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Prueba superada para Pizzi

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Juan Antonio Pizzi no podría haber elegido una manera más difícil y aterradora de partir su trabajo como nuevo entrenador de la Selección Chilena, reemplazando al DT más exitoso de la historia de La Roja, comenzando inmediatamente por los puntos en clasificatorias mundialistas, con cuatro titulares menos y más encima frente a Argentina. Pero el examen fue superado, ampliamente. Él mismo había dicho que, con apenas tres días de trabajo y conviviendo por primera vez con los jugadores, no se iba a arriesgar a cambiar mucho las cosas y así se vio.

Lo mejor de todo fue que, a pesar de las ausencias de Vidal, Valdivia, Vargas y Aránguiz, Chile salió a jugar mejor que Argentina, hasta que las lesiones de Matías Fernández y Marcelo Díaz dejaron al equipo en apenas 20 minutos de partido con un esquema de emergencia sobre lo que ya estaba parchado. Fue sólo en el momento en el que La Roja estuvo con diez hombres, esperando el reemplazo de Díaz, que Argentina aprovechó y marcó, definiendo el partido.

Me gustó ver las variantes que Pizzi pudo manejar ante tanto infortunio: Si el medio ya estaba rearmado con Díaz, Gutiérrez y Matías, ante la lesión de este último ingresó Francisco Silva para acompañar al jugador del Celta y dejar más suelto en creación a Felipe Gutiérrez. Incluso hasta ahí, todo siguió funcionando bien. De hecho Gato Silva se convirtió en la figura del partido junto a Pipe Gutiérrez (ambos bien conocidos de Pizzi en su etapa como campeón en la UC). Lo de Marcelo Díaz fue más complicado porque no hay nadie como él. Es el eje, el rotor, el balance del equipo y cuando salió para ser atendido, pasó un rato, que se nos hizo eterno, en el que no sabíamos si Pizzi pondría a un central para mandar a Gary Medel al medio o si pondría a Mauricio Pinilla directamente, dejando otra vez a Pipe en el quite junto a Silva y a Alexis más enganchado. Pero al final se la jugó por Bryan Rabello, el volante del Santos Laguna de México, a quien el DT pudo ver de cerca mientras entrenaba a León. Para nosotros era un misterio. No tenemos facilidad para seguir partido a partido la liga mexicana, aunque la decisión de ponerlo parecía en ese momento la menos arriesgada y la más práctica para conservar el balón e ir hacia adelante de manera sin mayor desarme. Al final la apuesta no resultó, Rabello fue invisible en la cancha. Peor aún, en la demora del cambio Argentina marcó el 2-1.

 

Si hay algo bueno que tiene Pizzi, es que es práctico y humilde para admitir en pleno partido que puede haberse equivocado. Como vio que la apuesta de Rabello simplemente no aportó nada, lo sustituyó en el último cambio disponible por Pinilla con quien sí vimos una diferencia notoria y positiva. Chile estuvo muy cerca de empatar y muchos pensamos que si ese hubiera sido el cambio en vez de Rabello, la historia hubiera sido distinta. Ahí supimos que, frente a las seis ausencias con Venezuela y el regreso de Arturo Vidal tras la suspensión, ese era el equipo que tenía que salir a jugar en La Carolina.

Por un lado recuperamos a Arturo Vidal, pero tanto Díaz como Fernández se lesionaron de seriedad y el capitán Claudio Bravo quedó suspendido por tarjetas amarillas luego de una infracción a Romero casi en el último minuto cuando subió a cabecear un córner. Algunos colegas insinuaron o dijeron abiertamente que Bravo había provocado de forma intencional esa amarilla y la suspensión para irse antes a España por el Superclásico y por el inminente nacimiento de su hija. En mi caso, realmente no podría hilar tan fino para atribuirle una intención así a un deportista íntegro como Bravo. Para mí el asunto fue tan simple como que si él no cortaba el saque de Romero en ese momento, la pelota salía a tres cuartos cancha propio con él apenas saliendo del área contraria y sin posibilidad alguna de volver al arco antes de que Argentina pudiera transformar ese saque en gol a arco descubierto. Y si Bravo no hubiera cometido esa infracción, la hubiera cometido Gary o Jara o cualquier otro compañero en su  zona, a modo táctico, aún con más riesgo de fallar o incluso de ser expulsado. En un momento tan crítico no se planifica una infracción y menos para sacar partido personal. Bravo simplemente hizo lo que pensó que era mejor para evitar otro gol en su arco y la apuesta le resultó para el bien inmediato del equipo, aunque se puso en la línea de fuego y le costó la suspensión. Estoy segura que el capitán no estaba pensando en eso como ganancia propia. Bajo ningún punto de vista.

Ya en Venezuela, la urgencia era ganar como fuera y se logró con honores, remontando un 0-1 (responsabilidad de Johnny Herrera), acumulando goles a favor y recuperando a Arturo Vidal como el mejor de la cancha junto a Alexis Sánchez. Era lo que se esperaba, del equipo y de Pizzi.

 

La ansiedad de la incertidumbre se convirtió en el alivio de saber que Chile sigue siendo Chile y que incluso con tantas ausencias -la mitad del equipo titular, si lo piensan bien- el nuevo técnico supo aprovechar todo lo que tenía en segunda línea y sacar lo mejor de la experiencia, con aprendizajes rápidos y resultados visibles. Incluso, haciendo lucir mucho más, por ejemplo, a hombres como Orellana y Pinilla que con Sampaoli nunca tuvieron mucha oportunidad y nunca fueron realmente determinantes. Más meritorio aún es que Pizzi mostró toda esta flexibilidad y apertura bajo una presión extraordinaria.

A pesar de la derrota con Argentina, los tres puntos del 4-1 versus Venezuela dejaron a La Roja en el cuarto lugar de la tabla, en puesto de clasificación directa con diez puntos luego de seis partidos jugados.

Las clasificatorias sudamericanas son las más difíciles del mundo, pero con lo mostrado en estos dos partidos me quedo tranquila, sobretodo pensando en el regreso del equipo completo, con todos los titulares. Por ahora, las cúpulas de la Catedral de San Basilio siguen ahí, bien visibles, al final del camino.

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