Fútbol italiano

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Poder balcánico en la Serie A

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El legado entre los Balcanes e Italia es una relación que se remonta a los primeros años del siglo XX. Ciudades representativas como Rijeka (Fiume), Split (Spalato), Zadar (Zara) o Dubrovnik (Ragusa) en la actual Croacia; la capital Ljubljana en Eslovenia o la ciudad de Kotor (Cattaro) en el actual territorio de Montenegro estuvieron bajo tutela del estado italiano tras el afán expansionista despertado con Mussolini y el fascismo.

Dejando un poco de lado la historia aunque partiendo de ella y adentrándonos en el ámbito exclusivamente futbolístico, el Calcio siempre ha sido la gran liga europea de referencia en los Balcanes. Con la desmembración de la extinta Yugoslavia a partir de 1991, el éxodo de la preciada aleación de fina calidad y carácter competitivo de los jugadores de la zona fue intensivo y gran parte de todo ese talento terminó pisando con éxito los campos de Italia para, al instante, convertirse en importantes referencias en sus respectivos equipos. Nombres, entre otros, como los de Boban (Bari, Milan) Savicevic (Milan), Jugovic (Sampdoria, Juventus, Lazio, Inter), Boksic (Lazio, Juventus), Pancev (Inter), Vlaovic (Padova), Jarni (Bari, Torino, Juventus) Mihajlovic (Roma, Sampdoria, Lazio, Inter) o Katanec (Sampdoria) hicieron de la Serie A su liga, dejando atrás las estampas de guerra y destrucción extendida por sus respectivos nacientes países.

 

Desde entonces, Italia ha sido el paso natural para cualquier joven futbolista del antiguo estado yugoslavo, como demostraron posteriormente nombres como por ejemplo Simic, Dejan Stankovic o Mirko Vucinic, y no es sino actualmente cuando ese habitual trasvase vive su momento más álgido con la tercera generación moderna de bosnios, serbios, croatas, montenegrinos, eslovenos, macedonios y kosovares, hijos de los conflictos bélicos desatados en los Balcanes con la desaparición de Yugoslavia, que crecieron con una pelota como mejor aliada viendo los partidos del Calcio y soñando con llegar a jugar allí algún día, tal y como estaban haciendo los mejores de sus compatriotas y también ídolos.

Pese a las recientes salidas de Savic o Kovacic, la Serie A ha alcanzado hoy día el mayor número de jugadores procedentes de los Balcanes de su historia. Protagonistas, muchos, con un tremendo peso específico en clubes aspirantes a estar en las posiciones de cabeza y que han supuesto un empujón y un aumento de nivel general, especialmente en la vertiente ofensiva de sus equipos. Veánse los casos de Dzeko, Jovetic, Perisic, Mandzukic, Kalinic o el jovencísimo Milinkovic-Savic, sin ir más lejos. Todos ellos atacantes que han ofrecido una plusvalía de prestigio, presencia, calidad y gol allí donde han aterrizado este pasado verano y que se han sumado a baluartes como Pjanic y Handanovic, a nombres importantes como Ilicic y Lulic y a otros jugadores de gran proyección como Maksimovic (Torino) y Vrsaljko (Sassuolo), todos ellos ya presentes desde hace años en Italia.

 

Una presencia balcánica en la Serie A que es ciertamente masiva, ya que únicamente el recién ascendido Frosinone y el Milan no cuentan con ningún jugador de esta región geográfica en sus plantillas, pese a que el conjunto rossonero tiene por entrenador a uno de los que fue en su época un claro representante de la competitividad y el buen hacer técnico de ese fútbol como es Sinisa Mihajlovic. En el lado opuesto tenemos a la Fiorentina y al Inter que con siete y seis futbolistas respectivamente, son los equipos con más balcánicos en sus filas.

Precisamente, los serbios, con quince representantes, mandan entre los 49 futbolistas que tienen nacionalidad de alguno de los países surgidos de la extinta Yugoslavia que disputan la Serie A por delante de los trece croatas y los nueve eslovenos, mientras que sólo encontramos a un kosovar en la lista. Es el caso de Samir Ujkani (Genoa), quien fue desde 2008 hasta 2014 internacional por Albania y que ahora defiende el arco de la selección de Kosovo pese a que ésta no está reconocida por la FIFA ni la UEFA y tiene incluso prohibido en los pocos amistosos que puede disputar hacer sonar su himno o enfrentarse a otro combinado ex yugoslavo.

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El número de futbolistas procedentes de los Balcanes en la Serie A podría aumentar todavía más sin incluyésemos a los albaneses, quienes mantuvieron su independencia ante la creación de Yugoslavia tras la I Guerra Mundial, como Berisha (Lazio), Hysaj (Napoli) y Dermaku (Empoli) o a los numerosos balcánicos de origen como los suizos Pavlovic (Frosinone) y Dzemaili (Genoa), de origen croata y macedonio respectivamente, el finés de origen kosovar Hetemaj (Chievo) o el griego nacido en Tirana Panagiotis Kone (Udinese).

La llegada de futbolistas del otro lado del Adriático está en su máximo apogeo y suponen un producto más exportable que los omnipresentes brasileños y argentinos en Italia. Los clubes siguen y seguirán poniendo sus miras en la península balcánica para captar a los siguientes en llegar al Calcio gracias a la tradicional calidad de la escuela yugoslava y a la menor indolencia y mayor profesionalidad, tan habitualmente achacable, que su fútbol ha venido desarrollando desde los precursores de los años noventa. No en vano, balcánicos como Dzeko, Jovetic, Mandzukic o Kalinic con sus goles o como Pjanic, Ilicic con su creatividad, son futbolistas destinados a tener una enorme incidencia en la conquista del Scudetto, sin olvidarnos, por ejemplo, de los Kurtic, Birsa, Brcic o Jajalo que serán tan decisivos como los anteriores en la lucha por mantener la categoría. Así de ubicuo e influyente es el poder balcánico en la Serie A, el campeonato más yugoslavo desde la desaparición de la propia Yugoslavia.

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