Chochev, Manaj o Krunic que serán también, aunque en menor grado de rendimiento, sumamente decisivos en la lucha por mantener la categoría. Así de ubicuo e influyente es el poder que todos ellos tienen en la Serie A, el campeonato más balcánico del mundo lejos de los propios Balcanes.

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