Real Madrid

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Pepe, padre putativo del Real Madrid

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Suenan tambores de guerra, el General avanza con paso firme por delante de sus tropas con la mirada puesta en el horizonte. Uno por uno, los combatientes de la primera fila clavan su escudo sobre la tierra mojada, quizás no vuelvan a presenciar la llegada del alba, pero desenvainan sus espadas en señal de juramento y fidelidad sobre el escudo que defienden. Hay miedo, demasiado. De nuevo en la brecha amigos míos parece decirles irónicamente aquel hombre. Suenan murmullos, parece que el bosque habla, el viento penetra a un ritmo furibundo, indescifrable pero misterioso. Acto reflejo a esta suma de circunstancias, los soldados retroceden un paso, el miedo no les deja avanzar, los aullidos y  un aroma vecino a la derrota les impide mantenerse en sus posiciones. Uno de ellos da un paso adelante, aplasta sin arrepentimiento el miedo y lo sucumbe bajo las profundas raíces terrenales. El viento deja de soplar, únicamente se ha escuchado la pisada sobre tierra mojada y un silencio compañero que perpetua entre todos. Con la mirada al frente, el hombre oculta su rostro bajo su embestidura mientras se mantiene firme y decidido. Ese es Pepe, el primer guerrero.

A sus 32 años, muchos han querido retirarlo antes de hora, saben que no es nada productivo para sus competidores. Catalogado por agresivo que no asesino, llega a aburrirte. Su presencia asusta. Lo hace a mí, la mar de relajado sentado en el sofá fuera de las pantallas, imagínate al que osa despertarle. Corren los minutos de la locura por La Castellana, el toma y daca de cada partido, con el paso del tiempo el Madrid va cogiendo forma, se siente cómodo y cada segundo que pasa va afilando los dientes. En una de las múltiples pérdidas en fase ofensiva, el equipo rival recupera y el extremo rival avanza con una velocidad in crescendo por una de las bandas, en el Bernabeú comienza el murmullo, Carvajal o Marcelo se han quedado descolgados arriba, la media ha sido superada con suma facilidad y es casi superior la suma de atacantes que de defensores.

Entonces, ves a Pepe como si le fuera la vida en esa carrera. Con la lengua fuera que no por cansancio y sí por saciedad. Como cuando el león persigue al galope. El galope es el balón y Pepe, el león. De tantas etiquetas que se le han puesto sobre su cabeza, me entra el gusanillo por el cuerpo, rezo en voz baja y balbuceo un “Por favor Pepe, contrólate”…a medida que se acerca, voy cerrando los ojos, como cuando se avecina el golpe…me imagino lo peor, de que vaya a romperle los dientes o en breves instantes la camilla este presente sobre el césped, pero no. Pepe llega, obstruye, barre, limpia y aspira…finalmente recupera y sale con la pelota jugada. Así, por partido suele hacerlo las veces que hagan falta, dos tres mínimo y es ahí cuando el Bernabéu rompe en aplausos y en ovación hacia el agresivo. Su entrenador en juveniles sonríe, Pepinho sonaba a chiste viéndolo jugar. Yo, abro los ojos y suspiro, también sonrío pero es una risa pasada la tempestad que me produce calma y pienso, ha sido un mal sueño.

“Yo encaro una jugada como si fuera decisiva en el partido. Hay dos personas: un central y un delantero. Si yo voy blando, el delantero tiene ventaja sobre el central. Entonces, cuando voy a un partido, voy para ganar el balón porque si el delantero pasa, sólo tiene ya al portero. Pongo siempre mi integridad física a favor de mi equipo y el míster muchas veces me decía: “Pepe, tú con la calidad que tienes, en algunos lances del partido tienes que anticipar lo que va a suceder, porque eres rápido, fuerte, saltas bien… Tienes cualidades. Lo que tienes que hacer es salir al campo centrado en lo que vas a hacer, lo que hagan los demás no te interesa- Pepe en el Partido de las 12.”

Te lo acabas creyendo todo, Pepe no es agresivo, más bien productivo, guerrero, fiel y creyente a sus ideales, a su escudo, a su club. Su aspecto puede asustar pero ni te digo Puyol catalogado como tiburón o Ramos todo un hombre de la selva pero Pepe no, Pepe no puede ser león. Al final todo ha sido una manipulación de la prensa. Pepe ya no figura entre los 250 jugadores que más tarjetas rojas ni amarillas han recibido en la liga española, -solo acumula dos tarjetas amarillas en la presenta campaña- pese a que lleva ocho temporadas disputando la gran mayoría de los partidos. En estos ocho años (2008-2014) ha recibido tres tarjetas rojas, la última de ellas en 2011 y nunca ha lesionado a ningún rival.

“El equipo con Pepe juega más alto, el equipo con Pepe no tiene miedo de dejar espacios, presiona más y lo hace más arriba, recupera balones más rapido y es más peligroso en atanque. Es cierto que es un defensa central, pero su juego tiene muchas consecuencias. Otros jugadores lo están haciendo muy bien, estoy satisfecho con la gente que juega atrás, pero Pepe cambia mucho el modo de jugar del equipo” Mourinho en 2011 vía: Guillermo Valverde de Marcador Internacional.

 

 

El Padre putativo de este Real Madrid. Actúa y luego enseña. Repite la acción las veces que haga falta. Es el primero en dar el paso al frente. Durante los primeros compases es el primero que mete el pie, el que recoge y siembra. Pepe pone la calma. Es como esos palos largos y flácidos que detectan bombas o metales en kilómetros a la redonda en el caluroso desierto. Detecta los puntos débiles del rival, rastrea la zona y siempre acaba sacango algo de provecho. Con un 70% de acierto en los duelos cuerpo a cuerpo y un 60% en los balones aeréos, ganarle la partida al portugués se antoja complicado. Con el paso de los años desde su llegada a la casa blanca, el exceso de ímpetu se ha ido disminuyendo convirtiéndolo en mejor jugador. Un central que intercambió décimas de velocidad por segundos de reflexión como dijo David León algún día. En su octava temporada en la casa blanca, y superada de una vez por todas, aquella crisis que tanto afectó al Real Madrid con el tema de los centrales. Mantenerlo es vital y su próxima renovación es casi un hecho. Varane deberá esperar, al menos por algún tiempo y aquella prensa deseosa de su retirada, también. Mientras tanto el Madrid juega 30 metros más arriba que de normal sin que se note, roba más rápido, las transiciones ofensivas son de vértigo y mis suspiros por partido cada vez son menores. Pepe es una realidad y una garantía por muchos años. Benditos 30 millones.

 

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