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Pete Maravich, el ángel caído

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Con Pete Maravich el baloncesto encontró su propia postmodernidad. Nunca la buscó, también es cierto, pero apareció. Aquel muchacho de aspecto hippie, con una generosa melena que se regía por su propia física y un manejo del balón que anunciaba un desparpajo impropio de su época. Con la misma sutileza con la que amagaba el pase y soltaba el balón en dirección contraria, Pete Maravich dribló a la oscura época de los 70’ para infundir su luz sobre toda la galaxia baloncestística.

Los orígenes del mago los encontramos en Aliquippa, una diminuta localidad que forma parte de Pennsylvania. De sangre yugoslava, su padre, Press, se encontró con el baloncesto casi sin quererlo, gracias a una cancha que se encontraba en los aledaños de la Iglesia del pueblo. La única forma de subsistir en aquellos tiempos en Aliquippa era entregar tus pulmones y tu sufrimiento a la minería, en concreto, la del acero. Descendiente de Sara y Vajo, Press pasó a ser el hijo único de aquella familia marcada por la tragedia. El primogénito, Milan, falleció a la edad de siete años en 1909. Las gemelas, Marija y Marta, murieron un año más tarde a los seis meses de existencia. Por último, el pequeño Velamir pereció cinco días después de nacer, habiendo pasado sólo tres años desde el adiós de las gemelas. Así pues, Press quedaba como último descendiente del matrimonio cuando llegó al mundo el 6 de septiembre de 1914.

El padre de Press murió en un accidente de tren en 1918. Su madre, Sara, se volvió a casar años más tarde con Djuro Kosanovich, con quien tuvo dos hijos: Sam y Marko. Djuro nunca aceptó a Press como un hijo, lo que distanció a ambos desde el primer momento. Press se aferró a un deporte que estaba naciendo, el baloncesto, como remedio a sus penas. El talento lo tenía y, cuando le sumó una perseverancia espartana, sus esfuerzos se vieron recompensados. Una beca para la Universidad Davis and Elkins, en Virginia, donde Press acumuló un sinfín de grandes dígitos y se granjeó varias estancias por la NBL y la BAA, antecedentes de la NBA. El padre del mito abandonó su vida como jugador para obtener el merecido reconocimiento desde los banquillos, donde cinceló la mayor de sus obras, su hijo Pete.

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Pete, que nació el 22 de junio de 1947, respiró baloncesto junto a su padre desde sus primeros pasos. Cuando Press cogió las riendas de un pequeño equipo del sur de Carolina, Pete aprovechaba los partidos que el equipo de su padre jugaba como visitante para quedarse entrenando hasta el anochecer. Un entrenamiento metódico, disciplinado y autodidacta mediante el cual consiguió unas habilidades casi inexistentes en el baloncesto de su época. A pesar de entrar a formar parte de la plantilla del Daniel High School, la obsesión del joven Pete por el baloncesto continuó en sesiones nocturnas de bote a oscuras, todo con el objetivo final de pulir su técnica hasta ser el mejor.

Mientras su padre iba ganando prestigio en los banquillos, hasta llegar a entrenar en la Universidad de North Carolina State, Pete continuó maravillando en el Broughton High School, donde descuidó sus estudios, vicio que encontró el beneplácito de su padre, que respaldó su carrera por encima de sus conocimientos. Pistol, apodo que se ganó gracias a su manera de sacar el balón desde sus caderas cuando se disponía a lanzar, simulando desenfundar un revólver, tuvo que renunciar a una beca en West Virginia porque su padre encontró trabajo en el banquillo de la Universidad de Lousiana State, obligando a su hijo a acompañarlo en el viaje (como jugador, se entiende), renunciando a jugar en una cancha de más prestigio. Su edad le obligó a pasar un primer año fuera del primer equipo de Lousiana, pero le sirvió para maravillar a todo un estado. Con partidos que sobrepasaban los 40 puntos en innumerables ocasiones y un récord de victorias/derrotas casi perfecto, Pete ya estaba preparado para deslumbrar con los Tigers.

No pueden imaginar lo que hizo Maravich en Louisiana. Nadie, ni el mejor de todos los tiempos o cualquier otro nombre que le pueda a usted pasar por la cabeza pudo igualar los registros de Pete. Un ser superior. Sus medias de puntos en cada uno de los tres cursos universitarios superaron los 40 tantos, siendo distinguido con todo tipo de galardones individuales (logró ser el máximo anotador histórico del baloncesto universitario superando a Oscar Robertson) y recibiendo los elogios de todo un país. Desde Nixon a cada hotel donde los Tigers se alojaban, la gente se deshacía a su paso, era el juguete nuevo y reluciente de América.

Pete ‘Pistol’ Maravich en su época como jugador de Atlanta Hawks | Getty

Pero el melenudo se hizo mayor, y llegó el momento de dar el paso hacia la NBA. Los Atlanta Hawks lo eligieron como número tres del Draft de 1970, y el astro puso rumbo a Georgia. La cosa no funcionó como los dueños esperaban. Fue una combinación de varios factores. Los celos por el contrato astronómico del imberbe fueron importantes, nunca se adaptó ni tuvo una relación idílica con sus compañeros y, lo más importante, el equipo jamás rindió bien, calibrando su máxima hazaña en jugar los playoffs. En 1974, los Hawks decidieron darle boleto y puso rumbo en dirección a Nueva Orleans, lugar donde una recién nacida franquicia estaba deseosa de contar con una estrella de semejante calibre para empezar a coger sitio entre la constelación de estrellas de la mejor liga del mundo.

Con todo preparado para una nueva y excitante etapa, Helen, madre del muchacho, se suicidó en octubre de 1974, dejando así a Pete en una vorágine de alcohol y depresión. Pero, como lo único que es cierto e indiscutible en esta vida es que el sol sale cada mañana, Pete decidió pasar página la temporada siguiente, volviendo a sus saludables hábitos de antaño y a su mágico baloncesto. Pese a todo, la franquicia vivía encallada en los últimos puestos de la Liga, lejos del sueño eterno de Pete, el anillo.

En la cima de su carrera, convertido en un acontecimiento único en el baloncesto, Pete se dispuso a llevar a los Jazz varios peldaños por encima. Fueron años de calidad en lo individual, cosechando hitos, como los 68 puntos que le hizo a los Knicks o cada una de las jugadas que inventaba, más propias de la magia literaria que de un deporte aún demasiado rudimentario. A pesar de haber abrazado por completo la vida vegetariana, Pistol seguía obsesionado con la vida extraterrestre. Sin embargo, una lesión de rodilla en un partido contra los Buffalo Braves cercenó su carrera de manera cruel. Un pase de fantasía, propio de su ADN, provocó una mala postura que a la postre llevó a Pete a la tragedia.

Volvió a jugar con los Jazz, pero su luz ya no era sino una bombilla intermitente, capaz de alumbrar un pabellón entero durante minutos y resignada a apagarse durante mucho tiempo. Cuando la franquicia viajó de Nueva Orleans a Utah, Pete empezó a buscar una salida que ya estaba dibujada en los dirigentes de los Jazz, quienes habían perdido la fe en Pete. 76ers y Celtics se pelearon por hacerse con sus servicios. Con las camisetas impresas con el nombre de Pete en los 76ers, Maravich aterrizó en Boston. Auerbach rules.

Todo fue en vano, la última intentona fue aplacada por los dominantes 76ers en los playoffs en la 79/80. De nuevo, el carácter de Pete provocó el rechazo de la plantilla y hasta del cuerpo técnico, enamorado del rookie, Larry Bird. Su deseo de no continuar se hizo oficial y Pete dejó el baloncesto para dedicarse a sus hijos, Jaeson y Josh, y a su esposa Jackie. La amargura no le abandonó, pues los Celtics, donde tenía asegurada la continuidad hasta que él decidió marcharse, ganaron el anillo la temporada siguiente.

Su particular martes negro se alargó durante un par de años, donde no veía la luz al final del camino y ni su vida familiar ni el reconocimiento público le hizo alcanzar la felicidad plena que añoraba en sueños. La idea del suicidio llegó a pasarle por la cabeza como un tren que descarrila y arrasa con todo a su paso, pero consiguió ponerle remedio antes de llegar a poner en práctica la tragedia en su máxima expresión. Dio un giro de 180 grados a su vida, y volvió a estar en contacto con el baloncesto mediante campus e historias siempre relacionadas con el deporte.

Press falleció de un cáncer de próstata que se extendió por sus huesos consecuencia, entre otras cosas, de una dejadez médica infundada por Pete, quien creía que la medicina tradicional salvaría a su padre. Luchó con todo lo que tenía a su alcance, incluido un viaje relámpago a Hanover para recibir un tratamiento experimental. Pistol cuidó de su padre hasta que murió el 15 de abril de 1987 en el Hospital Highland Park de Covington. El vacío por la ausencia de Press jamás le abandonó, hasta el punto de comenzar a desmejorar su físico hasta cotas terroríficas. El 5 de enero de 1988, su corazón dejó de funcionar en medio de un partido amistoso que organizó James Dobson, fundador de Focus on the Family, fanático del baloncesto que jugaba varias veces a la semana partidos amistosos en la Primera Iglesia de los Nazarenos de Pasadena (California). 

El cuerpo de Pete se desplomó sobre el parqué y su boca empezó a expulsar espuma. No pudieron hacer nada por él. Pete Maravich dejaba este mundo para ocupar su butaca en la eternidad baloncestística. La autopsia reveló que Pete padecía una disfunción congénita en su corazón, carecía de uno de los dos sistemas arteriales que suministra oxígeno al mismo. Para los cardiólogos esto resultó un milagro, ya que las personas con estos trastornos no solía vivir más de 20 años, no hablemos de haber tenido una carrera deportiva de élite. Con él nació una raza diferente de jugadores, la de unos magos que, lejos de buscar la gloria personal, deleitaron al público con sus diabluras desconocidas y pusieron el poso sobre el que el show time edificó su grandeza. Nadie entendió jamás a Pete, ni siquiera él mismo se molestó en entenderse.

No lloraremos por ti, Pistol. Sólo el olvido mata de verdad.

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